en Europa.
– No es tan sencillo. Amo a mi pais, no viviria en otro lugar del mundo, aqui esta mi casa y cuando viajo ya estoy pensando en el regreso. Nunca traicionaria a Italia, pero el Duce… ?No le soporto! Es un fatuo que sabe como enardecer a las masas. Me da verguenza que nos represente, nos ha metido en la guerra de manera vergonzosa. Asi que ayudare a mi pais a librarse de el,
– ?Puedo saber como has llegado a tener contacto con los partisanos?
– La gente me conoce, confia en mi. Ellos se han puesto en contacto conmigo para pedirme algunos favores… nada importante, por el momento. En fin, te dire que mi viejo profesor de canto es comunista. Le debo mucho: en realidad, todo lo que soy. Ya te lo presentare. Se llama Mateo, Mateo Marchetti, y es una leyenda entre los cantantes de opera. Hace poco me pidio que escondiera a un importante partisano, era el contacto con gente de fuera y la policia le tenia acorralado. Le escondi en mi casa y logre llevarle a Suiza. Hice algo parecido a lo tuyo con Rajel. ?Y a ti que es lo que te ha pedido el tio de Albert?
– Quiere saber que piensa hacer el Duce, hasta donde va a implicarse en esta guerra. Me ha pedido que venga; sabe que tu te mueves en las altas esferas, y quiere que yo pegue el oido. Puede que me entere de algo relevante.
– Asi que te has convertido en una pequena espia -dijo Carla, riendose.
– ?No lo digas asi! No, no me siento una espia, hasta ahora lo unico que he hecho es escuchar y fijarme en lo que sucede a mi alrededor. Ni siquiera se si lo que hago tiene importancia.
– Bien, organizare una cena e invitare a alguno de esos gerifaltes que tanto aborrezco. Espero que alguno te diga algo que merezca la pena, porque te aseguro que me repugna pensar en tenerles en mi casa.
Carla organizo una fiesta a la que asistieron muchos de sus amigos y un buen numero de sus enemigos. Ninguno era capaz de resistirse a la llamada de Carla Alessandrini, sobre todo cuando, como en esa ocasion, se trataba de una fiesta en su propia casa.
En Milan la diva vivia en un
Vittorio Leonardi no terminaba de comprender el porque de tanto dispendio por parte de su esposa, pero no protesto cuando Carla, imperiosa, le dijo que ella no podia dar una fiesta si no era por todo lo alto.
Vestida con un traje rojo de seda y encaje, la diva recibio a sus invitados en la puerta
– Debes estar a mi lado, porque asi sera mas facil presentarte a todos los invitados.
Entre las mas de doscientas personas invitadas, Carla senalo a Amelia a una pareja a la que recibio sin ningun entusiasmo.
– Son amigos de Galeazzo Ciano, el yerno del Duce. Si les caes bien, te abriran las puertas del entorno mas intimo de Mussolini.
Amelia desplego todo su encanto para que Guido Gallotti y su esposa Cecilia se fijaran en ella.
Guido era diplomatico y uno de los consejeros de Ciano, el ministro de Exteriores. Ya habia cumplido los cuarenta; su esposa, en cambio, debia de tener la edad de Amelia.
Cecilia era hija de un comerciante textil adinerado, con buenos contactos, ferviente seguidor del Duce, a cuya sombra empezaba a hacer buenos negocios, entre ellos casar a su hija con aquel diplomatico tan cercano a la familia del propio Mussolini; un matrimonio que habia convenido a ambos contrayentes. Guido Gallotti aportaba estatus social a Cecilia y a su familia, y esta, una cuenta corriente saneada que les permitia todos los caprichos.
– Conozco Espana, estuve antes de la guerra civil. Tienen suerte de contar con Franco. Es un gran estadista, como nuestro Duce -le dijo Guido Gallotti.
Amelia dio un respingo. No soportaba escuchar a nadie mostrar admiracion por Franco, pero Carla la pellizco en el brazo y Amelia dibujo una sonrisa.
– Estoy deseando que Guido me lleve a Espana, me lo ha prometido. Mi marido se enamoro de su pais -anadio Cecilia.
– Me alegro de que le gustara, y desde luego deberia llevar a su esposa, estoy segura de que tambien le gustaria -respondio Amelia.
Carla marcho para atender a otros invitados, y Amelia se dedico a entretener a la pareja contandoles como estaba Madrid despues de la guerra, procurando obviar cualquier referencia politica. Vittorio se acerco a ellos.
– Esta nina nos es muy querida -dijo Vittorio, guinando un ojo a Amelia.
Cecilia parecia impresionada por la amistad de Amelia con la Alessandrini. No eran muchas las personas que podian presumir de formar parte del circulo intimo de la diva. Carla tenia una legion de admiradores repartidos por todo el mundo, pero era muy exigente a la hora de seleccionar a sus amigos. Ademas, no era ningun secreto la opinion que tenia del regimen de Mussolini, y que no se privaba de criticar al propio Duce. Por eso el matrimonio Gallotti se habia visto sorprendido, no solo por la invitacion de Carla, sino tambien porque aquella noche la diva habia invitado a algunas personas cuyo compromiso con el fascismo era absoluto.
– Tiene que visitarnos en Roma. Sera bienvenida a nuestra casa. ?Se quedara mucho tiempo en Milan? - pregunto Cecilia.
– Aun no lo se, desde luego no me ire antes del estreno de
– ?Estupendo! Yo soy de Milan, mi padre tiene una fabrica cerca de la ciudad. De manera que venimos a menudo a ver a mis padres. Ademas, tenemos previsto asistir a la opera, tampoco queremos perdernos ver a la gran Carla. ?Verdad, querido?
Guido oculto con una sonrisa la sorpresa que le produjo la afirmacion de su esposa. A Cecilia no le gustaba la opera, en realidad no entendia nada del
– Sera un placer volver a verla, y naturalmente esperamos que sea nuestra huesped en Roma.
Mas tarde Amelia les conto a Carla y a Vittorio que habia logrado que el matrimonio Gallotti la invitara a la capital.
– ?No habras aceptado?
– Bueno, no me he comprometido a nada.
– Ni debes hacerlo todavia. Deja que insistan. Ellos saben que el Duce no es santo de mi devocion, y aunque Cecilia es medio tonta, Guido es astuto como un zorro.
– ?Tan mala opinion tienes de Cecilia?
– Es una arribista. Bueno, en realidad los dos lo son, pero se complementan: Guido aporta contactos sociales, y ella el dinero. Estan hechos el uno para el otro.
– ?No crees que esten enamorados?
– Si, claro que si. Guido ama apasionadamente el dinero de Cecilia, quien permite que se lo gaste sin freno con el grupo de amigos que rodean a Galeazzo Ciano, y ella ama el estatus de Guido. De Cecilia no tienes nada que temer, pero de el si. No lo olvides.
– Ademas, es un mujeriego empedernido -intervino Vittorio- y no me ha gustado nada como te miraba. Ni Carla ni yo queremos que te conviertas en un trofeo de caza para el matrimonio.
– ?Un trofeo de caza! Que exagerado eres, Vittorio, yo no soy nadie -dijo Amelia riendo.
– Eres amiga de Carla, de manera que Cecilia puede presumir de tener como amiga a alguien muy cercano a la gran diva. En cuanto a el, estoy seguro de que no le importaria anadirte a la lista de mujeres hermosas a las que ha cortejado.
– Tendre mucho cuidado, os lo prometo.
El estreno de
