mas seguro -explico don Juan.
No podia verle el rostro, pero no me costo imaginar que en aquel momento Amelia estaba tomando una decision: ser ella quien venciera las resistencias de Santiago para salvar a su familia de las dificultades economicas que afrontaban. Amelia era muy novelera, se veia a si misma como las heroinas de las novelas que leia, y sus padres, sin saberlo, le estaban dando la ocasion de demostrarlo.
Dos semanas despues, los senores de Carranza invitaron a don Juan y su familia a compartir el almuerzo del domingo en una finca que tenian en las afueras de la ciudad.
Por aquel entonces don Juan no ocultaba su nerviosismo, dado que don Manuel Carranza empezaba a darle largas en cuanto a asociarse para traer maquinaria de America. Ademas, la situacion politica se estaba complicando, Espana parecia ingobernable.
Amelia estuvo varios dias pensando como iba a vestirse para la ocasion. Aquel almuerzo dominical era su gran ocasion para apretar el lazo que habia colocado en el cuello de Santiago, ya que era consciente de que la invitacion de los Carranza se debia al interes que ella habia logrado suscitar en este. Don Juan habia comentado que, pese a las reticencias de Santiago, habia sido idea de el invitarlos a compartir la jornada del domingo, insistiendo en que fuera acompanado de su encantadora familia.
Se, porque Amelia me lo conto, que aquel dia fue clave en lo que ella llamaba «mi programa de salvacion».
El almuerzo se celebro sin mas invitados que la familia Garayoa, es decir, don Juan y dona Teresa, Amelia y Antonietta, y desde el primer momento Santiago evidencio su interes por Amelia.
Ella desplego todos sus ardides: indiferencia, amabilidad, sonrisas… ?Que se yo! Era una gran seductora.
Aquel domingo, Santiago se enamoro de ella, y creo que ella tambien de Santiago. Eran jovenes, guapos, distinguidos…
El, que parecia que iba para solteron, sin novia formal, se habia dejado prendar por una jovencita que expresaba opiniones politicas con gran desparpajo: defendia que las mujeres debian conseguir los derechos que les estaban negados; confesaba, ante el horror de su madre, que no tenia la mas minima intencion de convertirse en senora de su casa, sino que, si se casaba, ayudaria en todo a su marido, ademas de ejercer como maestra, que decia era su vocacion.
Todas estas cosas y mas las fue desgranando con la gracia y simpatia que le eran naturales, y segun me conto Antonietta, cuanto mas hablaba Amelia, mas se rendia Santiago.
Comenzaron a verse a la manera de aquella epoca. El pidio permiso a don Juan para «hablar» con Amelia, y el senor se lo dio encantado.
Santiago solia venir casi todas las tardes a visitar a Amelia; los domingos salian juntos, siempre acompanados por Antonietta y por mi. Amelia le permitia que cogiera su mano y le sonreia apoyando la cabeza sobre su hombro. Santiago se derretia al mirarla. Ella tenia un pelo precioso, de un color castano tan claro que era casi rubio, y unos ojos grandes, almendrados. Era delgada, no muy alta, pero es que por aquel entonces las mujeres no eramos altas, no es como ahora. El si que era alto, le sacaba por lo menos la cabeza. A su lado parecia una muneca.
Santiago termino sucumbiendo ante Amelia, lo que supuso la salvacion de don Juan. La familia Carranza le facilito un aval para obtener un credito, y se asociaron con el -bien es verdad que como socios minoritarios- en la nueva empresa desde la que don Juan se proponia comprar e importar maquinaria de America. Don Juan y Santiago terminaron simpatizando, ya que el joven estaba afiliado al partido de Azana y era un republicano convencido como mi senor.
– ?Me caso! ?Santiago me ha pedido que me case con el!
Recuerdo como si fuera hoy a Amelia entrando en la sala de estar donde se encontraban sus padres.
Aquel domingo yo no la habia acompanado porque estaba resfriada y le habia tocado a Antonietta hacer sola el papel de carabina.
Don Juan miro con sorpresa a su hija, no se esperaba que Santiago se decidiera tan pronto a pedirla en matrimonio. Apenas habian pasado seis meses desde que habian comenzado a salir; ademas, el tenia previsto viajar la semana siguiente a Nueva York para empezar a visitar fabricas de maquinaria.
