Mickey parecia asustado.
– Muy bien, muy bien, lo que tu digas.
Retrocedio hacia la cubierta de vuelo, pensando que Eddie se habia vuelto loco, tal como demostraba su expresion.
Eddie miro hacia la lancha. Ya estaba muy cerca. Contemplo a los tres hombres. Uno era muy joven; no tendria mas de dieciocho anos. Otro era mayor, pero bajo y delgado, y un cigarrillo colgaba de la esquina de su boca. El tercero, vestido con un traje negro a rayas blancas, daba la impresion de estar al mando.
Iban a necesitar dos cuerdas para asegurar la lancha, decidio Eddie. Se llevo las manos a la boca para que actuaran como un megafono y grito:
– ?Lancen otra cuerda!
El hombre del traje a rayas cogio otra cuerda de la proa, cercana a la que ya estaban utilizando. No serviria de nada: necesitaban una en cada extremo de la lancha, a fin de formar un triangulo.
– ?No, esa no! -chillo Eddie-. ?Tirenme una cuerda desde la popa!
El hombre comprendio el mensaje.
Esta vez, Eddie se apodero de la cuerda a la primera. La introdujo en el interior del avion, atandola a un puntal.
La lancha se aproximo con mayor rapidez, gracias a que un hombre tiraba de cada cuerda. De repente, los motores enmudecieron y un hombre cubierto con un mono salio de la timonera y se encargo de la tarea. Se trataba de un marinero, sin lugar a dudas.
Eddie oyo otra voz a su espalda, procedente del compartimento de proa. Era el capitan Baker.
– ?Deakin, esta desobedeciendo una orden directa! -aullo.
Eddie no le hizo caso y rezo para que tardara unos segundos mas en intervenir. La lancha ya se encontraba lo mas cerca posible. El patron ato las cuerdas a los puntales de la cubierta, tensandolas lo suficiente para que la lancha se meciera al compas de las olas. Los gangsters deberian esperar hasta que el oleaje permitiera que la cubierta se situara al nivel de la plataforma. Despues, saltarian de una a otra. Utilizarian la cuerda que unia la popa de la lancha con el compartimento de proa para conservar el equilibrio.
– ?Deakin! -ladro Baker-. ?Vuelva aqui!
El marinero abrio una puerta practicada en la barandilla y el gangster del traje a rayas se dispuso a saltar. Eddie noto que el capitan Baker le agarraba por la chaqueta desde atras. El gangster comprendio lo que estaba pasando y deslizo su mano en el interior de la chaqueta.
La peor pesadilla de Eddie consistia en que uno de sus companeros de tripulacion decidiera comportarse como un heroe y le mataran. Ojala hubiera podido contarles que Steve Appleby iba a enviar un guardacostas, pero temia que, sin darse cuenta, alguno de ellos pusiera sobre aviso a los gangsters. Por lo tanto, debia esforzarse por controlar la situacion.
– ?Capitan, no se entrometa! -grito, volviendose hacia Baker-. ?Estos bastardos llevan pistolas!
Baker se mostro sorprendido. Miro al gangster, y luego se escabullo. Eddie se giro en redondo y vio que el hombre del traje a rayas guardaba una pistola en el bolsillo de la chaqueta. Jesus, ojala pueda impedir que empiecen a disparar sobre la gente, penso, presa del panico. Si alguien muere, sera por culpa mia.
La embarcacion se hallaba sobre la cresta de una ola, con la cubierta algo elevada sobre el nivel de la plataforma. El gangster asio la cuerda, vacilo y salto sobre la plataforma. Eddie le sujeto para que no cayera.
– ?Tu eres Eddie? -pregunto el hombre.
Eddie reconocio la voz: la habia oido por telefono. Recordo como se llamaba el nombre: Vincini. Eddie le habia insultado. Ahora lo lamento, porque necesitaba su colaboracion.
– Quiero trabajar con ustedes, Vincini -dijo-. Si quiere que no haya problemas, dejenme ayudarles.
Vincini le dirigio una dura mirada.
– Muy bien -dijo al cabo de un momento-, pero un paso en falso y esta muerto.
Su tono era energico, practico. No dio muestras de guardarle rencor. Sin duda, tenia demasiadas cosas en la cabeza para pensar en desaires anteriores.
