Entonces, ella solto la cuerda.

Eddie no cedio. Cuando Carol-Ann cayo, su peso le arrastro y estuvo a punto de caer al mar, pero consiguio deslizarse sobre el estomago y permanecer en la plataforma. Carol-Ann subia y bajaba, sin soltar sus manos. En esta posicion no podia elevarla, pero el mar se encargo del trabajo. La siguiente ola sumergio su cabeza, pero la alzo hacia el. Eddie solto el tobillo que atenazaba con la mano derecha y rodeo su cintura con el brazo.

La habia salvado. Descanso unos momentos.

– Ya esta, nena, te he cogido -dijo, mientras ella respiraba con dificultad y farfullaba palabras entrecortadas. Despues la izo hasta la plataforma.

La sostuvo con una mano mientras ella se ponia de pie, y luego la condujo al interior del avion.

Carol-Ann, sollozando, se derrumbo en sus brazos. Eddie apreto la cabeza chorreante contra su pecho. Tenia ganas de llorar, pero se contuvo. Los tres gangsteres y el capitan Baker le miraban expectantes, pero siguio sin hacerles caso varios segundos mas. Abrazo a Carol-Ann con fuerza cuando ella se puso a temblar.

– ?Te encuentras bien, carino? -pregunto por fin-. ?Te han hecho dano estos canallas?

Ella meneo la cabeza.

– Creo que estoy bien -balbucio, mientras sus dientes castaneteaban.

Eddie levanto la vista y miro al capitan Baker. Este les contemplo con estupor.

– Dios mio, empiezo a comprender esta…

– Basta de chachara. Hay mucho que hacer -interrumpio Vincini.

Eddie solto a Carol-Ann.

– Muy bien. Creo que antes deberiamos hablar con la tripulacion, serenarla y lograr que no se entrometa. Despues, les conducire hasta el hombre que buscan. ?De acuerdo?

– Si, pero demonos prisa.

– Siganme.

Eddie se encamino a la escalerilla y subio por ella. Salio a la cubierta de vuelo y se puso a hablar al instante, aprovechando los pocos segundos que habia sacado de ventaja a Vincini.

– Escuchad, chicos, que nadie intente hacerse el heroe, por favor, no es necesario. Espero que me comprendais. -No podia arriesgarse mas. Un momento despues, Carol-Ann, el capitan Baker y los tres malhechores surgieron por la escotilla-. Mantened todos la calma y haced lo que os digan -continuo Eddie-. No quiero disparos, no quiero que nadie resulte herido. El capitan os dira lo mismo. -Miro a Baker.

– Exactamente, muchachos. No deis motivos a estos tipos para utilizar sus armas.

Eddie miro a Vincini.

– Muy bien, adelante. Capitan, venga con nosotros para tranquilizar a los pasajeros, por favor. Despues, que Joe y Kid conduzcan a los tripulantes al compartimento numero 1.

Vincini mostro su aprobacion con un cabeceo.

– Carol Ann, ?quieres ir con la tripulacion, carino?

– Si.

Eddie se sintio mejor. Estaria lejos de las pistolas, y podria explicar a sus companeros de tripulacion por que habia ayudado a los gangsteres.

– ?Quiere esconder su pistola? -pregunto Eddie a Vincini-. Asustara a los pasajeros…

– Que te den por el culo. Vamos.

Eddie se encogio de hombros. Al menos, lo habia intentado.

Les guio hasta la cubierta de pasajeros. Muchos conversaban en voz alta, otros reian con cierta nota de histeria y una mujer sollozaba. Todos estaban sentados, y los dos mozos realizaban heroicos esfuerzos para aparentar calma y normalidad.

Eddie recorrio el avion. Vajilla y vasos rotos sembraban el suelo del comedor; de todos modos, no se habia derramado mucha comida, porque la comida casi habia terminado, y todo el mundo estaba tomando cafe. La gente se callo cuando reparo en la pistola de Vincini.

– Les pido disculpas, damas y caballeros -iba diciendo el capitan Baker, que caminaba detras de Vincini-, pero sigan sentados, mantengan la calma y todo terminara en breve plazo.

