nuestros conocidos y quiere que Albert haga un discurso.»

«La cena ha sido un exito, aunque estoy agotada. Ha venido todo el mundo; creo que, salvo Roosevelt, hemos tenido a todo aquel que es alguien en la Casa Blanca.

Albert ha estado sublime. ?Que manera de explicar lo que es ese cabo austriaco, Adolf Hitler! A las senoras las ha asustado y a los caballeros les ha dado que pensar. Ernest dice que Roosevelt necesita que le den unos cuantos empujoncitos para que se muestre mas dispuesto a ayudar a Inglaterra. En realidad ya ha comenzado a hacerlo. Para algunos de nuestros amigos la guerra es una buena oportunidad para hacer negocios, porque naturalmente la ayuda que se preste a Inglaterra de una u otra manera tendran que pagarla. Los norteamericanos son muy practicos, pero yo me alegro de que mi hijo les haya dado argumentos para que entiendan lo que esta pasando en Europa.

Albert les habla como si fuera uno de ellos, y es que este hijo mio es mas norteamericano que irlandes y eso que toda su sangre viene de Irlanda. Incluso dice que comprende a Roosevelt porque un gobernante debe evitar la guerra a no ser que sea inevitable.

Lo que no me esperaba es que en esta ocasion le pidiera a Amelia que hablara, y ella, que no muestra ningun pudor, no ha dudado en dirigirse a nuestros invitados. En mi opinion, ha estado poco acertada contando la historia de esa amiga suya, Yla, hija del socio de su padre, que tuvo que huir de Berlin, o de esa Rajel. Parece que Amelia solo tiene amigas judias. No es que yo tenga nada en contra de los judios, muchos de nuestros mejores amigos lo son, pero tal y como cuenta las cosas Amelia parece que lo peor de Hitler es que no le gustan los judios. La espanola simplifica mucho.

He tenido que cortar varios comentarios sobre Amelia y Albert, y es que la gente se empena en preguntar si son algo mas que buenos amigos, como si no fuera evidente que ella es la amante de mi hijo. Toda esta situacion es muy desagradable, pero Albert se niega a escuchar ni una sola palabra sobre Amelia.»

«Que bochorno: Albert se ha peleado con el mayor de los Miller, y ademas en su casa. Los Miller habian organizado una cena de despedida para Albert, que en unos dias regresa a Londres. Todo iba perfectamente hasta que Bob, el hijo mayor de la familia, ha insistido a Amelia para que bailara con el. El chico estaba un poco bebido pero Amelia se ha comportado como una virgen negandose a bailar. Bob no se ha conformado con la negativa, la ha agarrado de un brazo y ha insistido para que bailara con el. Amelia se ha puesto histerica pidiendo que la soltara y Albert ha acudido en su ayuda propinandole un punetazo a Bob. Mi hijo se ha puesto en evidencia, nos ha avergonzado a todos. La fiesta no ha podido terminar peor. El senor Miller y Ernest han tenido que intervenir para parar la pelea, y nos hemos tenido que ir en medio de los murmullos de los invitados. Amelia estaba palida, aunque no creo que sienta en absoluto lo sucedido. Ahora todos nos criticaran y lo peor es que esto llegara hasta Londres. Nuestros amigos son muy generosos aceptando que Albert se presente en sus casas con Amelia, pero despues de este incidente seguro que no volveran a invitarnos mas.»«Le pedi a mi hijo que viniera a verme y hoy ha venido para despedirse. Menos mal que ha tenido el acierto de no traer a Amelia. Aunque Ernest me habia pedido que no discutiera con Albert, ninguno de los dos hemos podido evitarlo. Le he rogado que termine de una vez con esta situacion, que no puede pretender respeto para una mujer que no se respeta a si misma. Mi hijo me ha dicho que jamas me perdonara que diga eso de Amelia, que segun el es la mujer mas integra y valiente que ha conocido.

No se que le ha dado para tenerle asi, pero esta desconocido, solo le preocupa ella.

Mi hijo me ha dicho que si no acepto su situacion con Amelia, dejara de visitarnos. Lo peor es que ha sido sincero cuando me lo ha dicho. Esa mujer nos va a destruir a todos. Ya lo esta haciendo con Albert y ahora quiere destruir a nuestra familia.

