no podre recibirle de nuevo hasta dentro de unos dias.

Estuve a punto de protestar. Pero me dije que al mayor William Hurley poco le iban a importar mis protestas. El disponia de la informacion que a mi me interesaba obtener y la suministraba como queria, de manera que termine por decirle que contaba con mi eterno agradecimiento por la ayuda que me estaba prestando.

– Sin usted no podria llevar adelante mi investigacion -dije para halagarle.

– Desde luego que no, pero como puede comprender, tengo otros deberes y responsabilidades; de manera que hasta dentro de unos dias, pongamos el miercoles de la proxima semana, no volvere a recibirle. Telefonee el martes a mi secretaria para confirmar si estoy disponible.

Sali malhumorado de casa del mayor. Pense eso de que no hay mal que por bien no venga, porque podia llamar a Francesca, reprocharle que no me hubiese dicho ni una palabra sobre las actividades politicas de Carla Alessandrini y con tal excusa ir a verla a Roma. No queria abusar de los medios que dona Laura estaba poniendo a mi disposicion para que investigara sobre Amelia, pero me convenci de que el viaje a Roma estaba mas que justificado. Me pasaba como a mi bisabuela: no me terminaba de encontrar en Londres.

Llame a mi madre dispuesto a la bronca de rigor, y la encontre sarcastica y distante.

– ?Asi que eres Guillermo? Pues me alegro.

– ?Vaya, mama!, no te veo muy contenta de saber que estoy bien.

– Bueno, supongo que lo estaras, ya eres mayorcito, de manera que para que vas a llamarme, con que me felicites las Navidades y por mi cumpleanos es suficiente, claro que para eso tendrias que acordarte, y como estas abrumado de trabajo…

?Ahi estaba el problema! ?Habia sido su cumpleanos y yo no la habia felicitado. Mi madre no me lo iba a perdonar porque entre sus ritos inalterables estaban las cenas del dia de su cumpleanos, del mio y la de Nochebuena. El resto de las noches del nino le daban igual, pero esas tres para ella eran sagradas.

– Perdona, mama, pero es que no sabes lo liado que estoy investigando a tu abuela.

– Ya te he dicho que a mi me da lo mismo lo que hiciera esa buena senora, y no te disculpes, no tienes por que, eres muy libre de llamar a quien quieras y cuando quieras.

– Pues habia pensado en ir a Madrid e invitarte a cenar -menti, improvisando.

– ?No me digas? ?Que considerado!

– Mira, manana estare en Madrid y a las nueve te voy a buscar. Piensa donde te apetece que te invite a cenar.

9

Cuando entre en mi apartamento senti la alegria de estar de nuevo en casa. Pense en lo reconfortante que me resultaban aquellas cuatro paredes decoradas con muebles de Ikea. Llevaba tanto tiempo yendo de un lugar a otro en busca de Amelia Garayoa, que apenas habia estado en casa. Basto un solo vistazo para darme cuenta de que el apartamento necesitaba una limpieza urgente, y me prometi que debia convencer a mi madre para que me mandara a su asistenta con la promesa expresa de pagarla yo.

Me di una ducha y luego me tumbe en la cama. ?Cuanto echaba de menos mi cama! Me quede dormido en el acto. Mi angel de la guarda decidio despertarme para librarme de la ira de mi madre porque si aquel dia no me hubiera presentado en su casa para invitarla a cenar habria sido capaz de no volverme a hablar durante el resto de su vida. Me desperte sobresaltado buscando el reloj. ?Las ocho y media de la tarde! Me levante de un salto y volvi a meterme en la ducha. A las nueve en punto, con el pelo empapado, me presente en su casa.

– ?Menuda pinta tienes! -me dijo a modo de saludo, sin ni siquiera darme un beso.

– ?No te gusta? Pues yo a ti te encuentro guapisima.

– Ya, ya, pues tu estas hecho un desastre. ?Sabes para que sirven las planchas? Seguro que si, porque listo lo eres un rato.

Me fastidio la ironia de mi madre por mas que tuviera razon y la camisa que llevaba estuviera arrugada y los pantalones vaqueros necesitaran una pasada por la lavadora.

– Apenas he tenido tiempo de deshacer la maleta. Pero lo importante es que estoy aqui, no sabes las ganas que tenia de verte.

– ?Agua! ?Por favor, que me traigan agua! -grito mi madre.

– ?Pero que te sucede! -pregunte alarmado.

– Que me producen palpitaciones la cara dura que tienes.

– ?Vaya susto que me has dado!

Fuimos al restaurante que ella habia elegido. La conversacion transcurrio en el mismo tono el resto de la velada. La verdad es que me arrepenti de haberla invitado a cenar. Ademas, para zarandear mi debil economia, mi madre decidio, ella que era practicamente abstemia, acompanar la cena con champan, y como si de una gaseosa se tratara, pidio una botella de Bollinger.

Por la manana telefonee a dona Laura y le pregunte si queria que fuese a su casa a contarle todo lo averiguado hasta el momento.

– Prefiero que me entregue la historia por escrito cuando la tenga completa.

– Es para que usted compruebe lo que voy avanzando. Le aseguro que la vida de Amelia Garayoa es digna de una novela.

– Bien, bien, pues cuando ya lo sepa todo, la escribe y me la trae. Es lo que hemos acordado, ?no?

– Desde luego, dona Laura, y asi lo hare.

– ?Necesita algo mas?

– No, por ahora me voy arreglando. El profesor Soler esta siendo de gran ayuda. Por cierto, que me he ofrecido a contarle lo que voy investigando, pero me ha dicho que no quiere saber nada salvo lo imprescindible para ayudarme.

– Y asi debe ser. Pablo es un buen amigo de la familia pero no es de la familia, y hay cosas… en fin, que ni el ni nadie tienen porque saber.

– Pues tengo que llamarle porque necesito que me cuente si Amelia estuvo en Madrid a principios de septiembre de 1940.

– Si quiere puede hablar con Edurne, ella puede ayudarle.

– Y usted, dona Laura, ?no recuerda nada de esas fechas?

– ?Pues claro que si! Pero no quiero que sea mi memoria la que dicte lo que sucedio, sino la memoria neutral de quienes estuvieron con nosotros.

– Y Edurne, ?recordara? A la pobre mujer parece que le afecta mucho tener que recordar.

– Es logico, a los viejos no nos gusta que hurguen en nuestros recuerdos. Edurne es muy pudorosa y leal y no le resulta facil contarle cosas de la familia a un extrano.

– Yo soy de la familia, no se olvide que Amelia era mi bisabuela. Usted misma es una especie de tia bisabuela.

– ?No diga usted tonterias! En fin, creo que deberia de hablar con Edurne. Si le parece bien, pase por casa manana temprano, que es cuando ella tiene la cabeza mas despejada.

No se por que dona Laura se empenaba en que Edurne hablara conmigo. La pobre mujer no podia ocultar su incomodidad al tener que contarle a un extrano aspectos intimos de la familia a la que habia dedicado toda su vida.

Cuando llegue a casa de las Garayoa, el ama de llaves me anuncio que Edurne me esperaba pero que antes debia pasar al salon a ver a las senoras.

Alli estaba dona Laura y dona Melita. Me parecio que esta ultima no tenia muy buen aspecto, se la veia cansada.

– ?Le esta costando mucho juntar la historia? -me pregunto con un hilo de voz.

– No esta resultando facil, dona Melita, pero no se preocupe, creo que al menos lograre conocer los hechos mas importantes de la vida de mi bisabuela.

Dona Laura se movio incomoda en el sofa y me ordeno que procurara no perder el tiempo.

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату