detenidamente el trazado a sus pies y reconocio la configuracion de las varias figuras celestes que Bankim les habia explicado en el St. Patricks.
– Seth tendria que ver esto… -susurro Ben. En el extremo de la sala, mas alla de aquella alfombra de estrellas que representaba el universo conocido, una escalera de cara-col ascendia en espiral al segundo piso de la casa.
Antes de que pudiera advertirlo, la llama del fosforo le quemo los dedos a Ben y los tres muchachos quedaron de nuevo en la oscuridad absoluta. Los caminos de constelaciones a sus pies, sin embargo, seguian brillando como el firmamento nocturno.
– Es increible -murmuro Ian para si mismo.
– Espera a ver el piso de arriba -replico la voz de Sheere a unos metros de el.
Ben encendio una nueva cerilla y los dos amigos comprobaron que la muchacha ya les esperaba junto a la escalera en espiral. Sin mediar palabra, Ben e Ian la siguieron.
La escalera de caracol se izaba en el centro de un conducto que parecia formar una linterna similar a las que habian estudiado en grabados de ciertos castillos franceses, construidos a orillas del rio Loira. Alzando la vista, los muchachos podian experimentar la sensacion de encontrarse en el interior de un gran caleidoscopio, coronado por un roseton catedralicio de cristales multicolores que transformaba la luz de la Luna y la descomponia en cientos de haces azules, escarlatas, amarillos, verdes y ambar.
Al llegar al primer piso, comprobaron que las agujas de luz que emergian de la corona de la linterna proyectaban dibujos y figuras cambiantes, que recorrian lentamente las paredes de la sala como imagenes de un primitivo cinematografo espectral.
– Mirad eso -dijo Ben senalando una gran superficie que se extendia a una altura de un metro sobre el suelo y ocupaba un rectangulo de casi cuarenta metros cuadrados.
Los tres se acercaron hasta ella y descubrieron lo que parecia ser una inmensa maqueta de Calcuta, reproducida con un grado de detalle y realismo que, al contemplarla de cerca, producia la ilusion de estar sobrevolando la verdadera ciudad. Pudieron reconocer el trazado del Hooghly, el Maidan, Fort William, la ciudad blanca, el templo de Kali al Sur de Calcuta, la ciudad negra e incluso los bazares. Sheere, Ian y Ben contempla-ron maravillados aquella extraordinaria miniatura durante un largo espacio de tiempo, cautivados por la belleza y el encantamiento que producia su observacion.
– Ahi esta la casa -senalo Ben. Todos se unieron a el y comprobaron que en el corazon de la ciudad negra se alzaba una fiel reproduccion de la casa en la que se encontraban. Las luces multicolores de la linterna barrian las calles de aquella miniatura como haces caidos del cielo a cuyo paso se revelaban los secretos ocultos de Calcuta.
– ?Que es lo que hay detras de la casa? -pregunto Sheere.
– Parece una via de tren -apunto Ian. -
Lo es -confirmo Ben, siguiendo su trazado hasta que su mirada descubrio la silueta angulosa y majestuosa de la estacion de Jheeter’s Gate, tras un puente de metal que cruzaba el Hooghly.
– Esa via lleva hasta a la estacion del incendio -dijo Ben-. Es una via muerta.
– Hay un tren parado en el puente -observo Sheere.
Ben rodeo la maqueta para aproximarse hasta la reproduccion del ferrocarril y lo examino detenidamente. Un incomodo cosquilleo le recorrio la espalda. Reconocia aquel tren. Lo habia visto la noche anterior, aunque el lo habia tomado por una pesadilla. Sheere se acerco a el en silencio y Ben advirtio que habia lagrimas en sus ojos.
– Esta es la casa de nuestro padre, Ben -murmuro Sheere-. La construyo para no-sotros, para que fuera nuestra.
Ben rodeo a Sheere con sus brazos y la apreto contra si. Ian le observaba desde el otro extremo de la sala y desvio la mirada. Ben acaricio el rostro de Sheere y la beso en la frente.
– De ahora en adelante -dijo-, siempre sera nuestra casa.
En aquel momento el pequeno tren detenido sobre el puente encendio sus luces y, lentamente, sus ruedas empezaron a girar sobre los railes.