Albert se ha ido sin darme un beso, es la primera vez en toda su vida que al despedirse no me lo da. Manana regresan a Londres.»

Albert y Amelia regresaron a Londres a principios de marzo de 1941. Su viaje fue un exito, o asi lo creyo lord Paul James. En las altas esferas politicas y economicas de Washington parecia que muchas de las ideas expuestas por Albert habian calado hondo.

La pareja volvio a instalarse en el apartamento de Albert sabiendo que en cualquier momento Amelia podia ser enviada a una nueva mision fuera de Inglaterra. Albert se enfrento con su tio Paul pidiendole que dejara de utilizar a Amelia, pero este daba por cumplido su compromiso con su sobrino al haber permitido que Amelia le acompanara a Estados Unidos.

El comandante Murray no tardo en pedir a Amelia que regresara a Alemania.

– Usted me dijo que su amigo Max von Schumann habia sido trasladado a Polonia -le recordo.

– Si, asi es.

– No nos vendra mal saber que esta pasando alli. Tenemos algunos informes, pero nos gustaria completarlos.

– ?Tienen gente en Polonia? -quiso saber Amelia.

– Eso, querida, no es de su incumbencia. Lo que usted debe hacer es ponerse en contacto con Von Schumann y tratar de ir a verle donde este destinado en Polonia.

– ?Con que excusa?

– Eso depende de usted. Le ensenamos durante el entrenamiento que son los agentes de campo los que tienen que concebir las coartadas, dificilmente lo podemos hacer desde un despacho en Londres. Digame que necesita y se lo facilitare, pero es usted quien sabe como acercarse a Von Schumann. Tenemos entendido que el baron siente una gran atraccion por usted.

Amelia se puso rigida. La insinuacion del comandante Murray resultaba ofensiva.

– Como se atreve… -El tono de Amelia era de indignacion.

– No es mi intencion ofenderla. Tengo por usted el maximo respeto y consideracion, pero no olvide que es una agente con una mision, y cuando la preparabamos para hacer este trabajo se le dijo, lo mismo que al resto de sus companeros, que tendria que mentir, incluso matar si era necesario, que se veria obligada a hacer cosas que en condiciones normales le repugnarian, pero que en la guerra son necesarias. De manera que no se ofenda, no estamos en un salon de te sino en las oficinas del Almirantazgo. Si usted no puede con este trabajo, digamelo, pero no me haga una escena de dama ofendida. Naturalmente que usted es una senora respetable, pero tambien una agente, y por tanto tendra que hacer lo que nunca imagino que podia llegar a hacer. En cualquier caso, yo no le he ordenado nada en concreto, solo le he recordado lo que es evidente: el baron se siente atraido por usted y esa puede ser una baza para su trabajo; es usted quien debera decidir como afrontar la operacion.

Durante unos segundos permanecieron en silencio mirandose de frente, midiendose el uno al otro. El comandante Murray era un caballero, pero tambien un soldado dedicado a un oficio, el del espionaje, donde no hay normas ni limites. No habia pretendido ofenderla, desde el primer momento habia sentido por ella una secreta simpatia pero la trataba con la misma dureza que al resto de sus hombres. Estaban en guerra y no habia lugar para los convencionalismos sociales.

– Ire a Berlin, ya me las arreglare para encontrar en Polonia al baron Von Schumann -dijo, por fin, Amelia.

– Puede que tenga que pegarse a el durante un tiempo, nos interesa tener una fuente tan destacada en el ejercito. A pesar de su oposicion a Hitler, es un militar de cierta graduacion con acceso a otros militares de rango superior.

– Odia a Hitler, pero es un patriota, jamas dira nada que pueda poner en peligro la vida de soldados alemanes.

– Asi es, sin duda, pero se trata de que usted obtenga esa informacion sin que el tenga la sensacion de estar traicionando a su patria. En esta ocasion podra contar con ayuda. Hay una persona que usted conoce y que esta en Berlin.

– ?Quien es?

– Una companera de entrenamiento, ?recuerda a Dorothy?

– Si, nos hicimos amigas.

– El marido de Dorothy era aleman, de Stuttgart, murio de un ataque al corazon. Ella habla aleman casi tan perfectamente como Jan.

– ?Jan? Creo que no le conozco…

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату