– No, a Jan no le conoce. Es britanico, pero su madre era alemana. Se crio con su abuela materna porque se quedo huerfano siendo nino. Conoce Berlin como la palma de la mano. Vivio en la ciudad hasta los catorce anos, cuando la familia de su padre le reclamo para darle aqui una educacion mas adecuada.

– ?Con que cobertura cuentan en Berlin?

– Se hacen pasar por un feliz matrimonio. Jan es un hombre que ya ha cumplido los sesenta; trabajo para el Almirantazgo, y aunque esta cerca de la jubilacion, se ha ofrecido voluntario para esta mision. Le hemos fabricado una identidad falsa: oficialmente, sus padres eran alemanes emigrados a Estados Unidos, y ahora el hijo prodigo ha querido volver a la patria atraido por el magnetismo de Hitler, y lo ha hecho con su encantadora esposa, una mujer con unos cuantos anos menos que el. Disponen de medios suficientes para vivir aunque sin llamar la atencion. El hecho de que Jan sea ingeniero nos es de gran utilidad; de manera que le hemos enviado con una radio especial, muy potente, aunque naturalmente tiene que esquivar las escuchas de la Gestapo. De ahora en adelante, cuando obtenga una informacion relevante, se la dara a ellos. Tambien recibira mis instrucciones a traves de Dorothy y de Jan. Debe estar alerta para que nadie la siga cuando vaya a verles, y al menos por el momento es mejor que no hable con nadie de su existencia, ni siquiera a sus amigos, tampoco al baron Von Schumann.

El comandante Murray se alargo mas de una hora explicandole a Amelia lo que se esperaba de ella.

Murray acepto su peticion de viajar a Alemania desde Espana. Sabia que lo unico que no le podia negar, si queria seguir contando con su ayuda, era poder visitar de vez en cuando a su familia. Ademas, solo podia viajar a Alemania desde un pais amigo del Reich, y Espana lo era.

– No quiero que vayas -le dijo Albert cuando Amelia le anuncio que debia regresar a Alemania.

– Es mi trabajo, Albert.

– ?Tu trabajo? No, Amelia, lo que estas haciendo no es un trabajo. Te has metido en algo que no puedes controlar, eres una peonza que se mueve al antojo de otros. Cuando quieras recuperar el control sobre tu vida sera demasiado tarde, ya no te perteneceras. Dejalo, no te lo pido por mi sino por ti, dejalo antes de que te destruyan.

– ?Crees que lo que hago no sirve para nada? -respondio Amelia, airada.

– No dudo de que los frutos del espionaje sean imprescindibles para ganar la guerra, pero ?de verdad crees que estas preparada para ese juego solo porque has hecho un cursillo en el Almirantazgo? Te estan utilizando, Amelia, te dan cuerda diciendo que acaso cuando derroten a Hitler pensaran en hacer algo contra Franco, pero no lo haran, le prefieren a el antes de que Espana tenga un gobierno como el del Frente Popular ?no te das cuenta?

– Nadie me ha prometido nada, pero creo firmemente que una vez que derroten a Hitler el regimen de Franco se tambaleara. Se quedara sin aliados. Siento que me veas tan insignificante, tan incapaz de hacer este trabajo, pero voy a continuar con mi mision, pondre lo mejor de mi misma para hacerlo bien.

– Entonces debemos replantearnos nuestra relacion.

Amelia sintio una punzada de dolor en la boca del estomago. No estaba enamorada de Albert, pero desde la muerte de Pierre el era el pilar en el que se apoyaba, donde se sentia segura y no estaba preparada para perderle. Aun asi, al responderle pudo mas su orgullo.

– Si es eso lo que quieres…

– Lo que quiero es que vivamos juntos, que intentemos ser felices. Eso es lo que quiero.

– Yo tambien, pero siempre y cuando respetes lo que hago.

– Te respeto a ti, Amelia, claro que te respeto, pero por eso te pido que hables con el comandante Murray y le digas que lo dejas, que no vas a seguir adelante.