– Entre y espere a que los demas suban.
– Muy bien -Vincini se volvio hacia la lancha-. Joe, tu eres el siguiente. Despues, el muchacho. La chica sera la ultima.
Entro en el compartimento de proa.
Eddie vio que el capitan Baker estaba subiendo por la escalerilla hacia la cubierta de vuelo. Vincini saco la pistola y dijo:
– Quieto ahi.
– Obedezcale, capitan -indico Eddie-. Estos tios no se andan con bromas.
Baker bajo y levanto las manos.
Eddie devolvio su atencion a la lancha. El tal Joe se aferraba a la barandilla de la embarcacion, con el aspecto de estar muerto de miedo.
– ?No se nadar! -chillo, con voz rasposa.
– No le hara falta -contesto Eddie, extendiendo una mano.
Joe salto, asio su mano y entro tambaleandose en el compartimento de proa.
El jovencito era el ultimo. Se mostraba mas confiado, despues de ver que los otros dos se habian trasladado al avion sin problemas.
– Yo tampoco se nadar -dijo, sonriente. Salto demasiado pronto, poso los pies en el mismo borde de la plataforma, perdio el equilibrio y cayo hacia atras. Eddie se inclino hacia adelante, sujetandose a la cuerda con la mano izquierda, y agarro al muchacho por el cinturon, tirando de el hasta depositarle sobre la plataforma.
– ?Caray, gracias! -dijo el chico, como si Eddie, en lugar de salvarle la vida, se hubiera limitado a echarle una mano.
Carol-Ann se encontraba de pie en la cubierta de la lancha, mirando hacia la plataforma con el temor reflejado en su cara. No era cobarde, pero Eddie adivino que el amago de accidente del muchacho la habia asustado.
– Haz lo mismo que ellos, carino -dijo Eddie, sonriendo-. Tu puedes hacerlo.
Ella asintio y agarro la cuerda.
Eddie espero, con el corazon en un puno. El oleaje elevo la lancha al nivel de la plataforma. Carol-Ann titubeo, perdio una oportunidad y se asusto aun mas.
– No te precipites -aconsejo Eddie, hablando con una voz serena que ocultaba sus propios temores-. Salta cuando lo creas conveniente.
La lancha volvio a mecerse. Una expresion de forzada determinacion aparecio en el rostro de Carol-Ann. Apreto los labios y fruncio el entrecejo. La lancha se alejo medio metro de la plataforma, ensanchando la separacion.
– Quiza no sea el momento… -empezo Eddie, pero ya era demasiado tarde. Carol-Ann estaba tan decidida a comportarse con valentia que ya habia saltado.
Ni siquiera llego a tocar la plataforma.
Lanzo un chillido de terror y quedo colgada de la cuerda.
Sus pies patalearon en el aire. Eddie no podia hacer nada mientras la lancha se deslizaba hacia abajo por la pendiente de la ola y Carol-Ann se alejaba de la plataforma.
– ?Cogete fuerte! -grito-. ?Ya subiras!
Estaba dispuesto a lanzarse al mar para salvarla si fuera necesario.
Pero ella se aferro con fuerza a la cuerda y el oleaje volvio a elevarla. Cuando llego al nivel de la plataforma, estiro una pierna, pero no logro tocarla. Eddie se arrodillo y extendio una mano. Casi perdio el equilibrio y cayo al agua, pero ni siquiera consiguio rozarle la pierna. El oleaje se la llevo de nuevo, y la joven chillo de desesperacion.
– ?Columpiate! -gritoEddie-. ?Columpiate de un lado a otro cuando subas!
Ella le oyo. Eddie advirtio que apretaba los dientes a causa del dolor que sentia en sus brazos, pero logro columpiarse atras y adelante mientras el oleaje elevaba la lancha. Eddie se arrodillo y alargo la mano. Carol-Ann se situo al nivel de la plataforma y se columpio con todas sus fuerzas. Eddie la agarro por el tobillo. No llevaba medias. La atrajo hacia si y se apodero del otro tobillo, pero sus pies aun no llegaban a la plataforma. La lancha cabalgo sobre la cresta de la ola y empezo a caer. Carol-Ann chillo. Eddie continuaba agarrandola por los tobillos.
