– Pero ?y si nos muerden?… -alcanzo a decir Amelia.

Ewa se encogio de hombros tirando de la mano de Amelia.

Tomasz habia acelerado el paso, lo mismo que Grazyna, y Ewa no queria perderles de vista.

No caminaron mucho; acaso solo fueron quince minutos, pero a Amelia le parecio una eternidad. Luego Tomasz se detuvo y les senalo unas viejas escaleras de hierro. Fue el primero en subir. Golpeo dos veces la tapa de la alcantarilla y alguien la levanto. Una mano cogio la de Tomasz y tiro de el hacia arriba. Luego les llego el turno al resto.

– Deprisa, los soldados no tardaran -dijo un hombre al que apenas se le veia el rostro envuelto como estaba por las sombras de la noche.

Les guio hasta un edificio cercano donde otro hombre aguardaba impaciente en el portal.

– Os habeis retrasado.

Subieron por las escaleras hasta el cuarto y ultimo piso donde otro hombre aguardaba en el descansillo flanqueando una puerta abierta que daba a una estancia apenas iluminada.

– ?Gracias a Dios que estais aqui! -exclamo una mujer que salio a recibirles-. ?Y esta quien es? -pregunto al ver a Amelia.

– Es amiga mia y nos puede ser util. Habla aleman pero es espanola -explico Grazyna.

– ?Has traido medicinas? -pregunto la mujer.

– Si, aqui estan, no es mucho, pero me ha sido imposible robar mas.

La mujer abrio con impaciencia la bolsa que le entregaba Grazyna. Amelia se fijo en ella. Debia de tener cerca de sesenta anos o quiza mas, estaba muy delgada, con el rostro demacrado lleno de arrugas, las canas surcaban el cabello que en tiempos debio de ser negro y que ahora llevaba recogido en un mono; su mirada era de un azul muy vivo.

– No es suficiente -se quejo la mujer cuando examino el contenido de la bolsa.

– Lo siento, intentare traer mas la proxima vez -se disculpo Grazyna.

Amelia busco con la mirada a Tomasz y a Ewa, que se encontraban al fondo de la habitacion hablando con el hombre de la escalera y con el que les habia guiado hasta alli.

– ?Donde esta Szymon? -pregunto Grazyna con tono impaciente.

– Mi hijo vendra de un momento a otro. Esta en el hospital.

– ?Tienen un hospital aqui? -pregunto Amelia.

– No es exactamente un hospital, sino un recinto donde cuidamos a los que estan mas enfermos. Mi hijo es medico -respondio la mujer en aleman.

– Sarah es la madre de Szymon -dijo Grazyna a modo de presentacion de la mujer que les habia recibido.

– Ya ves, tengo un hijo loco enamorado de una gentil -rio Sarah mientras cogia la mano de Grazyna con afecto y se acercaban al grupo donde estaban Tomasz y Ewa con los otros hombres.

– Este es Barak, el hermano de Szymon, y este es Rafal -le presento Grazyna a Amelia-. Ellos se encargan de que, pese a la guerra, nuestros ninos sigan estudiando.

Ewa habia abierto la bolsa en la que traia caramelos y dulces.

– A los ninos les gustan los caramelos que haces -dijo Rafal.

– Siento no haber traido mas, pero es dificil andar cargada con una bolsa sin llamar la atencion de los soldados.

– Deberiamos atrevernos a traer mas bolsas -se quejo Tomasz.

– Llamarias demasiado la atencion, prefiero traer lo justo y evitar que os detengan -sentencio Sarah.

La bolsa de Tomasz estaba repleta de material escolar: cuadernos, lapices, sacapuntas, gomas… Era maestro y algunos de los ninos del gueto habian sido alumnos suyos. Rafal habia sido profesor de musica en la misma escuela en la que Tomasz continuaba impartiendo clases. Eran amigos desde hacia demasiados anos como para que los invasores alemanes pudieran romper su amistad.

– Les estoy explicando a Tomasz y a Ewa que han vuelto a reducir los alimentos que entran en el gueto. Dicen que con ciento ochenta y cuatro calorias al dia tenemos suficiente. Nos estan matando de hambre. Hemos organizado cantinas donde cocinamos algo de sopa con lo poco que tenemos para distribuirla entre los mas necesitados. Pero lo peor es la falta de medicamentos, tienes que conseguirnos mas. -El tono de Rafal era de suplica.