Mientras Mr. De Rozio consagraba en silencio sepulcral todos sus poderes de analisis y su astucia de zorro documentalista a los informes del Juicio que el coronel Hewelyn habia puesto tanto empeno en sepultar, Seth y Michael hacian lo propio con una extrana carpeta que contenia planos y numerosas anotaciones a mano del propio Chandra. Seth la habia encontrado en el fondo de una de las cajas que contenian los efectos del ingeniero. Tras su desaparicion, en vista de que ningun familiar o institucion los habia reclamado y atendiendo a la relevancia publica del personaje, habian ido a perderse en el limbo de los archivos del museo, cuya biblioteca estaba compartida en consorcio con diversas insti-tuciones cientificas y academicas de Calcuta, entre ellas el Instituto de Ingenieria Superior, del que Chandra Chatterghee habia sido uno de los mas ilustres y controvertidos miem-bros. La carpeta estaba encuadernada con sencillez y respondia a una unica leyenda cali-grafiada en tinta azul sobre la portada: El Pajaro de Fuego.
Seth y Michael habian obviado el hallazgo para no distraer al orondo bibliotecario de la tarea que acaparaba sus talentos y para la cual su pericia de viejo diablo archivador era insustituible. Con tal espiritu, se habian retirado al otro extremo de la sala se habian entre-gado al analisis de los documentos en silencio.
– Estos dibujos son formidables -susurro Michael, admirando el trazo del ingeniero en diversos grabados que mostraban objetos mecanicos cuya funcion concreta le resultaba arcana e insondable.
– Estemos por lo que tenemos que estar -reprendio Seth-. ?Que dice del Pajaro de Fuego?
– Las ciencias no son mi fuerte -empezo Michael-, pero que me maten si todo esto no es el despiece de una gran maquinaria incendiaria.
Seth observo los planos sin comprender un apice de lo que significaban. Michael se anticipo a sus cuestiones.
– Esto es un tanque de aceite o algun tipo de combustible -senalo Michael sobre los planos-. A el esta unido este mecanismo de succion. No es mas que una bomba de ali-mentacion, como la de un pozo. La bomba suministra el combustible para mantener este circulo de llamas. Una especie de piloto de fuego.
– Pero esas llamas no deben de medir mas que unos centimetros -objeto Seth-. No veo el poder incendiario por ningun sitio.
– Observa esta conduccion. Seth vio a lo que se referia su amigo: una especie de tu-beria similar al canon de un fusil.
– Las llamas afloran en el perimetro de la boca del canon.
– ?Y?
Mira este otro extremo -dijo Michael-. Es un tanque, un tanque de oxigeno.
– Quimica elemental -murmuro Seth, atando cabos.
– Imaginate lo que sucederia si ese oxigeno saliese escupido a presion por el conduc-to y atravesara el circulo de llamas -sugirio Michael.
– Un canon de fuego -corroboro Seth. Michael cerro la carpeta y miro a su amigo. -?Que clase de secreto tenia que ocultar Chandra para disenar un juguete asi para un carnicero como Hewelyn? Es como regalarle un cargamento de polvora al emperador Neron…
– Eso es lo que tenemos que averiguar -dijo Seth-. Y pronto.
Sheere, Ben e Ian siguieron el recorrido del tren a traves de la maqueta en silencio hasta que la pequena locomotora se detuvo justo tras la miniatura que reproducia la casa del ingeniero. Las luces se extinguieron lentamente y los tres amigos permanecieron inmoviles y expectantes.
– ?Como demonios se mueve este tren? -pregunto Ben-. Tiene que sacar la ener-gia de algun sitio. ?Existe algun generador de electricidad en esta casa, Sheere?
– No que yo sepa -repuso su hermana.
– Tiene que haberlo -afirmo Ian-. Busquemoslo.
Ben nego en silencio. -No es eso lo que me preocupa -dijo Ben-. Suponiendo que lo haya, no conozco ningun generador que se conecte solo. Y mas despues de anos de inactividad.
– Tal vez esta maqueta funcione con otro tipo de mecanismo -sugirio Sheere sin demasiada conviccion.
– Tal vez haya alguien mas en la casa -repuso Ben.