Francesca bostezo. Parecia cansada. Yo no la habia interrumpido ni un solo segundo, dejando que se explayara.

– Bueno, Guillermo, ahora tienes que seguir buscandote la vida.

– ?Esto es todo?

– Al menos por ahora. Por lo que se, tienes que reconstruir la historia de Amelia Garayoa paso a paso, sin saltarte nada. Bueno, pues ya te he contado que es lo que hizo tu bisabuela a finales de 1940 en Italia. Te aseguro que no tengo ni idea de lo que paso a continuacion. Naturalmente, te puedo contar lo que hizo Carla, que al fin y al cabo es quien a mi me importa.

– ?Amelia volvio a Roma?

– Se marcho en diciembre de 1940. Si continuas avanzando, es posible que vuelva a verte. Pero para que la investigacion tenga sentido, no puedes dar un salto en el tiempo.

– El profesor Soler te tiene muy bien aleccionada -proteste yo.

– Lo unico que me ha pedido es que te ayude todo cuanto pueda, pero que no te cuente nada que te haga dar saltos cronologicos, porque lo importante es que seas capaz de relatar todas y cada una de las cosas que hizo Amelia Garayoa.

– Pero seria mas facil que tu me contaras todo lo que sabes de ella, luego ya me encargare yo de montar el puzzle.

– Pues no lo voy a hacer, de manera que…

De manera que me despidio aunque ambos sabiamos que volveriamos a vernos. Regrese a Londres sin pasar por Espana. Preferia intentar avanzar en la investigacion. Ademas, habia recibido una llamada de lady Victoria anunciandome que estaba a mi disposicion para volver a hablar de nuevo conmigo y teniendo en cuenta que su prioridad era el golf, yo no podia desaprovechar su buena disposicion.

11

En esta ocasion lady Victoria me invito a almorzar en su casa porque me dijo que asi dispondriamos de mas tiempo para hablar.

Al verla volvi a pensar que se trataba de una mujer impresionante. Parecia sincera al interesarse por mi investigacion. Le conte hasta el punto donde me habia dejado Francesca.

– Asi que se ha quedado usted en diciembre de 1940… -murmuro mientras revisaba un cuaderno.

– Si, creo que Amelia regreso a Londres con Albert James.

– Si, asi fue, y luego se fueron a Estados Unidos.

– ?A Estados Unidos? Pero ?por que? -pregunte irritado. Me fastidiaba el trajin de mi bisabuela de un lugar a otro. Me estaba resultando agotador seguir sus pasos por medio mundo.

– Pues porque lord James le pidio un favor a su sobrino y este insistio en que solo se lo haria si lo acompanaba Amelia. Esta todo aqui, en este cuaderno -dijo lady Victoria senalando la cubierta.

– ?Puedo verlo?

– En realidad es parte del diario de lady Eugenie, la madre de Albert. Gracias a ellas tenemos la informacion de lo que paso. No se si se lo he dicho, pero Eugenie escribia todos los dias en estos cuadernos. Era su manera de desahogarse. Albert no dejaba de darle disgustos por su negativa a romper con Amelia para casarse con lady Mary Brian. ?Esta preparado?

Asenti. Sabia que lo mejor que podia hacer era escuchar sin interrumpirla hasta que se cansara de hablar.

«Winston Churchill estaba empenado en lograr la colaboracion de Estados Unidos. Sabia que Gran Bretana no podia ganar la guerra sin su ayuda e intentaba convencer por todos los medios al presidente Roosevelt de que les prestara su apoyo. El Reino Unido estaba en quiebra y necesitaba dinero con urgencia para hacer frente a los cuantiosos gastos de la guerra.

Lord James habia pensado que puesto que su hermano Ernest era un prospero hombre de negocios en Estados Unidos, su cunada Eugenie reunia en su salon a lo mas granado de la sociedad neoyorquina y Albert era un periodista influyente, pues que podia utilizar a su familia para convencer a los prohombres de Washington de que su ayuda era imprescindible para vencer a Hitler.

