Se quedo inmovil, esperando el impacto. El avion golpeo el agua con un estrepito terrorifico que se trasmitio a lo largo de su columna vertebral. El agua cubrio las ventanas. Eddie salio lanzado hacia el lado izquierdo, pero consiguio aferrarse a su asiento. El operador de radio, que estaba sentado mirando hacia adelante, se golpeo la cabeza con el microfono. Eddie penso que el avion iba a romperse en mil pedazos. Si un ala se sumergia, todo habria terminado.
Paso un segundo, y luego otro. Desde la cubierta de vuelo se oian los gritos de los aterrorizados pasajeros. El avion volvio a elevarse, saliendo en parte del agua y avanzando a rastras. Despues, se hundio de nuevo, y Eddie salio disparado contra un lado.
Sin embargo, el avion se estabilizo, y Eddie empezo a confiar en que saldrian bien librados. Las ventanas quedaron limpias y logro ver el mar. Los motores continuaban rugiendo; no se habian sumergido.
La velocidad del avion fue disminuyendo. Eddie se sintio cada vez mas a salvo, hasta que el avion se quedo quieto, mecido por las olas.
– Jesus, ha sido mas dificil de lo que creia -oyo que decia el capitan por sus auriculares, y el resto de la tripulacion estallo en carcajadas de alivio.
Eddie se levanto y miro por todas las ventanas, buscando el barco. El sol brillaba, pero diviso nubes de lluvia en el cielo. La visibilidad era buena, pero no distinguio ningun barco. Quiza la lancha se hallaba detras del clipper, para que no la vieran.
Se sento y corto los motores. El operador de radio transmitio un SOS.
– Bajare a tranquilizar a los pasajeros -dijo el capitan.
El operador de radio recibio una respuesta a su llamada, y Eddie confio en que procediera de los que venian a rescatar a Gordino.
No pudo esperar a averiguarlo. Se dirigio hacia la proa, abrio la escotilla de la cabina y bajo al compartimento de proa. La escotilla se abria hacia abajo, formando una plataforma. Eddie salio y permanecio de pie sobre ella. Tuvo que sujetarse al marco de la puerta para conservar el equilibrio. Las olas saltaban sobre los hidroestabilizadores, y algunas llegaron a mojar sus pies. El sol se ocultaba tras las nubes de vez en cuando, y soplaba una fuerte brisa. Examino con minuciosidad el casco y las alas, pero no observo el menor desperfecto. El gran aparato habia sobrevivido sin sufrir ningun dano.
Solto el ancla y escudrino el mar, buscando un barco. ?Donde estaban los compinches de Luther? ?Y si algo iba mal, y si no aparecian? Entonces, diviso por fin en la distancia una lancha motora. Su corazon desfallecio. ?Era la que esperaba? ?Iria Carol-Ann a bordo? Le preocupo la idea de que se tratara de otra embarcacion, atraida por la curiosidad, y que podia entorpecer todo el proceso.
Se acercaba a gran velocidad, cabalgando sobre las olas. Eddie, despues de soltar el ancla y comprobar los posibles danos, debia volver a su puesto en la cubierta de vuelo, pero era incapaz de moverse. Contemplaba la lancha como hipnotizado a medida que aumentaba de tamano. Era una lancha grande, con la cabina del timonel cubierta. Sabia que corria a unos veinticinco o treinta nudos, pero se le antojaba penosamente lenta. Distinguio unas cuantas figuras en la cubierta. Las conto: cuatro. Se fijo en que una era mucha mas pequena que las otras. El grupo fue configurandose como tres hombres vestidos con trajes oscuros y una mujer ataviada con una chaqueta azul. Carol-Ann tenia una chaqueta azul.
Penso que era ella, pero no estaba seguro. Tenia el pelo rubio y era menuda, como ella. Estaba algo apartada de los demas. Los cuatro se apoyaban en la barandilla y miraban en direccion al clipper. La espera resultaba insoportable. Entonces, el sol surgio de detras de una nube y la mujer levanto la mano para protegerse los ojos. El gesto pulso las fibras mas sensibles del corazon de Eddie, y supo que era su mujer.
– Carol-Ann -grito.
Una oleada de excitacion se apodero de el, y olvido por un momento los peligros a los que ambos se enfrentaban, dando rienda suelta a la alegria de verla otra vez. Agito los brazos, ebrio de dicha.
– ?Carol-Ann! -chillo-. ?Carol-Ann!
Ella no podia oirle, por supuesto, pero si podia verle. Demostro sorpresa, vacilo como si no estuviera segura de que era el y luego respondio a su saludo, primero con timidez y despues con energia.
