en su trabajo: verificar los instrumentos, poner a punto los cuatro enormes motores radiales, calentarlos, ajustar la mezcla de combustible y los alerones, y controlar la velocidad de los motores durante el despegue. En cuanto el avion alcanzo la altitud de crucero, sus tareas se reducian. Tenia que sincronizar la velocidad de los motores, regular la temperatura de los mismos y regular la mezcla de combustible; despues su trabajo consistia sobre todo en vigilar el funcionamiento de los motores. Y su mente comenzo a divagar de nuevo.

Le poseia una necesidad desesperada e irracional de saber como iba vestida Carol-Ann. Se sentiria mas aliviado si pudiera imaginarla abrigada con su chaqueta de lana, bien abotonada y cenida con cinturon, y botas de lluvia, no porque hiciera frio (era septiembre), sino porque disimularia mejor las formas de su cuerpo. Sin embargo, lo mas probable es que llevara el vestido sin mangas de color espliego que a el tanto le gustaba, y que se amoldaba como un guante a su exuberante figura. Estaria encerrada durante las siguientes veinticuatro horas con una pandilla de brutos, y el pensamiento de lo que podia suceder si empezaban a beber le sumia en una agonia dolorosisima.

?Que demonios querian de el?

Confio en que el resto de la tripulacion no se diera cuenta del estado en que se hallaba. Por fortuna, cada uno se concentraba en su tarea concreta, y no estaban apretujados como en la mayoria de los aviones. La cabina de pilotaje del Boeing 314 era muy grande. La carlinga, muy espaciosa, tan solo ocupaba una parte. El capitan Baker y el copiloto Johnny Dott estaban sentados en asientos elevados, codo con codo, ante sus controles; entre ellos habia un hueco con una trampilla, que daba acceso al compartimento de proa, situado en el morro del avion. Por la noche, contaban con unas gruesas cortinas que podian correr para que las luces del resto de la cabina no disminuyeran su vision nocturna.

Esa seccion por si sola mas grande que la mayoria de compartimentos de pilotaje, pero el resto de la cabina de vuelo del clipper era mas que generosa. Casi todo el lado de babor estaba ocupado por una mesa de dos metros de largo, ante la cual se encontraba el piloto Jack Ashford, inclinado sobre sus cartas de navegacion. Ademas, contaban con una pequena mesa de conferencias, donde se sentaba el capitan cuando no pilotaba el avion. Junto a la mesa del capitan habia una compuerta oval que conducia al interior del ala por un angosto pasadizo; era una caracteristica especial del clipper poder acceder a los motores en pleno vuelo mediante este pasadizo, y Eddie podia realizar tareas de mantenimiento o reparaciones sencillas, como arreglar una fuga de combustible, sin necesidad de que el avion aterrizara.

A estribor, justo detras del asiento del copiloto, estaba la escalera que conducia a la cubierta de pasajeros. A continuacion, se hallaba el cubiculo del operador de la radio, donde Ben Thompson se sentaba, inclinado hacia adelante. Detras de Ben se sentaba Eddie, de costado, ante una pared compuesta de cuadrantes y una bateria de palancas. Un poco a su derecha se encontraba la compuerta oval que daba paso al pasadizo del ala de estribor. En la parte posterior del compartimento de pilotaje, una puerta se abria al compartimento de carga.

El conjunto media en total seis metros de largo y tres de anchura, y permitia caminar erguido en toda su extension. Alfombrado, a prueba de ruidos y decorado con tela verde palido en las paredes y asientos de piel marron, era el compartimento de pilotaje mas lujoso jamas construido. Cuando Eddie lo vio por primera vez, penso que se trataba de una broma.

Ahora, sin embargo, solo veia las espaldas encorvadas los rostros concentrados de sus companeros, y penso aliviado en que no se habian dado cuenta del panico que le embargaba.

Desesperado por entender por que estaba viviendo aquella pesadilla, queria concederle al ignoto senor Luther la oportunidad de darse a conocer. Despues del despegue, se ausento para poder pasar por la cabina de los pasajeros.

No se le ocurrio ningun motivo de peso, y adujo la primera tonteria que se le ocurrio.

– Voy a echar un vistazo a los cables que controlan la compensacion del timon -mascullo en direccion al navegante, bajando a toda prisa por la escalera.

Si alguien le preguntaba por que se le habia ocurrido llevar a cabo dicha comprobacion en aquel preciso momento responderia: «Una intuicion».

Recorrio sin prisa la cabina de los pasajeros. Nicky y Davy servian cocteles y aperitivos. Los pasajeros, muy tranquilos, conversaban en diversos idiomas. Ya se habia iniciado una partida de cartas en el salon principal. Eddie vio algunos rostros conocidos, pero estaba demasiado distraido para pensar en los nombres de los famosos. Miro a varios pasajeros, confiando en que alguno se presentaria como Tom Luther, pero nadie le dirigio la palabra.

Llego a la parte posterior del avion y subio la escalerilla fija a la pared, situada junto a la puerta que daba acceso al «Tocador de senoras». Conducia a una trampilla practicada en el techo que se abria a un espacio vacio de la cola. Podria haber llegado al mismo sitio a traves de los compartimentos del equipaje habilitados en la cubierta superior.

Verifico los cables de control del timon a toda prisa, cerro la escotilla y descendio por la escalerilla. Un chico de catorce o quince observo su aparicion con sumo interes. Eddie se obligo a sonreir.

– ?Puedo ver el compartimento de pilotaje? -pregunto el muchacho, esperanzado.

– Claro que si -respondio Eddie como un automata.

No queria que nadie le molestara en este preciso instante, pero la tripulacion de este avion debia ser amable con los pasajeros, y la distraccion apartaria a Carol-Ann de su mente, siquiera por unos instantes.

– ?Fantastico, gracias!

– Apalancate en tu asiento un minuto y enseguida voy a buscarte.

Una expresion de sorpresa cruzo un instante por el rostro del muchacho; despues, asintio y se marcho corriendo.

«Un modismo de Nueva Inglaterra o del mecanico», penso.

Eddie camino con mucha mayor lentitud por el pasillo, esperando que alguien se le acercara, pero no fue asi, y supuso que el hombre aprovecharia una ocasion mas discreta. Hubiera preguntado a los mozos quien era el senor Luther, pero se habrian preguntado por que queria saberlo, y no deseaba despertar su curiosidad.

El muchacho ocupaba el compartimento numero 2, cerca de la parte delantera, con su familia.

– De acuerdo, chaval, vamos a ello -dijo Eddie, sonriendo a sus padres, que le saludaron con marcada frialdad. Una chica de largo cabello rojizo (tal vez su hermana) le dedico una cordial sonrisa, y su corazon se acelero un poco: era bonita cuando sonreia.

– ?Como te llamas? -pregunto al muchacho, mientras subian la escalera de caracol.

– Percy Oxenford.

– Soy Eddie Deakin, el mecanico de vuelo.

Llegaron al final de la escalera.

– La mayoria de los compartimentos de pilotaje no son tan bonitos como este -dijo Eddie, obligandose a ser amable.

– ?Como son?

– Desnudos, frios y ruidosos, con salientes afilados que se te clavan cada vez que te das la vuelta.

– ?Que hace el mecanico de vuelo?

– Me ocupo de los motores, de que funcionen hasta llegar a Estados Unidos.

– ?Para que sirven todas esas palancas y cuadrantes?

– Veamos… Estas palancas controlan la velocidad de las helices, la temperatura del motor y la mezcla de carburante. Hay un juego completo para cada uno de los cuatro motores. -Se dio cuenta de que sus explicaciones eran un poco vagas y de que el chico era muy inteligente. Hizo un esfuerzo por ser mas especifico-. Sientate en mi silla -dijo. Percy obedecio con gran entusiasmo-. Fijate en este cuadrante. Nos indica que la temperatura maxima del motor numero 2 es de 205 grados centigrados. Se aproxima demasiado al maximo permitido, que son 232 grados en pleno vuelo. La bajaremos un poco.

– ?Y como lo hace?

– Coge la palanca y bajala un poco… Vale ya. Acabas de abrir unos dos centimetros la cubierta del aleron para que penetre un poco mas de aire frio, y dentro de unos momentos veras que la temperatura baja. ?Has estudiado fisica?

– Voy a un colegio retrogrado -dijo Percy-. Estudiamos mucho latin y griego, pero no nos dedicamos mucho a las ciencias.

Eddie penso que el latin y el griego no ayudarian mucho a Inglaterra a ganar la guerra, pero no lo expreso en voz alta.

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