?Viajaba Hartmann sin ninguna proteccion, o contaba con un guardaespaldas desconocido para todo el mundo?, se pregunto Eddie.
El gangster bajito llamado Joe entro en el compartimento con su pistola en la mano derecha y una botella abierta de champan en la izquierda.
– Estan pacificos como corderitos, Vinnie -dijo-. Kid se ha quedado en el comedor, para cubrir la parte delantera del avion desde alli.
– ?Y donde esta el jodido submarino? -pregunto Vincini a Luther.
– Llegara de un momento a otro, estoy seguro -respondio Luther.
?Un submarino! ?Luther se habia citado con un submarino frente a la costa de Maine! Eddie miro por las ventanas, esperando verlo surgir de las aguas como una ballena de acero, pero solo diviso olas.
– Bien, ya hemos cumplido nuestra parte -dijo Vincini-. Denos el dinero.
Luther retrocedio hacia su asiento, sin dejar de apuntar a Hartmann, cogio un maletin y lo entrego a Vincini. Este lo abrio. Estaba repleto de fajos de billetes.
– Cien mil dolares en billetes de veinte -dijo Luther.
– Lo comprobare -replico Vincini. Guardo la pistola y se sento con el maletin sobre las rodillas.
– Tardara anos en… -empezo Luther.
– ?Cree que naci ayer? -repuso Vincini, en un tono de infinita paciencia-. Comprobare dos fajos y despues contare cuantos fajos hay. Ya lo he hecho otras veces.
Todo el mundo miro a Vincini mientras contaba el dinero, la princesa Lavinia, Lulu Bell, Mark Alder, Diana Lovesey, Ollis Field y el presunto Frankie Gordino. Joe reconocio a Lulu Bell.
– Oiga, ?no sale usted en las peliculas?
Lulu Bell desvio la vista, sin hacerle caso. Joe bebio directamente de la botella, y despues se la ofrecio a Diana Lovesey. Esta palidecio y se aparto de el.
– Estoy de acuerdo, no es tan bueno como dicen -comento Joe, y derramo champagne sobre su vestido a topos crema y rojo.
Diana lanzo un grito de angustia y rechazo las manos del hombre. La tela mojada se pego a su piel, resaltando la turgencia de sus pechos.
Eddie se sintio consternado. Incidentes como este podian degenerar en actos violentos.
– ?Basta! -dijo.
Joe no le hizo caso.
– Vaya tetas -dijo, con una sonrisa lasciva. Dejo caer la botella y aferro un pecho de Diana, apretandolo. Ella chillo.
– ?No la toques, mamarracho…! -grito Mark, forcejeando con el cinturon de seguridad.
El gangster le golpeo en la boca con la pistola, efectuando un movimiento sorprendentemente veloz. Broto sangre de los labios de Mark.
– ?Vincini, por el amor de Dios, detengale! -grito Eddie.
– Joder, si a una tia como esta no le han tocado aun las tetas a su edad, ya es hora -dijo Vincini.
Joe hundio la cara entre los pechos de Diana, que se debatia en el asiento, intentando soltarse el cinturon.
Mark se desabrocho el cinturon, pero Joe volvio a golpearle antes de que consiguiera ponerse de pie. Esta vez, la culata de su pistola le alcanzo cerca del ojo. Joe utilizo su puno derecho para hundirlo en el estomago de Mark, asestandole otro golpe en la cara con la pistola. La sangre de sus heridas cego a Mark. Varias mujeres empezaron a chillar.
Eddie ya no pudo soportarlo mas. Estaba decidido a evitar el derramamiento de sangre. Cuando Joe iba a golpear a Mark de nuevo, Eddie, jugandose la vida, agarro al gangster por detras y le retorcio los brazos.
Joe se debatio, tratando de apuntar a Eddie, pero este no aflojo la presa. Joe apreto el gatillo. El estruendo resulto ensordecedor en un espacio tan restrignido, pero la bala se estrello en el suelo.