– Lo hare, aunque temo que me descubran. La hermana Mana es muy buena y hace la vista gorda, pero un dia de estos la interrogaran, y aunque se que no me delatara le quitaran la llave de la farmacia -respondio Grazyna.

– Szymon esta desesperado, dice que no soporta ver como se le mueren los ninos sin poder hacer nada por ellos porque carece de las medicinas adecuadas -continuo diciendo Rafal.

Unos golpes suaves en la puerta les puso en alerta. Sarah se adelanto a abrir y beso al hombre que acababa de llegar.

– Madre, ?ha venido Grazyna?

– Pasa, hijo, esta alli al fondo de la sala.

Szymon entro en la sala y se dirigio sin dudar hacia Grazyna, a la que abrazo con fuerza. Permanecieron abrazados durante unos segundos, luego se sentaron junto a los demas. Grazyna le presento a Amelia, y a ella le sorprendio el gran parecido de los dos hermanos, Szymon y Barak, con su madre. Morenos, huesudos, delgados y el mismo color azul intenso en la mirada.

– Debemos hacer algo, no podemos continuar asi- se quejo Szymon.

– Pero ?que podemos hacer? Vigilan noche y dia el gueto, no hay manera de salir salvo para los que se llevan a trabajar -le contesto su hermano Barak.

– El otro dia un oficial de las SS dio una fiesta e hizo que le trajeran del gueto a algunos de nuestros mejores musicos -anadio Rafal.

– Tenemos que conseguir viveres y medicinas. Quiza nuestros hermanos de Palestina puedan ayudarnos. Necesitamos ponernos en contacto con las delegaciones que tienen en Ginebra o en Constantinopla. Con dinero se puede comprar a alguno de estos cerdos nazis para que nos permitan adquirir alimentos y traerlos al gueto -insistio Szymon.

– ?Estas loco! Nos denunciarian y se quedarian con el dinero. No, no es buena idea. Pero tienes razon en que debemos ponernos en contacto con la comunidad judia de Palestina o con la de Norteamerica para ver si pueden ayudarnos -intervino Rafal.

– Nuestra organizacion hace lo que puede, Szymon, ya lo sabes -dijo Barak.

– No me interesa la politica, hermano, solo salvar a los nuestros.

– Por mas que te empenes en lo contrario, la politica lo es todo, Szymon. La situacion del gueto seria mas desesperada aun si nosotros no hicieramos nada -reitero Barak.

– Sin el Judenrat el gueto estaria en peores condiciones, al menos admitelo -dijo Sarah mirando fijamente a Szymon.

– Creo que perdeis el tiempo intentando que la vida en el gueto transcurra con normalidad en vez de intentar organizarnos para enfrentarnos a los nazis -protesto Szymon.

– Aun dentro de los muros y de la alambrada de espinos debemos seguir siendo personas, y las personas necesitan algo mas que pan para serlo -le regano Sarah.

– Debemos entretener a los ninos -anadio Rafal.

– Pobrecillos, me da pena verles acudir a esas escuelas en las que simulais normalidad -continuo protestando Szymon.

– ?Que debemos decirles? ?Que no hay esperanza? -A Barak se le notaba irritado con su hermano.

Szymon iba a responder pero se le adelanto Grazyna.

– Entiendo tu pesimismo, pero no tienes razon; la vida sigue, tambien aqui en el gueto, y la obligacion de todos nosotros es que siga asi, como si no sucediera nada a pesar de las dificultades y del sufrimiento. El Judenrat hace lo que puede, y gracias a ellos las cosas funcionan y la gente se siente amparada.

– Esta tarde he visto morir a cinco personas, dos de ellas ninos, y sus madres me increpaban llorando: me pedian que hiciera algo para salvarles. Podeis imaginar como me siento -susurro Szymon.

Grazyna le abrazo conteniendo las lagrimas. Amelia no se atrevia a decir palabra, impresionada por la escena que estaba presenciando.

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