– No voy a hacer eso, Albert, voy a cumplir mi compromiso con el Almirantazgo. Para mi es compatible ese compromiso con mi relacion contigo…

– Lo siento, Amelia. Si esa es tu ultima palabra, lo siento pero no podemos seguir.

Se separaron. Dos dias mas tarde Amelia salia de casa de Albert con dos maletas donde llevaba todas sus pertenencias. Un coche del Almirantazgo la esperaba en la puerta. El comandante Murray habia dispuesto su paso por Espana camino de Berlin.»-Bien, querido Guillermo -concluyo lady Victoria-, se que Amelia paso varios dias en Madrid, supongo que estuvo con su familia. He hablado con el mayor Hurley y le tengo preparada una sorpresa. El mayor ha aceptado venir a cenar manana a mi casa. Me ha dicho que hay algunos documentos desclasificados sobre ese viaje de Amelia a Alemania y nos dara algunos detalles durante la cena.

– Menuda suerte tengo de que usted y el mayor Hurley sean parientes -conteste con ironia.

– Si, tiene usted suerte, y mucho mas de que yo este casada con un nieto de lord Paul James; de lo contrario, le seria muy dificil reconstruir lo que sucedio aquellos dias.

Deje la casa de lady Victoria con el compromiso de acudir a cenar al dia siguiente a las seis. Cuando llegue al hotel telefonee al profesor Soler. Le pedi que recordara si Amelia habia pasado por Madrid a mediados de marzo de 1941, el profesor parecio dudar.

– Voy a consultar mis notas y le llamo. Amelia viajaba a menudo a Madrid, a veces estaba unos dias, en otras ocasiones se quedaba mas tiempo. La verdad es que no recuerdo que sucediera nada extraordinario en marzo de 1941.

– ?Ella no les contaba nada de lo que hacia?

– No, nunca lo hizo. Ni siquiera a su prima Laura. Amelia aparecia y desaparecia sin decir nada. Su tio Armando intentaba saber como se ganaba la vida, pero Amelia le decia que confiara en ella porque se la ganaba de manera honorable. Sabiamos que vivia con Albert y en realidad pensabamos que era el quien la mantenia.

– Asi que ni siquiera usted sabe bien lo que hizo Amelia… -le dije con desconfianza.

– Su bisabuela nunca ha sido objeto de mis investigaciones historicas, ?por que deberia haberlo sido?

Una hora mas tarde me telefoneo para decirme que no encontraba ninguna nota sobre aquellas fechas, de manera que ambos coincidimos en que Amelia habria pasado por Madrid y que, mas alla de ver a la familia, no habia acontecido nada nuevo.

No tenia mas remedio que esperar a ver que me deparaba la cena con el mayor Hurley en casa de lady Victoria. Tengo que confesar que me desesperaba un poco tanta formalidad. No entendia por que el mayor Hurley y la propia lady Victoria no me contaban lo que sabian de un tiron, en vez de darme la informacion con cuentagotas. Pero eran ellos los que tenian la sarten por el mango, asi que no tenia otra opcion que acomodarme a lo que dispusieran.

MAX

1

El marido de lady Victoria era totalmente opuesto al mayor Hurley. Yo no le habia conocido hasta aquella noche y simpatice con el de inmediato. Llegue a las seis menos cinco minutos y la doncella me invito a pasar a la biblioteca donde estaba lord Richard James, nieto de aquel lord Paul James que habia fichado a Amelia como agente del Almirantazgo.

Lord Richard James, un sesenton con el cabello cano y rostro rubicundo, me recibio con una sonrisa mientras me estrechaba la mano.

– Asi que esta usted escribiendo sobre Amelia Garayoa… Bien hecho, tengo entendido que fue una mujer notable.

– ?La conocio usted? -pregunte curioso.

– No, no, pero tenga en cuenta que un pariente mio, un sobrino de mi abuelo, Albert James, estuvo enamorado de ella, todo un escandalo en aquella epoca, y ya sabe usted que todo aquello que rompe la rutina de una familia termina siendo conocido incluso por los descendientes. De manera que todos los James hemos oido historias sobre el desdichado amor de nuestro antepasado Albert James por una bella espanola.

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