Ya se habia disparado el primer tiro. Eddie se quedo horrorizado, temiendo perder el control de la situacion. El bano de sangre parecia inevitable.
Vincini intervino por fin.
– ?Basta, Joe! -aullo.
El hombre se inmovilizo.
Eddie le solto.
Joe le dirigio una mirada envenenada, pero no dijo nada.
– Ya podemos marcharnos -dijo Vincini-. Tenemos el dinero.
Eddie vislumbro un rayo de esperanza. Si se marchaban ahora, no se derramaria mas sangre. Idos, penso. ?Por el amor de Dios, idos!
– Llevate a la puta si quieres, Joe -siguio Vincini-. Yo tambien me la quiero tirar… Me gusta mas que la huesuda mujer del mecanico.
Se levanto.
– ?No, no! -chillo Diana.
Joe le desabrocho el cinturon de seguridad y la agarro por el pelo. Diana lucho con el. Mark se puso en pie, intentando secarse la sangre que cegaba sus ojos. Eddie cogio a Mark, conteniendole.
– ?No sea suicida! -dijo-. Todo saldra bien, se lo prometo -anadio, bajando la voz.
Deseaba decirle a Mark que un guardacostas de la Marina estadounidense interceptaria a la lancha de la banda antes de que tuvieran tiempo de hacerle algo a Diana, pero tenia miedo de que Vincini le escuchara.
– O vienes con nosotros o le meto una bala a tu amiguito entre ceja y ceja -dijo Vincini a Diana, apuntando a Mark.
Diana se quedo quieta y empezo a llorar.
– Yo ire con ustedes, Vincini -dijo Luther-. Mi submarino no ha conseguido llegar.
– Ya lo sabia -replico Vincini-. Es imposible acercarse tanto a Estados Unidos.
Vincini no sabia nada acerca de submarinos. Eddie sabia por que el submarino no habia hecho acto de aparicion. El comandante habia visto el guardacostas de Steve Appleby, patrullando el canal… No debia estar muy lejos, escuchando la radio del guardacostas, confiando en que la lancha se alejaria.
La decision de Luther de huir con los gangsteres, en lugar de aguardar al submarino, envalentono a Eddie. La lancha de los gangsteres se dirigia hacia la trampa preparada por Steve Appleby, y si Luther y Hartmann se encontraban a bordo de la lancha, Hartmann se salvaria. Si todo terminaba sin mas danos que algunos cortes en la cara de Mark Alder, Eddie se daria por satisfecho.
– Vamos -dijo Vincini-. Primero Luther, despues el devorador de salchichas, despues Kid, despues yo, despues el mecanico, al que quiero tener a mi lado hasta que salgamos de este cascaron de nuez, y luego Joe y la rubia. ?Moveos!
Mark Alder intento librarse de los brazos de Eddie.
– ?Quieren sujetar a este tio, o prefieren que Joe le mate? -pregunto Vincini a Ollis Field y al otro agente.
Cogieron a Mark y le inmovilizaron.
Eddie siguio a Vincini. Los pasajeros les contemplaron con los ojos abiertos de par en par mientras desfilaban por el compartimento numero 3, hasta entrar en el comedor.
Cuando Vincini entro en el compartimento numero 2, el senor Membury saco una pistola y grito:
– ?Alto! -?Apunto directamente a Vincini!-. ?Todos quietos o matare a vuestro jefe!
Eddie retrocedio un paso para apartarse de la trayectoria. Vincini palidecio.
– Tranquilos, muchachos, que nadie se mueva -dijo. El que llamaban Kid se giro en redondo y disparo dos veces.
Membury se desplomo.
– ?Soplapollas, podria haberme matado! -chillo Vincini al muchacho, enfurecido.
– ?No te has fijado en su acento? -pregunto Kid-. Es ingles.
– ?Y que cojones quieres decir con eso?
– He visto todas las peliculas que se han rodado, y un ingles nunca alcanza a nadie cuando dispara.
Eddie se arrodillo junto a Membury. Las balas habian entrado en su pecho. La sangre era del mismo color que el chaleco.
