arrasados en lagrimas, suspiro y, haciendo un gran esfuerzo, continuo con aquel terrible relato.

– En esas habitaciones no hay nada, salvo unas rejillas en el techo. Mientras los enfermos gritan asustados, comienza a salir un humo espeso por las rejillas, un humo que los va cubriendo hasta ocultar su desnudez, un humo que al respirarlo les va provocando un ahogo, un humo asesino que acaba segando sus vidas. Si, en los sotanos de Hadamar han construido unas camaras de gas y hasta alli llevan a los enfermos psiquicos de toda Alemania para acabar con ellos. Despues transportan los cuerpos a un horno y los queman.

– ?Dios mio! ?Y como es que nadie dice nada, como lo permiten los del pueblo! -exclamo Amelia.

– Oficialmente nadie sabe nada, aunque para la gente de alli no es un secreto lo que sucede, el humo del crematorio se ve por encima de los tejados. Heinrich cree que despues de acabar con los locos asesinaran a los ancianos y a todos aquellos que crean inutiles. Se lo ha oido decir al director del manicomio.

– ?Tenemos que hacer algo! -exclamo indignado el profesor Schatzhauser-. ?No podemos permitir semejante infamia!

– He comunicado al obispo de Limburg, a cuya diocesis pertenece Hadamar, lo que he visto. Ya habia escuchado rumores, pero yo se lo he podido confirmar. Y ha prometido hablar con las autoridades. Dira que hasta el habian llegado varios comentarios que le preocupaban y pedira una investigacion oficial -continuo el padre Muller.

– Puede que eso les haga parar -dijo Helga Kasten.

– ?Ojala tuvieras razon! -respondio su marido.

– ?Y tu… tu… que has hecho alli? -La pregunta de Amelia provoco un efecto devastador en el padre Muller, que la miro con ojos desorbitados.

– El director del manicomio no queria que me encargara de ayudar a los otros enfermeros a trasladar a los pobres enfermos a esas camaras siniestras. La primera semana me encargaba otros quehaceres, pero luego parecio fiarse de mi, y… bueno, un dia llego un contingente de enfermos, habia mujeres, incluso algunos ninos. Heinrich me busco para decirme que el director le habia ordenado que me dijera que ayudara a trasladar a los enfermos hasta la camara de gas. No podia negarme ya que era necesario que siguiera interpretando mi papel, pero no pude resistirlo; cuando empezaron a empujarlos para meterlos en la camara, intente impedirlo, empece a gritar como si yo tambien fuera un demente. Los pobres se pusieron mas nerviosos por mis gritos… Heinrich me miraba asustado, yo… yo gritaba que aquello era un crimen, que los dejaran salir… Alguien me dio con una porra en la cabeza, quede inconsciente. Cuando desperte, estaba en el cuarto donde los enfermeros se cambian de ropa. Heinrich me habia arrastrado hasta alli y me indico que no dijera ni una palabra. El director queria interrogarme; a el ya lo habian amenazado con entregarlo a la Gestapo acusandole de haber introducido en el hospital a un enemigo del Reich. Heinrich juro que yo era un buen nazi, pero demasiado sensible para aquel trabajo, y juro y perjuro que no representaba ningun peligro, pero el director le conmino a llevarme a su despacho. No lo hizo. Me saco del manicomio por las carboneras y me pidio que no fuera ni siquiera a su casa a recoger mis pertenencias. «Huye, yo me las arreglare. Si eres amigo de mi hermano, seguro que entre los dos podreis hacer algo para acabar con esto. Yo no tengo valor.» Y hui, si, hui de aquel lugar maldito; busque refugio, acudi al obispo, y gracias a el estoy aqui.

– ?Y Heinrich? ?Que le ha sucedido? -pregunto alarmado el profesor Schatzhauser.

El padre Muller rompio a llorar. Dio rienda suelta al sufrimiento que a duras penas lograba domenar.

– Cuando calculo que yo estaba lo suficientemente lejos del manicomio, subio al despacho del director, y desde alli mismo se tiro al vacio.

– ?Dios mio! -gritaron casi al unisono el profesor Schatzhauser, el pastor Ludwig Schmidt y los Kasten.

– Mi hermano ha sufrido mucho -susurro Hanna, volviendo a colocar su brazo alrededor de los hombros del sacerdote-, quiza deberiamos volver Necesita recuperarse.

– Padre Muller, es usted muy valiente y ha prestado un gran servicio a la causa de Dios. Solo sabiendo lo que sucede podremos combatirlo -dijo el pastor Schmidt.