Ernest y Eugenie aceptaron con entusiasmo convertirse en embajadores extraordinarios de su patria, en tanto que Albert se comprometio a dar una serie de conferencias por todo Estados Unidos para hablar del peligro que significaba Hitler, pero insistio en que Amelia debia acompanarle.

Escuche lo que Eugenie escribio en su diario:

«Albert llega manana. Mi cunado Paul lo ha convencido. ?Menos mal! Incluso Ernest, tan comprensivo siempre con nuestro hijo estaba furioso por su negativa a implicarse en lo que esta pasando. Claro que nos hace pagar un precio gravoso: viene con esa Amelia que para mi se ha convertido en una pesadilla. ?Como la presentare a nuestras amistades? No puedo decir que es la prometida de Albert, puesto que es una mujer casada. Tampoco quiero presentarla como una amiga de la familia. No sabemos nada de ella y, por lo que a mi respecta, opino que es solo una aventurera por mas que Paul le haya dicho a Ernest que Amelia ha hecho algunas cosas utiles. No se que cosas, pero seguro que no seran tan importantes como Paul le ha hecho creer a Ernest. Sea lo que sea que haya hecho esta chica, eso no la exime de no ser una don nadie. Albert dice que Amelia es de buena familia, pero ?que clase de familia es la que le permite a una hija abandonar a su marido y a su hijo?

No sera facil soportar los chismorreos sobre Albert por su cabezoneria insistiendo en instalar a Amelia en su apartamento de Nueva York, lo mismo que hizo en Londres. Mi hijo amancebado con esa espanola… ?lo que llegaran a decir!»

«Si no fuera porque es mi hijo, no le recibiria nunca mas. Se ha presentado en casa con Amelia y eso que su padre le habia insistido en que tenian que hablar a solas. Pero Albert es asi de cabezota. El almuerzo me ha resultado insoportable. Esa chica no dejaba de mirarme y Albert solo esta pendiente de ella. Lo peor es que Ernest se ha reunido a solas con Albert y he tenido que estar cerca de una hora con esa cualquiera. Le he preguntado si habia leido a Shakespeare y me ha dicho que no. Me lo imaginaba. Sus gustos musicales tampoco son extraordinarios, aunque al parecer es capaz de interpretar al piano algunas piezas de Mozart, Chopin y Lizt. No se que es lo que mi hijo ve en esta mujer. Es desesperante.»

«Ernest me ha dicho que Albert ha tenido un gran exito en Washington. Han acudido a escucharle algunos amigos del presidente Roosevelt y tambien algunos hombres de su equipo. Creo que se han quedado preocupados por lo que le han oido contar. Parece mentira que a los norteamericanos les cueste entender que Hitler es un peligro tambien para ellos. Si no fuera por Winston Churchill, Hitler se convertiria en el amo del mundo, es lo que aqui no quieren ver, aunque Ernest me asegura que Roosevelt se muestra muy receptivo a cuanto le dice Churchill.»

«?Que verguenza! La senora Smith ha venido a verme. La muy bruja solo queria decirme lo que yo ya se, que la presencia de Amelia es un escandalo y que Albert deberia tener respeto a las buenas familias y no presentarse con ella en todas partes.

Le he dicho a la senora Smith que quiza deberia preocuparse de lo que hace su hija Mary Jo, porque en la cena de los Vanderbilt no dejo de coquetear con el mayor de los hijos de los Miller. Se que no me perdonara el comentario, pero no se me ocurria otra cosa para pararle los pies. No puedo consentir que venga a mi casa a criticar a mi hijo.»

«Si no me lo hubiera contado Ernest, jamas lo habria creido. Albert le ha pedido a Amelia que tambien ella de charlas sobre lo que esta pasando en Europa. Al parecer se llenan las salas para escucharla, aunque se bien que es por verla a ella, para saber que clase de mujer es la que ha hecho perder la cabeza a Albert.

Ernest dice que la buena sociedad de San Francisco se ha rendido a Amelia y que la reciben en todas las casas importantes. Parece que Amelia esta dando charlas en los clubes femeninos porque Albert cree que las esposas somos capaces de convencer de cualquier cosa a nuestros maridos.

Dentro de dos dias regresaran a Nueva York. Ernest quiere que organice una gran cena para invitar a todos

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