cosa de unas horas. Mister Taylor fijaria la cantidad, ella la pagaria y devolverian a Flush.
Amanecio el 2 de septiembre en los
Toda aquella vida, con sus emociones, se alejaba vaporosa, disolviendose en lo irreal.
Aqui, al filtrarse la polvorienta luz matinal, se levanto una mujer de su yacija – a duras penas – y, tambaleandose, llego a donde estaba la cerveza. Volvieron a empezar las borracheras y las maldiciones. Una mujer gorda lo levanto por las orejas y le pellizco en las costillas, y alguien se permitio hacer a proposito de el un chiste odioso… Resono un tronar de carcajadas cuando la mujer lo dejo caer al suelo. La puerta la abrian a patadas y la cerraban con un ruido ensordecedor. Cada vez que ocurria esto, miraba Flush hacia alla. ?Era Wilson? ?Seria posible que fuera mister Browning? ?O acaso, miss Barrett? No, no… Solo era otro ladron, otro asesino. Se encogia por la sola presencia de aquellas faldas enlodadas, de aquellas botas bastas y corneas. Trato de roer un hueso que le cayo cerca. Pero sus dientes no podian hacer presa en una carne tan petrea y el olor podrido de esta le repugnaba. Aumento su sed y se vio precisado a tomar un sorbito del cubo. Pero transcurria el miercoles, y a cada momento sentiase Flush mas abrasado por aquel ambiente, y mas mareado, tendido en unas tablas rotas y sintiendo que se le fundian unas cosas con otras. Apenas si percibia lo que estaba sucediendo. Solo levantaba la cabeza y miraba cuando abrian la puerta. No, no era miss Barrett.
Miss Barrett, en su sofa de Wimpole Street, se impacientaba ya. Algo fallaba en las negociaciones. Taylor habia prometido ir a Whitechapel el miercoles por la tarde para conferenciar con su «Sociedad». Sin embargo, paso la tarde del miercoles y Taylor no aparecio. Esto solo significaba, supuso miss Barrett, que iban a subir el precio, lo cual no dejaba de ser un fastidio en sus circunstancias. Aun asi, claro, habia de pagarlo. «Tengo que rescatar a mi Flush por todos los medios, ya lo sabes», escribio a mister Browning. «No puedo exponerme a que me lo hagan picadillo regateandoles…» De modo que miss Barrett seguia reclinada en el sofa escribiendo a mister Browning y esperando que llamaran a la puerta. Pero subio Wilson a traer las cartas; subio otra vez Wilson a traer el agua caliente, llego la hora de acostarse, y Flush no habia venido.
Amanecio el jueves, 3 de septiembre, en Whitechapel. Se abrio la puerta y volvio a cerrarse. El
Y otra vez oscurecio en la habitacion. Pegaron la vela en un platillo, voivieron a encender en el callejon la tosca lampara… Hordas de hombres siniestros – con sacos a la espalda – y de emperejiladas mujeres de caras pintarrajeadas, entraban arrastrando los pies y se iban arrojando en los camastros y acodandose en las mesas. Otra noche habia tapado con su negrura a Whitechapel. La lluvia empezo a colarse por un agujero de la techumbre, y sus gotas tamborileaban en el cubo que habian puesto debajo para recogerla. Miss Barrett no habia ido.
Amanecio el jueves en Wimpole Street. Ni senal de Flush, ni de Taylor tampoco. Miss Barrett estaba alarmadisima. Se informo. Llamo a su hermano Henry y lo sometio a un habil interrogatorio. Resulto que la habia enganado. El «archienemigo» Taylor habia venido la noche anterior, como prometiera. Expuso sus condiciones: seis guineas para la «Sociedad» y media guinea para el. Pero Henry, en vez de decirselo a ella, se lo habia dicho a mister Barrett con el resuitado que era de esperar; mister Barrett le ordeno no pagar y ocultarle a su hermana aquella visita. Miss Barrett «se enfado muchisimo». Mando a su hermano que fuese en seguida a casa de mister Taylor y le entregase el dinero, Henry se nego a ello y «hablo de papa». Pero era inutil hablar de papa – protesto su hermana -, pues, mientras hablaban de papa matarian a Flush. Entonces miss Barrett se decidio. Si Henry no queria ir, iria ella: «…si no me hacen caso, ire yo misma manana y traere a Flush conmigo», escribio a mister Browning.
Pero miss Barrett se encontro con que era mas facil decirlo que hacerlo. Le era casi tan dificil ir por Flush como a este venir a ella. Toda la calle Wimpole estaba contra ella. Era ya del dominio publico la noticia del robo de Flush y del rescate exigido por mister Taylor. Wimpole Street estaba decidida a enfrentarse con Whitechapel. El ciego mister Boyd mando recado de que, a su juicio, seria un «pecado horrible» pagar el rescate. El matrimonio Barrett estaba en contra de su hija y eran capaces de cualquier traicion con tal de salvaguardar los intereses de su clase. Pero lo peor de todo – esto si que era terrible – fue que mister Browning puso todas sus energias, toda su elocuencia, toda su sabiduria y toda su logica de lado de Wimpole Strcet y contra Flush. Si miss Barrett cedia ante Taylor, escribio, dejaba libre el campo a la tirania, cedia a los chantajistas, favorecia con ello el predominio del mal sobre el bien, de la delincuencia sobre la inocencia. Si daba a mister Taylor lo que pedia, «?como se las compondran los pobres que no tengan dinero suficiente para rescatar a sus perros?» Inflamose su imaginacion; se figuraba lo que le diria a Taylor si este le pidiera aunque no fuese mas que cinco chelines. Le iba a decir: «
No es que censurase a miss Barrett. Pues todo cuanto esta hiciera estaria perfectamente hecho y el lo aceptaria por completo. No obstante, continuaba diciendo el viernes por la manana. «…me parece una debilidad lamentable…» Si animaba a Taylor, que robaba perros, animaba tambien a mister Barnard Gregory, que robaba reputaciones. Y como muchos desventurados se daban un tajo en el cuello o huian del pais cuando algun chantajista como Barnard Gregory tomaba una guia en sus manos y hacia estallar sus reputaciones, resultaba que miss Barrett se hacia responsable, indirectamente, de aquellas desgracias. «Pero ?que objeto tiene escribir todas estas verdades evidentes sobre la cosa mas sencilla del mundo?» Asi se irritaba y vociferaba diariamente mister Browning desde New Cross.
Tendida en su sofa, miss Barrett leia las cartas. ?Que facil habria sido dejarse convencer!… ?Que facil haber dicho: «Merecerte buena opinion vale para mi mas que cien
