– ?Quien es usted? -pregunto Eddie.
– Rama Especial de Scotland Yard -musito Mernbury-. Con la mision de proteger a Hartmann. -De modo que el cientifico no carecia de guardaespaldas, penso Eddie-. Menudo fracaso -mascullo Membury. Cerro los ojos y dejo de respirar.
Eddie maldijo por lo bajo. Se habia jurado sacar a los gangsteres del avion sin que nadie muriera, y habia estado muy cerca de conseguirlo. Ahora, este valiente policia habia muerto.
– Que innecesario -dijo Eddie en voz alta.
– ?Por que estaba tan seguro de que nadie necesita ser un heroe? -oyo decir a Vincini. Levanto la vista. Vincini le miraba con suspicacia y hostilidad. Hostia puta, creo que le encantaria matarme, penso Eddie-. ?Sabes algo que nosotros no sepamos? -prosiguio Vincini.
Eddie no respondio, pero en aquel momento bajo corriendo por la escalera el marinero de la lancha, entrando en el compartirento.
– Oye, Vincini, acabo de enterarme por Willard…
– ?Le dije que solo utilizara la radio en caso de emergencia!
– Es que se trata de una emergencia… Un barco de la Marina esta patrullando la orilla, como si buscara a alguien.
El corazon de Eddie ceso de latir. No habia pensado en esta posibilidad. La banda habia dejado un centinela en la orilla, con una radio de onda corta para comunicarse con la lancha. Ahora, Vincini habia descubierto la trampa.
Todo habia terminado. Eddie habia fracasado.
– Me has enganado -dijo Vincini a Eddie-. Bastardo, te voy a matar.
Eddie miro al capitan Baker y leyo comprension y sorprendido respeto en su rostro.
Vincini apunto con su pistola a Eddie.
He hecho cuanto he podido, y todo el mundo lo sabe, penso Eddie. Ya no me importa morir.
– ?Presta atencion, Vincini! -exclamo Luther-. ?No has oido nada?
Todos guardaron silencio. Eddie oyo el sonido de otro avion.
Luther miro por la ventana.
– ?Un hidroavion va a descender!
Vincini bajo la pistola. Las rodillas de Eddie flaquearon.
Vincini miro hacia afuera, y Eddie siguio la direccion de su mirada. Vio el Grumman Goose que estaba amarrado en Shediac. Mientras lo observaba, se poso sobre una ola, inmovilizandose.
– ?Y que? -dijo Vincini-. Si se cruzan en nuestro camino, les liquidaremos.
– ?Es que no lo entiendes? -insistio Luther, nervioso-. ?Es nuestra via de escape! ?Sobrevolaremos el maldito guardacostas y escaparemos!
Vincini asintio lentamente.
– Bien pensado. Eso es lo que haremos.
Eddie comprendio que iban a huir. Habia salvado su vida, pero habia fracasado.
28
Nancy Lenehan habia encontrado la solucion a su problema mientras volaba siguiendo la costa canadiense en el hidroavion alquilado.
Queria derrotar a su hermano, pero tambien deseaba escapar de los planes trazados por su padre para dirigir su vida. Queria estar con Mervyn, pero tenia miedo de que si abandonaba «Black’s Boots» y se iba a Inglaterra, se convertiria en una aburrida ama de casa como Diana.
Nat Ridgeway habia dicho que pensaba hacerle una importante oferta a cambio de la empresa y darle un empleo en «General Textiles». Mientras pensaba en sus palabras habia recordado que «General Textiles» poseia varias fabricas en Europa, sobre todo en Inglaterra, y Ridgeway no podria visitarlas hasta que concluyera la guerra, que podia durar anos. Por lo tanto, Nancy iba a ofrecerse como directora para Europa de «General Textiles». Asi podria estar con Mervyn y continuar trabajando.
La solucion era muy clara. La unica pega era que Europa estaba en guerra y corria el riesgo de morir.
Estaba reflexionando sobre esta lejana pero escalofriante posibilidad cuando Mervyn se volvio y le indico por senas que mirase por la ventana: el clipper flotaba sobre el mar.
Mervyn intento conectar por radio con el clipper, pero no obtuvo respuesta. Nancy se olvido de sus problemas cuando el Ganso volo en circulos alrededor del avion. ?Que habia pasado? ?Estaba ilesa la gente que viajaba a bordo? El avion no parecia haber sufrido danos, pero no se veian senales de vida.
– Hemos de bajar a ver si necesitan ayuda -grito Mervyn, haciendose oir por encima del rugido del motor.
Nancy asintio vigorosamente con la cabeza.
– Abrochate el cinturon. El oleaje dificultara el amaraje.
Nancy obedecio y miro por la ventana. La mar estaba picada y las olas eran enormes. Ned, el piloto, condujo el avion en linea paralela a la cresta de las olas. El casco toco agua sobre el lomo de una ola, y el hidroavion cabalgo sobre ella como un aficionado al surf de Hawai. No fue tan duro como Nancy temia.
Una lancha motora estaba amarrada al morro del
Ned dirigio el hidroavion hacia la lancha. Nancy imagino que, con esta mar, era una maniobra dificil. Sin embargo, el Ganso era un monoplano con las alas situadas a bastante altura, que quedaban por encima de la superestructura de la lancha, y podrian deslizarse a su lado. El casco del avion golpeaba contra la fila de neumaticos colocados en el costado de la barca. El hombre que estaba en cubierta habia amarrado al avion la proa y la popa de su embarcacion.
Mientras Ned cortaba el motor del hidroavion, Mervyn abrio la puerta y solto la pasarela.
– He de quedarme en el avion -dijo Ned a Mervyn-. Sera mejor que vaya usted a ver que pasa.
– Yo tambien voy -dijo Nancy.
Como el hidroavion estaba amarrado a la lancha, ambas embarcaciones se mecian al unisono sobre las olas, y la pasarela no se movia en exceso. Mervyn fue el primero en desembarcar y tendio la mano a Nancy.
– ?Que ha ocurrido? -pregunto Mervyn al hombre de la lancha.
– Tuvieron problemas con el combustible y se vieron obligados a amarrar.
– No pude conectar por radio con ellos.
El hombre se encogio de hombros.
– Sera mejor que suba a bordo.
Pasar de la lancha al clipper exigia un pequeno salto desde la cubierta de la lancha a la plataforma facilitada por la puerta de proa abierta. Mervyn abrio la marcha. Nancy se quito los zapatos, los guardo en la chaqueta y le siguio. Estaba un poco nerviosa, pero salto con facilidad.
En el compartimento de proa vio a un joven que no reconocio.
– ?Que ha sucedido aqui? -pregunto Mervyn.
– Un aterrizaje de emergencia -contesto el joven-. Estabamos pescando y presenciamos la maniobra.
– ?Que le pasa a la radio?
– No lo se.
Nancy decidio que el joven no era muy inteligente. Mervyn debio pensar lo mismo, a juzgar por sus siguientes palabras.
– Ire a hablar con el capitan -dijo, impaciente.
– Vaya por ahi. Todos estan reunidos en el comedor.
El muchacho no iba vestido de la forma mas adecuada para pescar: zapatos de dos tonos y corbata amarilla. Nancy siguio a Mervyn escaleras arriba hasta llegar a la cubierta de vuelo, que se encontraba desierta. Eso
