Amelia escuchaba en silencio. En su tiempo libre estudiaba polaco y empezaba a comprender algo de lo que oia. Pero era Grazyna la que ponia a Amelia al tanto de las discusiones que se traian los dos hermanos, y estaba mas de acuerdo con Szymon. Mas tarde le pregunto a Tomasz por que, ademas de medicinas y libros, no intentaban llevar armas al gueto.

– No es facil encontrar armas. ?Donde crees que podemos obtenerlas? Aun asi, lo intentaremos. Szymon es muy vehemente, pero puede que tenga razon. Aunque yo opino como Barak y mi amigo Rafal: lo importante es aliviar la situacion del gueto. ?Crees que de verdad los judios de alli tendrian una sola posibilidad si se enfrentaran a los soldados? Los matarian a todos.

– Pero al menos moririan intentando hacer algo -respondio Amelia.

– La muerte no sirve para nada. Te matan y ya esta. No me parece buena idea decir a la gente que se deje matar -insistio Tomasz.

– Yo no digo que se dejen matar -protesto Amelia.

– ?Y que otra cosa pasaria? Con unas cuantas pistolas, ?crees que se puede derrotar al Ejercito aleman? Por favor, Amelia, ?seamos realistas! Seria un suicidio. Claro que debemos luchar, pero cuando llegue el momento. Los lideres jovenes del gueto no han renunciado a luchar, pero necesitan armas y municion para resistir algun tiempo.

Grazyna no participaba en las discusiones y por eso Amelia se sorprendio cuando una tarde, al ir a visitarla, la encontro junto a Piotr despidiendo a un hombre a quien no conocia.

– No te esperaba -dijo Grazyna al verla.

– Siento presentarme sin avisar -se excuso Amelia.

El hombre no dijo nada y se encamino a las escaleras sin despedirse. Grazyna se metio en su apartamento seguida de Piotr y Amelia.

– No deberias presentarte de improviso. Yo tengo mi vida, ?sabes?

– Lo siento, vendre en otro momento -respondio Amelia haciendo ademan de marcharse.

– Ya que estas aqui… en fin, quedate. Estamos esperando a Tomasz y a Ewa para ir al gueto.

– Ya te he dicho que hay demasiadas patrullas y que la condesa me ha mandado decir que me espera esta noche -le dijo Piotr a Grazyna, ignorando la presencia de Amelia.

– Lo se, pero ?quieres que me quede con las armas en casa? Seria una locura. Cuanto antes las llevemos, mejor.

– Si, pero hoy no. Sabes que sera dificil que pueda ayudaros. La condesa no esta con los nazis pero procura no tener problemas con ellos. Y cuando me reclama en su habitacion no me resulta facil librarme de ella. Ademas, esta noche le ha dado libre a las criadas, y estaremos solos.

– Pues tendras que inventar algo, Piotr, pero debemos llevar las armas esta misma noche.

– ?Que armas? -se atrevio a preguntar Amelia.

– Hemos conseguido unas cuantas pistolas y algunas escopetas de caza. No es que valgan para mucho pero al menos serviran para que la gente del gueto no se sienta tan indefensa -explico Grazyna.

– ?Armas? ?Y como las habeis conseguido? -El asombro se reflejaba en la voz de Amelia.

– Las escopetas nos las han dado amigos aficionados a la caza, en cuanto a las pistolas… mejor no te lo decimos. Cuanto menos sepas de algunas cosas, mas segura estaras -respondio Grazyna, a la que no se le habia escapado la mirada de alerta de Piotr.

– Puedo ayudaros a transportarlas al gueto -se ofrecio Amelia.

– Si, ya que estas aqui nos seras util.

Apenas anochecia, cuando Ewa y Tomasz se presentaron en casa de Grazyna. Ewa traia una cesta repleta de dulces.

– Ya llevaremos los dulces otro dia -dijo Grazyna-, las armas pesan, y no podremos cargar con todo.

– Intentemoslo, los ninos se ponen tan contentos…

Piotr les guio entre las sombras de la noche hasta la casa de la condesa. Abrio la puerta trasera que daba a la cocina y les empujo hacia su habitacion al escuchar un ruido en las escaleras que daban al piso principal.

