mundo. Entre Irlanda y Terranova mediaba una distancia de tres mil kilometros, y el recorrido duraba una eternidad, algo asi como diecisiete horas. Habia tiempo de cenar, acostarse, dormir toda la noche y levantarse otra vez antes de que el avion aterrizara. La idea de ponerse camisones que habia utilizado con Mervyn le parecia espantosa, pero no habia tenido ocasion de comprarse ropa nueva para el viaje. Por suerte, tenia una preciosa bata de color cafe con leche y un pijama rosa salmon que nunca habia usado. No habia camas de matrimonio, ni siquiera en la suite matrimonial (Mark lo habia comprobado), pero la litera de Mark estaria sobre la suya. Era emocionante y aterrador al mismo tiempo pensar en acostarse sobre el oceano y en pleno vuelo, hora tras hora, a cientos de kilometros de altura. Se pregunto si podria dormir. Los motores funcionarian tanto si dormia como si no, pero, en cualquier caso, temeria constantemente que se parasen mientras dormia.
Miro por la ventana y vio que volaban sobre las aguas. Debia ser el mar de Irlanda. La gente decia que un hidroavion no podia aterrizar en mar abierto, por culpa de las olas; de todos modos, Diana pensaba que tenia mas posibilidades de aterrizar que un avion normal.
Se adentraron en las nubes y ya no vio nada. Al cabo de un rato, el avion empezo a sacudirse. Los pasajeros intercambiaron miradas y sonrisas nerviosas, y el mozo aparecio para indicar a todo el mundo que se abrochara el cinturon de seguridad. El hecho de que no se viera tierra aumento la angustia de Diana. La princesa Lavinia se aferro con fuerza al brazo de su asiento, pero Mark y Lulu siguieron hablando como si no pasara nada. Frank Gordon y Ollis Field aparentaban calma, pero los dos encendieron cigarrillos y los fumaron con avidez.
Justo cuando Mark estaba diciendo «?Que demonios fue de Muriel Fairfield?», se escucho un ruido sordo y dio la impresion de que el avion caia. Diana experimento la sensacion de que el estomago se le subia a la garganta. Una pasajera chillo en otro compartimento. El aparato se estabilizo casi al instante, como si hubiera aterrizado.
– ?Muriel se caso con un millonario! -contesto Lulu.
– ?No me digas! ?Pero si era muy fea!
– ?Mark, estoy asustada! -dijo Diana.
– Era una bolsa de aire, carino -explico Mark-. Es normal.
– ?Pero parecia que nos ibamos a estrellar!
– Eso no ocurrira. Siempre hay turbulencias.
Continuo hablando con Lulu. Esta miro a Diana durante un momento, esperando que dijera algo. Diana aparto la vista, furiosa con Mark.
– ?Como logro Muriel pescar a un millonario? -pregunto Mark.
– No lo se -contesto Lulu al cabo de un instante-, pero ahora viven en Hollywood y el produce peliculas.
– ?Increible!
Increible era la palabra precisa, penso Diana. En cuanto cogiera a Mark a solas, le iba a explicar unas cuantas cosas.
Su falta de comprension contribuia a aumentar su miedo. Al anochecer ya habrian dejado atras el mar de Irlanda, y volarian sobre el oceano Atlantico. ?Como se sentiria entonces? Imaginaba el Atlantico como una inmensa nada monotona, fria y mortifera, que se extendia a lo largo de miles de kilometros. Segun el
El nerviosismo la atormentaba. Intento pensar en otras cosas, la cena de siete platos, por ejemplo, pues disfrutaba con las comidas largas y elegantes. Acostarse en la litera seria infantilmente excitante, como dormir en una tienda de campana plantada en el jardin. Y las vertiginosas torres de Nueva York la esperaban al otro lado. Sin embargo, la excitacion de viajar hacia lo desconocido se habia convertido en temor. Vacio su copa y pidio mas champan, pero aun no logro tranquilizarse. Deseaba notar tierra firme bajo sus pies. Se estremecio al pensar en la frialdad del mar. No podia hacer nada para desalojar el miedo de su mente. De haber estado sola, habria ocultado el rostro entre las manos y cerrado los ojos. Miro con ira a Mark y Lulu, que charlaban alegremente, ajenos a su tortura. Estuvo tentada de hacer una escena, de estallar en lagrimas o entregarse a un ataque de histeria, pero trago saliva y mantuvo la calma. El avion no tardaria en aterrizar en Foynes. Bajaria y pasearia sobre suelo seco.
Pero tendria que volver a subir para el largo vuelo transatlantico.
No podia soportar la idea.
Si una hora me ha puesto asi, penso, ?como voy a aguantar toda una noche? Me morire.
– ?Que otra cosa puedo hacer?
Nadie iba a obligarla a volver al avion en Foynes, por supuesto.
Y si nadie la obligaba, no podria hacerlo.
?Que voy a hacer?
Ya se lo que hare.
Telefoneare a Mervyn.
No conseguia creer que su hermoso sueno terminara asi; pero sabia que ocurriria.
Mark estaba siendo devorado ante sus propios ojos por una mujer mayor de cabello tenido, excesivamente maquillada, y Diana iba a telefonear a Mervyn para decirle lo siento, he cometido un error, quiero volver a casa.
Sabia que el la perdonaria. Estar tan segura de su reaccion la avergonzo un poco. Le habia herido, pero el la tomaria en sus brazos y se alegraria de su regreso.
Pero yo no deseo eso, penso compungida; quiero ir a Estados Unidos, casarme con Mark y vivir en California. Le quiero.
No, era un sueno absurdo. Ella era la senora de Mervyn Lovesey de Manchester, hermana de Thea y tia de las gemelas, la rebelde inofensiva de la sociedad de Manchester. Nunca viviria en una casa con palmeras en el jardin y piscina. Estaba casada con un individuo fiel y grunon que demostraba mas interes hacia sus negocios que hacia ella, y la mayoria de las mujeres que conocia se encontraban en la misma situacion, de modo que debia ser normal. Todas se sentian decepcionadas, pero estaban mejor que las pocas casadas con manirrotos y borrachos; se compadecian mutuamente y coincidian en que podria ser peor, y derrochaban el dinero ganado a base de grandes esfuerzos por sus maridos en grandes almacenes y peluquerias. Pero nunca se fugaban a California.
El avion se zambullo en la nada de nuevo y se estabilizo como antes. Diana tuvo que hacer un gran esfuerzo de concentracion para no vomitar. Sin embargo, por alguna misteriosa razon, ya no estaba asustada. Sabia lo que el futuro le reservada. Se sintio a salvo.
Solo deseaba llorar.
10
Eddie Deakin, el mecanico de vuelo, pensaba en el
El viaje era mas peligroso de lo que imaginaban, pues la tecnologia del aparato era reciente, y el cielo nocturno que cubria el Atlantico era un territorio inexplorado, plagado de peligros inesperados. No obstante, Eddie siempre pensaba con orgullo que la habilidad del capitan, la dedicacion de la tripulacion y la fiabilidad de la ingenieria norteamericana les conduciria a casa sanos y salvos.
En este viaje, sin embargo, se sentia enfermo de miedo.
Habia un Tom Luther en la lista de pasajeros. Eddie observo el embarque de los pasajeros por la ventana del compartimento de pilotaje, preguntandose cual de ellos era el responsable del secuestro de Carol-Ann, aunque no pudo adivinarlo, por supuesto: formaban el grupo habitual de magnates, estrellas de cine y aristocratas bien vestidos y alimentados.
Durante un rato, mientras se preparaba el despegue, consiguio apartar su mente de Carol-Ann y concentrarse