Si podia moverse asi, significaba que se encontraba bien, y se sintio debil como un nino, lleno de alivio y gratitud. Recordo que aun faltaba mucho por hacer. Saludo por ultima vez y regreso de mala gana al interior del avion. Aparecio en la cubierta de vuelo justo cuando el capitan subia de la cubierta de pasajeros.
– ?Algun desperfecto? -pregunto.
– Ninguno, por lo que he podido comprobar.
El capitan se volvio hacia el radiotelegrafista, que le dio su informe.
– Nuestra llamada de socorro ha sido contestada por varios barcos, pero el mas proximo es un barco de recreo que se acerca por babor. Quiza pueda verlo.
El capitan se acerco a la ventana y vio la lancha. Meneo la cabeza.
– No nos sirve. Han de arrastrarnos. Intente conectar con los guardacostas.
– Los pasajeros de la lancha quieren subir a bordo -dijo el radiotelegrafista.
– Ni hablar -respondio Baker. Eddie se sintio abatido. ?Tenian que subir a bordo!-. Es demasiado peligroso - siguio el capitan-. No quiero un barco amarrado al avion. Podria danar el casco, y si intentamos trasladar a la gente con este oleaje, seguro que alguien se cae al agua. Digales que agradecemos su oferta, pero que no pueden ayudarnos.
Eddie no se esperaba esto. Disfrazo con una expresion de indiferencia su angustia. ?A la mierda los desperfectos del avion! ?La banda de Luther ha de subir a bordo! aunque lo pasarian mal sin ayuda desde el interior.
Aun con ayuda, seria una pesadilla tratar de entrar por las puertas normales. Las olas saltaban por encima de los hidroestabilizadores, y llegaban a mitad de las puertas. Nadie podia mantenerse de pie sobre los hidroestabilizadores sin sujetarse a una cuerda, y el agua entraria en el comedor mientras la puerta estuviera abierta. Esto nunca le habia pasado a Eddie, porque el clipper solia aterrizar en aguas tranquilas.
?Como subirian a bordo?
Tendrian que entrar por la escotilla de proa.
– Les he dicho que no pueden subir -informo el radiotelegrafista-, pero no parece que me hayan oido.
Eddie miro por la ventana. La lancha estaba dando vueltas alrededor del avion.
– No les haga caso -dijo el capitan.
Eddie se levanto y se dirigio a la escalerilla que descendia al compartimento de proa.
– ?A donde va? -pregunto el capitan Baker con sequedad. -Necesito verificar el ancla -respondio Eddie de forma vaga, y continuo sin esperar la respuesta.
– Es el ultimo viaje de ese tio -oyo que decia Baker. Yo lo sabia, penso, desolado.
Salio a la plataforma. La lancha se encontraba a unos diez o doce metros del morro del clipper. Vio a Carol- Ann, apoyada en la barandilla. Llevaba un vestido viejo y zapatos de tacon bajo, los que utilizaba para estar por casa. Se habia echado su mejor chaqueta sobre los hombros cuando la secuestraron. Ya podia distinguir su rostro. Parecia palida y agotada. Una rabia sorda bullo en el interior de Eddie. Me las pagaran, penso.
Alzo el cabrestante plegable, gesticulo en direccion a la lancha, senalando el cabrestante y fingiendo que lanzaba una cuerda. Tuvo que repetirlo varias veces antes de que los hombres de la lancha le entendieran. Adivino que no eran marineros experimentados. Parecian fuera de lugar en la embarcacion, con sus trajes de chaqueta cruzada y sujetandose los sombreros de fieltro para que el viento no se los arrebatara. El tipo que manejaba el timon, tal vez el patron de la lancha, estaba ocupado en sus controles, intentando que la lancha no zozobrara. Por fin, uno de los hombres dio a entender que habia comprendido con un ademan y lanzo una cuerda.
No era muy ducho, y Eddie solo consiguio cogerla a la cuarta intentona.
La aseguro al cabrestante. Los hombres de la lancha acercaron su embarcacion al avion. La barca, que era mucho mas ligera, se balanceaba mucho mas en el oleaje. Amarrar la lancha al avion, iba a convertirse en una tarea dificil y peligrosa.
De pronto, escucho la voz de Mickey Finn detras de el.
– Eddie, ?que cono estas haciendo?
Se giro en redondo. Mickey se hallaba en el compartimento de proa, mirandole con una expresion de preocupacion en su rostro franco y cubierto de pecas.
– ?No te entrometas, Mickey! -grito Eddie-. ?Si lo haces, alguien saldra malherido, te lo advierto!