– Esta en el ideario del nazismo la eliminacion de los enfermos y de los debiles, no es la primera vez que sabemos del asesinato de enfermos mentales. Hubo un plan similar antes de que estallara la guerra -recordo Manfred Kasten.

– La unica manera de parar esos asesinatos es darlos a conocer -murmuro el profesor Schatzhauser.

– El obispo va a denunciar a las autoridades lo que sucede en Hadamar -musito el padre Mullen-?Pero no le haran caso! ?De que sirve denunciar el crimen a los propios verdugos? -dijo Amelia, que a duras penas podia controlar el sentimiento de horror provocado por el relato del sacerdote.

– Pero eso les obligara a suspender, aunque sea temporalmente, los asesinatos en Hadamar. Todos nosotros tenemos el deber de contar lo que sucede alli -sentencio Schmidt.

– Me preocupa su seguridad -dijo el profesor Schatzhauser.

– Tambien a nosotros -tercio Hanna, la hermana del padre Muller-, pero el obispo ha decidido enviar a Rudolf a Roma.

– De manera que se va usted… -dedujo el pastor Schmidt.

– Es lo mas conveniente -concedio Manfred Kasten-, la Gestapo averiguara quien es ese trabajador desaparecido de Hadamar. Y si lo encuentran… esa gente no respeta a nadie.

– ?Cuando te vas? -quiso saber Amelia.

– Dentro de unas semanas -respondio el sacerdote.

El padre Muller no fue el unico que no logro conciliar el sueno por lo que habia visto en Hadamar. Ninguno de los asistentes a la reunion en casa del profesor Schatzhauser podia dejar de pensar en lo que les habia contado el sacerdote. Les resultaba dolorosa su impotencia frente a aquel regimen criminal.

Amelia regreso a casa de los Keller con una decision tomada: haria cualquier cosa con tal de contribuir a la derrota del Reich, fuera lo que fuese.

Aquella misma noche, en la soledad de su cuarto, escribio un mensaje para Londres relatando lo que sucedia en Hadamar.

El senor Keller le insistio para que tomara una taza de te con su esposa Greta y con su hijo Frank, pero Amelia no se veia capaz de fingir normalidad, de manera que se disculpo alegando que se sentia indispuesta por un fuerte dolor de cabeza.

– Es una joven simpatica, pero un poco rara, ?verdad? -dijo Frank a sus padres.

– No es para menos, ha perdido a su familia en la guerra civil. Creo que si esta aqui es porque le resulta dificil vivir en Espana rodeada del recuerdo de sus padres -explico el senor Keller a su hijo.

– Para mi resulta una grata compania -anadio Greta.

Amelia se presento tan temprano en casa de Dorothy y Jan, que ambos se alarmaron.

– Pero ?que sucede? -pregunto Dorothy al abrir la puerta y encontrarse a Amelia.

La mujer aun tenia la bata puesta y en los ojos los restos del sueno de la noche.

– ?Por Dios, Amelia, son las siete! ?Dime que sucede!

– Es urgente que envies un informe a Londres, lo tengo redactado en clave. No es muy largo, pero cuanto antes lo tengan, mejor.

Jan aparecio en el umbral de la puerta del salon. Tambien llevaba puesta una bata.

– Le dije que viniera a horas en que no llamara la atencion -le reprocho a Amelia.

– Lo se, pero tengo una informacion de gran importancia, si no fuese asi no me habria arriesgado.

Les repitio palabra por palabra lo que habia contado el padre Muller, y aunque Jan parecia igual de impresionado que Dorothy, le recrimino a Amelia su imprudencia.

– Todo esto podria habernoslo contado dentro de un par de horas o incluso esta misma tarde. Sin duda es terrible lo que sucede en el manicomio de Hadamar, pero insisto en que no deberia haberse presentado a estas horas.

– ?Como puede decir eso! ?Los nazis estan matando a miles de inocentes! El padre Muller dijo que Heinrich calculaba que ya han asesinado a cerca de ocho mil personas -respondio Amelia con un timbre de histeria en la voz.

– ?Claro que es horrible! Pero debemos actuar con precaucion, sin llamar la atencion. ?Cree que si nos hacemos notar podremos ayudar mas a esos inocentes? Terminaremos despertando sospechas entre los vecinos, alguien puede dejar caer una palabra sobre nosotros en la Gestapo, ?sabe lo que eso significaria?

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