Amelia abrazo a su madre, quien, por su expresion,
– Pero nina, ?que locura es esa? -expreso con desagrado dona Teresa.
– Santiago me ha dicho que el no quiere esperar mas, que ya tiene edad para casarse, y esta seguro de que soy la mujer que estaba esperando. Me ha preguntado que si le quiero y si estaba segura de mis sentimientos hacia el. Le he dicho que si, y hemos decidido casarnos cuanto antes. El se lo dira esta noche a sus padres, y el senor Carranza te llamara para pedir mi mano. Podemos casarnos a finales de ano, pues antes no nos daria tiempo a organizarlo todo. ?Tengo tantas ganas de casarme!
Amelia parloteaba sin parar, mientras sus padres intentaban que se calmara para poder hablar con ella con cierta serenidad.
– Vamos a ver, Amelia, todavia eres una nina -protesto don Juan.
– ?No soy una nina! Sabes que la mayoria de mis amigas o se han casado o estan a punto de hacerlo. ?Que pasa, papa? Creia que estabas contento de mi noviazgo con Santiago…
– Y lo estoy, no tengo quejas de la familia Carranza, y Santiago me parece un joven cabal, pero solo hace unos meses que os conoceis y hablar de boda me parece algo precipitado, aun no sabeis el uno del otro lo suficiente.
– Tu padre y yo fuimos novios cuatro anos antes de casarnos -alego dona Teresa.
– No seas anticuada, mama… Estamos en el siglo XX, entiendo que en tus tiempos las cosas fueran de otra manera, pero hoy en dia han cambiado. Las mujeres trabajan, salen solas a la calle y no todas se casan, algunas deciden vivir su propia vida con quien les da la gana… Por cierto, que se ha acabado eso de tener que llevar una carabina cuando salgo con Santiago.
– ?Amelia!
– Mama, ?es ridiculo! ?No confias en mi? ?Acaso pensais mal de Santiago?
Los padres de Amelia se sentian desbordados por el impetu arrollador de su hija. No habia vuelta atras: ella se habia comprometido a casarse y lo haria, con o sin su permiso.
Se acordo que la boda se celebraria cuando don Juan regresara de America; mientras, dona Teresa, junto a los padres de Santiago, irian organizando los pormenores de la boda.
Quiza fuera por la influencia de Santiago, aunque a decir verdad Amelia siempre habia mostrado interes por la politica, pero en aquellos meses parecia mas preocupada por lo que sucedia en Espana.
– Edurne, el presidente Alcala Zamora ha pedido a Alejandro Lerroux que vuelva a formar gobierno, y va a incluir a tres ministros de la CEDA. No creo que sea la mejor solucion, pero ?acaso tiene otra salida?
Naturalmente no esperaba mi respuesta. En aquella epoca Amelia hablaba sobre todo consigo misma; yo era el fronton hacia el que lanzaba sus ideas, pero nada mas, aunque me daba cuenta de lo influenciable que era. Muchas de las cosas que decia eran un calco de lo que le escuchaba a Santiago.
A principios de octubre de 1934, Santiago llego muy alterado a casa de los Garayoa. Don Juan estaba en America y dona Teresa se encontraba con sus hijas discutiendo por la pretension de Antonietta de salir sola.
– ? La UGT ha convocado una huelga general! El dia cinco pararan Espana -grito Santiago.
– ?Dios mio! Pero ?por que? -Dona Teresa estaba angustiada por la noticia.
– Senora, la izquierda no se fia, y con razon, de la CEDA. Gil Robles no cree en la Republica.
– ?Eso lo dicen los izquierdistas para justificar todo lo que hacen! -protesto energica dona Teresa-. Son ellos los que no creen en la Republica; en esta Republica quieren una revolucion como la de Rusia. ?Que Dios nos libre de ella!
Otra doncella y yo servimos un refrigerio al tiempo que escuchabamos la conversacion.
No es que Santiago fuera un revolucionario, todo lo contrario, pero creia firmemente en la Republica, y desconfiaba de quienes la denostaban al tiempo que la utilizaban.
– No querras que pase como en Alemania -tercio Amelia.
– ?Calla, nina! Que tendra que ver ese Hitler con nuestra derecha. No te dejes engatusar por la propaganda de las izquierdas, que no traeran nada bueno para Espana -se quejaba dona Teresa.