– Piotr, ?estas ahi…?

La voz de la condesa alerto a Piotr.

– Si, senora, ahora mismo subo.

– No, no lo hagas, bajare yo. Puede ser divertido cambiar de habitacion.

Piotr se puso tenso y comenzo a subir las escaleras deprisa. Tenia que evitar que la condesa descubriera a sus amigos.

– Senora, no me parece conveniente que bajeis a mi cuarto, no esta en condiciones para vos.

– ?Vamos, vamos!, no seas tan remilgado. Hazte a la idea de que no soy una condesa sino una de las criadas, sera divertido.

– No, de ninguna manera -insistio Piotr, intentando evitar que la mujer continuara bajando las escaleras.

Grazyna cerro los ojos temiendose lo peor. Ewa y Tomasz apenas se atrevian a respirar, mientras que Amelia parecia rezar en silencio.

Respiraron aliviados cuando escucharon alejarse los pasos de Piotr y de la condesa y aguardaron cerca de dos horas sin atreverse a mover un musculo, hablando entre susurros. Por fin Piotr regreso. Se le notaba sudoroso y a medio vestir.

– Tenemos cinco minutos. La condesa esta empenada en bajara mi habitacion. Daros prisa, si no regreso pronto vendra a buscarme ella.

Salieron a la calle y Piotr levanto la tapa de la alcantarilla y les ayudo a deslizarse hacia las cloacas de la ciudad. Apenas habia vuelto a colocar la tapa cuando, al volverse, vio la figura de la condesa en la puerta trasera. Se miraron sin decir palabra, la condesa dio la media vuelta y regreso a su habitacion. Piotr la siguio pero ella habia cerrado con llave la puerta del cuarto y no respondio a su llamada.

A la hora prevista, las cuatro de la madrugada, Piotr volvio al callejon para abrir de nuevo la tapa de la alcantarilla. La primera en salir fue Grazyna, que de inmediato noto el gesto preocupado de Piotr.

– ?Que ha sucedido? -le pregunto.

– Creo que nos ha visto.

– ?Dios mio! ?Y que te ha dicho? -quiso saber Grazyna.

– Nada, me ha cerrado la puerta de su cuarto. Puede que me despida. No lo se. Ya hablaremos mas tarde, ahora debeis iros.

– ?Pero no podemos ir por la calle a estas horas! Hay toque de queda -le recordo Tomasz.

– ?Y que sucederia si ella bajase a mi habitacion? ?Que le diria? ?Que sois un grupo de amigos que me habeis venido a visitar a traves de las alcantarillas? Se que corremos todos un gran peligro, pero no podeis quedaros aqui.

– Pero es lo que haremos -afirmo Grazyna, sorprendiendoles a todos por su firmeza.

– No… no puede ser… -protesto Piotr.

– Puede que tu condesa nos denuncie si nos encuentra aqui, pero lo que es seguro es que nos ahorcaran a todos si nos detienen andando por la ciudad durante el toque de queda. Entre ambos riesgos, prefiero correr el de la condesa.

Piotr se encogio de hombros. Estaba demasiado preocupado para oponerse a Grazyna, y los demas no dijeron nada. Tenian claro que era Grazyna quien daba las ordenes.

A las siete y media Grazyna salio de la casa acompanada de Amelia, dos minutos mas tarde lo hicieron Ewa y Tomasz. Apenas salieron, la condesa se presento en la habitacion de Piotr.

– ?Ya se han ido? -pregunto.

El no respondio pero se acerco a ella y la abrazo mientras la acompanaba hacia su propio cuarto. Las criadas regresarian a las ocho, pero si la condesa queria sentirse como una criada, el la complaceria.

El comandante Jurgens seguia hostigando a Amelia con insinuaciones procaces, y ella hacia cuanto podia por evitarle, aunque en ocasiones se lo encontraba en el vestibulo o en el comedor del hotel.

De vez en cuando le llegaba alguna carta de Max desde el frente. Eran cartas formales, como las que se escriben a una buena amiga, pero nada mas. A Amelia no le sorprendia no encontrar ninguna expresion amorosa, sabiendo que cualquier carta que salia del frente pasaba por la censura militar.

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату