bisabuela.
– ?Y por que ha de reconstruirla? Si usted no hubiera aparecido en esta casa, todo seguiria igual y nos moririamos tranquilas sin mirar al pasado.
– Lo siento, Edurne, de veras que lo siento.
– ?Tendre que volver a hablar con usted?
– Procurare no molestarla mas, se lo prometo.
Quise despedirme de las dos ancianas, pero el ama de llaves me dijo que las senoras habian salido. No la crei, pero acepte la excusa. No solo me estaban pagando un sueldo, sino que sin su ayuda jamas habria podido dar un paso en direccion a Amelia. Tenian derecho a pasar de mi.
Sali de la casa con una sensacion extrana, como de desazon. No sabia muy bien por que, supongo que el relato de Edurne me habia afectado. Me caia mal el tal don Manuel; me fastidiaba tener que reconocer que, aunque lejano, tenia yo algun parentesco con el puesto que si era abuelo de mi abuelo, a pesar de todo eramos familia.
Me fui a mi apartamento con la intencion de escribir sobre lo que habia averiguado en las ultimas semanas. Era tanto el material acumulado que decidi transcribir las cintas y ordenar mis notas antes de que me perdiera en ellas.
Trabaje el resto del dia, y buena parte de la noche. Queria irme cuanto antes a Roma para hablar con Francesca Venezziani.
Antes de irme llame a Pepe para ver como iban las cosas por el periodico digital. Me habian despedido, pero lo mismo se compadecian y me readmitian.
– ?Que no, Guillermo, que no! Que el jefe no quiere saber nada de ti. Dice que eres un informal y tiene razon. Yo estoy harto de defenderte, asi que buscate la vida, tio.
No queria preocuparme, pero mi madre tenia razon: cuando terminara mi investigacion sobre Amelia y una vez escrita la historia, a lo peor no volvia a encontrar trabajo. Me dije que ya no habia vuelta atras y decidi hacer mia la frase de Julio Cesar en los comentarios a la Guerra de las Galias: «Cuando lleguemos a ese rio ya hablaremos de ese puente». De manera que ya me preocuparia mas adelante de mi mismo y de mi futuro.
10
Me aloje en el hotel d'Inghilterra, justo al lado de la piazza di Spagna y a un paso de la casa de Francesca.
Estaba seguro de que me invitaria a cenar y asi fue, de manera que compre una botella de chianti y acudi puntual.
–
– Yo diria que por ahora bastante bien -respondi con una sonrisa.
Le reproche que no me hubiera contado que Carla Alessandrini habia hecho incursiones en la politica.
– Ya te adverti que Carla era una mujer singular -me respondio a modo de excusa.
– Singular me parece poco. Ayudo a escapar de Berlin a una chica judia cruzando con ella media Europa, y al parecer tuvo contactos con los partisanos, de manera que la gran diva hacia algo mas que gorgoritos.
– Si, si, todo eso es verdad. Carla fue una mujer extraordinaria.
– Ya, pero no me dijiste nada de su participacion en la politica.
– No me lo preguntaste.
– Bueno, pues para dejar las cosas claras: quiero saberlo todo, absolutamente todo sobre Carla Alessandrini, me da igual que se trate de politica o de jardineria, todo es todo.
– No se si podre contarte todo al mismo tiempo.
– ?Ah, no? ?Y por que? -pregunte, enfadado.
– Porque el profesor Soler me dijo que tenias que investigar paso a paso, que debias encontrar un hilo conductor y seguirlo, y enterarte de todo por su orden. Yo no se cual es el orden de tu investigacion, pero no dudes que en cada ocasion que aparezca Carla podras recurrir a mi.
– ?Esta si que es buena! Estoy un poco harto de que me muevan como a una marioneta.
Francesca se encogio de hombros, dejando claro que el asunto no iba con ella.
– ?Que quieres saber?
– Quiero saber que hacia la gran Carla en septiembre de 1940 cuando mi bisabuela se presento a verla en Roma, y quiero que me digas si lo que sabes de esa epoca se lo has contado a alguien, porque en el libro sobre la Alessandrini no dices ni una palabra.
– ?Y por que tendria que haber relatado hechos que nada tenian que ver con su arte?
– Eres su biografa.
– Soy algo mas, soy la guardiana de su memoria. Bueno, te confesare un secreto: estoy escribiendo un nuevo libro sobre Carla, pero me llevara tiempo, no se mucho de lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial. ?Empezamos?
«Amelia llego a Milan el 5 de septiembre de 1940. Vittorio Leonardi, el marido de Carla, fue a buscarla a la estacion.
– ?Que alegria tenerte aqui! Carla esta deseando verte, tienes que contarnos que ha sido de Rajel…
En la puerta de la estacion los esperaba el chofer con un Fiat ultimo modelo.
Carla estaba contenta de tener a Amelia con ella. Desde que habia recibido el telegrama anunciando su llegada se habia dedicado a redecorar una de las habitaciones de su mansion pensando en los gustos de Amelia.
Mientras la doncella deshacia el equipaje, las dos mujeres no pararon de hablar.
Amelia le explico que sus relaciones con Albert no atravesaban un buen momento y Carla le aconsejo que si no le queria, le dejara.
– Es un buen hombre, no merece sufrir, ni siquiera por ti,
– Tienes razon, pero aunque no lo creas, yo le quiero, a mi manera, pero le quiero.
– Ya te lo dije en Berlin: no es que le quieras, le necesitas, es un refugio seguro. Pero tu no necesitas refugiarte en ningun hombre para sentirte segura, nos tienes a Vittorio y a mi, sabes que te queremos como a una hija. Y ahora dime, ?como es que te has decidido a venir?
Carla era demasiado inteligente para creer que Amelia estaba alli solo para verla. La diva era una mujer apasionada y franca y no soportaba las medias tintas. Amelia se sincero con ella.
– Despues de que ayudaramos a Rajel a huir de Berlin, el tio de Albert, que trabaja en el Almirantazgo, me propuso hacer algunos trabajos para el. Acepte. Regrese a Berlin y a traves de Max pude saber que hay grupos de oposicion a Hitler desperdigados por toda Alemania; algunos son grupos cristianos, otros son socialistas, anarquistas, pero no estan organizados entre si, cada uno funciona a su manera, lo que les resta fuerza. Pero saber que hay opositores a Hitler, aunque sean pocos, es un alivio, y para los britanicos constituye una informacion fundamental.
– Churchill es un hombre extraordinario. Hable con el en una ocasion: despotricaba de la politica de apaciguamiento. Derrotara a Hitler, no me cabe la menor duda. Si el dirige la guerra, ganara.
– En esa guerra se juega el futuro de toda Europa. Yo espero que si derrotan a Hitler, las potencias europeas nos salven de Franco.
– Pobrecilla, ?que ingenua! Vamos, Amelia, Franco no les molesta, lo prefieren al Gobierno del Frente Popular. No quieren a los rusos dentro de casa, no permitiran que Espana sea una base de la Union Sovietica.
– Yo tampoco lo querria, pero si una democracia como la inglesa.
– ?Ojala! Entiendo que soportar el regimen de Franco debe de ser como para nosotros soportar al Duce.
– Los ingleses dicen que tienes contactos con los partisanos…
– ?Eso dicen? Puede ser, ?y que?
– Pues que creen que eres antifascista y que ayudaras a quien luche contra el fascismo en Italia y contra Hitler