Hablaba con tal aplomo que hasta Eddie se sintio mas aliviado.

Atraveso el compartimento numero 3 y entro en el numero 4. Ollis Field y Frankie Gordino estaban sentados codo con codo. Ya esta, penso Eddie; voy a dejar en libertad a un criminal. Aparto el pensamiento, senalo a Gordino y dijo:

– Aqui tiene a su hombre.

Ollis Field se puso en pie.

– Soy el agente del FBI Tommy McArdle -dijo-. Frankie Gordino cruzo el Atlantico en un barco que llego ayer a Nueva York, y ahora esta encerrado en la carcel de Providence, Rhode Island.

– ?Por los clavos de Cristo! -estallo Eddie. Estaba atonito-. ?Un senuelo! ?He sufrido tanto por un asqueroso senuelo!

A la postre, no iba a dejar en libertad a un asesino, pero no podia sentirse contento porque temia la reaccion de los gangsters. Miro con temor a Vincini.

– Gordino nos importa un rabano -dijo Vincini-. ?Donde esta el devorador de salchichas?

Eddie le miro, sin habla. ?No querian a Gordino? ?Que significaba eso? ?Quien era el devorador de salchichas?

La voz de Tom Luther sono desde el compartimento numero 3.

– Esta aqui, Vincini. Ya le tengo.

Luther estaba en el umbral, apuntando con una pistola a la cabeza de Carl Hartmann.

Eddie no salia de su asombro. ?Por que demonios queria secuestrar a Carl Hartmann la banda de Patriarca?

– ?Por que les interesa un cientifico?

– No solo es un cientifico -dijo Luther-. Es un fisico nuclear.

– ?Son ustedes nazis?

– Oh, no -explico Vincini-. Solo hacemos un trabajo para ellos. De hecho, somos democratas. -Lanzo una ronca carcajada.

– Yo no soy democrata -replico con frialdad Luther-. Estoy orgulloso de ser miembro del Deutsch-Amerikaner Bund.

Eddie habia oido hablar del Bund; era una supuesta sociedad de amistad germano-norteamericana, pero la habian fundado los nazis.

– Estos hombres son simples mercenarios -prosiguio Luther-. Recibi un mensaje personal del propio Fuhrer, solicitando mi ayuda para capturar a un cientifico fugado y devolverle a Alemania. -Eddie comprendio que Luther estaba orgulloso de tal honor. Era el acontecimiento mas importante de su vida-. Pague a esta gente para que me ayudara. Ahora, llevare de vuelta a Alemania al profesor Hartmann, donde el Tercer Reich requiere su presencia.

Eddie miro a Hartmann. El hombre estaba muerto de miedo. Un abrumador sentimiento de culpa embargo a Eddie. Obligarian a Hartmann a regresar a la Alemania nazi, todo por culpa de Eddie.

– Raptaron a mi esposa -le dijo Eddie-. ?Que podia hacer?

La expresion de Hartmann se transformo de inmediato. -Lo comprendo -dijo-. En Alemania estamos acostumbrados a estas cosas. Te obligan a traicionar una lealtad por el bien de otra. Usted no tenia otra alternativa. No se culpe.

Que el hombre aun conservara arrestos para consolarle en un momento como este dejo estupefacto a Eddie. Miro a Ollis Field.

– ?Por que trajo un senuelo al clipper? -pregunto-. ?Queria que la banda de Patriarca secuestrara el avion?

– De ninguna manera -contesto Field-. Nos informaron que la banda quiere matar a Gordino para impedir que cante. Iban a atentar contra su vida en cuanto pusieramos pie en Estados Unidos. Esparcimos el rumor de que volaba en el clipper, pero le enviamos en barco. En estos momentos, la radio estara transmitiendo la noticia de que Gordino ha ingresado en prision, y la banda sabra que fue enganada.

– ?Por que no protegia a Carl Hartmann?

– No sabiamos que viajaba a bordo… ?Nadie nos lo dijo!

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