– Aqui no hay en quien confiar salvo en el capitan Henke.

– Lo se, lo se…

Lo que Max no podia ni imaginar es que tampoco podia confiar en la mujer de la que estaba perdidamente enamorado. Amelia ya habia comenzado a fotografiar los documentos que el guardaba en la cartera.

Ella fotografiaba todo, esperando que en el Almirantazgo supieran encontrar lo que les interesaba.

Amelia solia aprovechar para fotografiar los documentos cuando Max dormia o se duchaba. Temblaba pensando el dano irreparable que le haria si un dia la descubria. Porque Max estaba enamorado de ella como nunca lo habia estado de ninguna mujer. Amelia le correspondia aunque no con tanta intensidad, se decia a si misma que habia gastado lo mejor de su amor entregandoselo a Pierre.

Unos dias despues de su llegada a Varsovia, Max ya habia establecido su rutina de trabajo y Amelia se sintio con libertad para buscar la direccion de contacto que Jan y Dorothy le habian facilitado por orden del comandante Murray.

Era un edificio situado en el corazon de Varsovia. La casa tenia tres plantas, y una de sus esquinas asomaba a la plaza del Mercado. Subio hasta el tercer piso y pulso el timbre, aguardando con impaciencia.

Una joven abrio la puerta y la miro de arriba abajo mientras le preguntaba:

– ?Que desea usted?

– Perdone, no hablo polaco -se excuso Amelia en aleman.

– ?Solo habla aleman? -respondio la joven.

– Ingles, frances y espanol…

– Hablaremos en aleman. ?Que quiere?

– «El mar esta en calma despues de la tormenta» -pronuncio Amelia.

– Pase, por favor -contesto la joven, que dijo llamarse Grazyna.

La casa era amplia y luminosa. Desde sus ventanales se contemplaba la plaza y una de las calles adyacentes. Se notaba que era una casa burguesa, con muebles y cuadros de calidad.

Grazyna la invito a sentarse.

– ?Quien es usted?

– Me llamo Amelia Garayoa y creo que tenemos amigos en comun…

– Si, eso parece. ?Que quiere?

– Me dijeron que viniera aqui para entregar unas fotos…

– Me avisaron que vendria usted, pero no cuando. ?Que tiene?

– He podido hacer unas cuantas fotografias a unos documentos, pueden ser importantes.

– Demelas, yo las hare llegar a su destino.

– ?Como consigue que el material llegue a Londres?

– No puedo decirselo. Corremos mucho peligro, y si la detienen no podra contar lo que no sepa.

– ?La oposicion esta bien organizada?

– ?La oposicion? -Grazyna solto una carcajada amarga-. No imagina lo que hicieron los alemanes cuando nos invadieron. Llegaron con listas interminables de gente, de todos aquellos que pudieran formar la mas minima resistencia. Los Einsatzgruppen han asesinado a miles de personas: medicos, artistas, abogados, funcionarios… Si, han asesinado a todos aquellos que podian haber intentado oponerseles aunque solo hubiese sido con la fuerza de la palabra.

– Lo siento.

– Nadie hizo nada por detenerlos -se lamento Grazyna.

– Gran Bretana declaro la guerra a Alemania por la invasion de Polonia -respondio Amelia en tono de protesta.

– Demasiado tarde. Estuvieron contemporizando con Hitler y se negaron a ver lo que iba a pasar, y los polacos hemos sido las primeras victimas. ?Ojala Churchill sea capaz de hacer algo! Por lo menos el nunca fue partidario de la politica de apaciguamiento. ?Como han podido estar tan ciegos?

Mientras Grazyna hablaba, Amelia la observaba. Calculo que no debia de tener mas de veinticinco anos, aunque los surcos alrededor de la boca la hacian parecer mayor. De estatura media, con el cabello castano claro y los ojos de un azul oscuro, entrada en carnes, aunque no era guapa, en conjunto resultaba agradable. Amelia penso que Grazyna pasaria inadvertida en cualquier lugar.

– ?Vive sola? -se atrevio a preguntar.

– Si, aunque mis padres viven cerca de aqui. ?Y usted? ?Cual es su cobertura?

– Soy la amante de un oficial medico de la Wehrmacht.

Grazyna apreto los dientes para evitar una mueca de asco.

– ?De donde es usted?

– Espanola.

– Ha venido de muy lejos… ?Por que no esta en su pais?

– A mi padre lo fusilaron despues de nuestra guerra civil, mi madre murio, y… bueno, digamos que la vida me ha ido empujando hasta aqui. ?Ah!, y aunque no lo crea, el oficial con el que vivo es una buena persona, no es un nazi.

– ?Ya! Me dira que se limita a cumplir ordenes.

– Asi es. Pertenecia al Ejercito antes de la llegada de Hitler.

– Pero naturalmente no sabe que usted le espia.

– No, no lo sabe.

– ?Y usted por que lo hace?

– Espero que una vez que Hitler sea derrotado liberen a mi pais de Franco.

La carcajada de Grazyna irrito a Amelia. Ella confiaba ciegamente en que tarde o temprano Franco seria desplazado del poder, se aferraba a ese sueno porque era lo que le daba fuerzas para vivir.

– A mi no me hace gracia -afirmo secamente.

– Me sorprende su ingenuidad, pero naturalmente no quiero ofenderla. Bien, deme el material.

Amelia saco un panuelo donde llevaba envuelto el carrete fotografico y se lo entrego.

– Creo que esta casa aun es segura, pero no debemos confiarnos. En la ventana tengo una maceta; si esta colocada del lado derecho significa que puede usted visitarme sin problemas, pero si esta en el lado izquierdo, o bien es que no estoy o puede haber peligro, y entonces, pase lo que pase, no debe subir a mi casa. ?Lo ha entendido?

– Desde luego.

– ?Que piensa de los judios?

La pregunta desconcerto a Amelia y se quedo callada, lo que fue malinterpretado por Grazyna.

– Ya veo que es usted una de esas personas cuyas convicciones se ablandan cuando se trata de los judios.

– ?Pero que dice! Mi mejor amiga era judia, el socio de mi padre era judio… Es que no se que responder sobre que pienso de ellos, ?debo pensar algo especial? Ese es el problema de los que creen que hay que pensar «algo» sobre los judios.

– No se enfade, solo era una pregunta. Mi novio es judio. Esta en el gueto.

– Lo siento. Se que los han confinado en unas cuantas calles y que no les permiten salir.

– Las condiciones del gueto son cada dia peores.

– ?Puede ver a su novio?

– No se puede entrar ni salir del gueto sin permiso, pero logramos burlar la vigilancia, aunque no siempre es posible.

– Si puedo hacer algo…

– Quiza, puesto que su amante es nazi.

– Max es un soldado, un comandante de intendencia medica de la Wehrmacht, y ya le he dicho que no es un nazi.

– Tendra que decirle que nos conocemos.

– Bueno, le dire que la he conocido casualmente en la calle, que me perdi y que usted amablemente se ofrecio a acompanarme al hotel, y para agradecerselo la invite a tomar el te y simpatizamos, ?le parece bien?

– Si, es creible. ?En que hotel se alojan?

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