Para lo que no estaba preparada fue para lo que sucedio a mediados de noviembre. Una tarde en la que regresaba de ver a Grazyna se tropezo en la recepcion del hotel con la ultima persona con la que habria deseado encontrarse.

La mujer, de porte aristocratico, departia con el comandante Jurgens y otros dos oficiales de las SS, y al volverse, reconocio a Amelia.

– ?Vaya si esta aqui la espanola! -dijo el comandante Jurgens levantando la voz y provocando la atencion de la mujer y la de los oficiales que la acompanaban.

La baronesa Ludovica clavo su mirada en Amelia recorriendola de arriba abajo. Sus ojos destilaban odio y traicionaban la sonrisa que dibujaban sus labios.

– ?Amelia, que sorpresa! No sabia que estaba usted en Varsovia. ?Cuanto me alegro de verla! -dijo la alemana.

Ludovica se acerco a Amelia e hizo ademan de besarla en la mejilla, disfrutando con su nerviosismo.

– Baronesa… no sabia que vendria usted a Varsovia.

– ?Claro que no! ?Como podria saberlo? Es una sorpresa… quiero darle una sorpresa a mi marido, que tampoco sabra usted que llega manana de permiso. Disfrutaremos de unos dias en los que vamos a estar juntos tras estos meses que se me han hecho eternos… Ademas, querida, le traigo un regalo que no me importa que usted conozca antes que el: ?vamos a tener un hijo! Convendra conmigo en que es el mejor regalo que se le puede hacer a un hombre.

Amelia sentia que le temblaban las piernas y notaba que el rostro le estaba ardiendo. La sonrisa burlona de la condesa la humillaba aun mas que las carcajadas del comandante Jurgens, quien no ocultaba lo mucho que disfrutaba con la escena.

– ?No me dice nada, Amelia? ?No me felicita por la buena nueva? -oyo decir a la baronesa.

– Desde luego. La felicito -respondio a duras penas.

– Unase a nosotros, Amelia. La baronesa honrara nuestra mesa con su presencia -dijo el comandante Jurgens.

– Lo siento, estoy… estoy muy cansada… en otra ocasion… -se excuso ella.

– ?Claro, querida, en otra ocasion! Seguro que a Max le gustara que la invitemos a celebrar la buena noticia - dijo la baronesa.

Amelia se dirigio al ascensor intentando controlar el temblor que sentia por todo el cuerpo. Su habitacion estaba justo al lado de la de Max, y aunque permanecia cerrada desde que el se habia ido al frente, temia estar tan cerca de Ludovica, que no habria dudado en instalarse en la habitacion de Max.

Desde luego aquel no era su dia de suerte. Una hora despues de haber llegado al hotel y de dar vueltas por la habitacion sintio unos golpes en la puerta. Temio que fuera el comandante Jurgens, pero la sorpresa fue mayor al escuchar la voz de Grazyna.

– ?Por Dios, Amelia, abre la puerta!

Grazyna tenia el rostro desencajado, y practicamente le costaba hablar.

– Se han llevado a la hermana… -alcanzo a decir.

– ?A la hermana? ?A quien te refieres?

– Se han llevado a la hermana Maria… Alguien ha denunciado la falta de medicamentos en la farmacia del hospital. Al parecer habian hecho un inventario sin que ella supiera nada, y desde hace tiempo tenian un listado completo de lo que faltaba. Esta tarde el director la ha mandado llamar al despacho; la hermana Maria le ha asegurado que ella no sabia nada de esas desapariciones, pero no la han creido y se la han llevado.

– ?Dios mio! ?Y como has sabido todo esto?

– Cuando me he enterado de que el director la habia llamado, he ido a ver a la madre superiora. Estaba muy nerviosa, me ha asegurado que ella no ha dicho nada porque nunca ha querido saber nada, pero que temia que la policia obligara a hablar a la hermana Maria. No he ido a mi casa, es el primer lugar donde iran a buscarme.

– ?Que vamos a hacer? -pregunto Amelia, angustiada.

– No lo se… Pero si la hermana Maria habla… me van a detener, Amelia… estoy segura.

– ?Y has venido aqui! ?Que locura! En este hotel se alojan la mayoria de los oficiales alemanes y un buen numero de oficiales de las SS.

– Precisamente por eso he venido, me ha parecido el lugar mas seguro, aqui no me buscaran. He de quedarme aqui… debes permitir que me quede. -En el tono de Grazyna habia una mezcla de orden y de suplica.

– De acuerdo, puedes quedarte, aunque yo tambien tengo problemas. Esta tarde me he encontrado en el vestibulo a la esposa de Max, y estaba junto a ese comandante de las SS que me odia tanto. No se… no me parece que la presencia de Ludovica sea casual…

– Eso no es importante. Debes ir a avisar a Ewa, ella sabra como dar la voz de alarma a los demas. Esta noche ibamos a llevar mas armas al gueto…

– ?Esta noche? No me habias avisado -se quejo Amelia.

– No… no pensaba hacerlo -admitio Grazyna-, las personas que nos han facilitado las armas se habrian puesto nerviosas al ver a una extrana. Esta vez el cargamento es importante, y… bueno, otros integrantes del grupo iban a ayudarnos a trasladarlas. El problema es que pensaban hacerlo directamente a casa de Piotr. Ewa y yo los ibamos a acompanar hasta alli. Tenemos que evitar que les detengan.

– Pero la hermana Maria no sabe nada sobre tu grupo, de manera que no puede delatarlos.

– Pero si la hacen hablar, confesara que las medicinas me las llevo yo. Puede que a estas horas ya lo haya dicho, y si es asi, sabran mi direccion y me estaran buscando. Y tirando del hilo, no les resultara tan dificil seguir la pista a mis amigos y detenerlos.

– Solo son suposiciones -intento calmarla Amelia.

– ?Vamos, no seas ingenua! ?Crees que a la Gestapo le costara mucho hacer hablar a un monja? Estamos en peligro y hay que actuar con rapidez, o de lo contrario, caera todo el grupo. Acercate hasta la pasteleria de Ewa como si fueras a comprar dulces. Tienes que decir una frase, aprendetela porque es importante: «Me encantan los dulces, pero a veces me atraganto con ellos». ?Te acordaras?

– Claro que si. ?Y con esa frase, ?crees que Ewa sabra lo que sucede?

– Si, y avisara a los demas. Vete ya, solo queda media hora para que cierren la pasteleria.

– ?Y si no encuentro a Ewa?

– Entonces regresa cuanto antes, significara que la han detenido.

– Pero… bueno… ?y si me detienen a mi?

– ?A ti? Es una posibilidad, pero creo que antes que a ti nos detendran a nosotros, al fin y al cabo tu eres la amante de un oficial aleman.

Amelia siguio las instrucciones de Grazyna y salio con paso rapido camino de la pasteleria de Ewa, que no se encontraba muy lejos del hotel. Grazyna esperaria en la habitacion su regreso.

Amelia no tardo mas de diez minutos en llegar. La pasteleria estaba precintada, asi que pregunto al portero de la casa de al lado si sabia que habia sucedido.

– ?Oh!, la policia vino hace un rato. No me pregunte por que, no lo se, ni lo quiero saber.

– Pero algo habra pasado… -insistio Amelia, intentando hacerse entender con su precario conocimiento del polaco.

– Si, seguramente. No sea curiosa y dejeme en paz.

El portero le dio la espalda y Amelia se sintio perdida. ?Que podia hacer? Tomo una decision: iria a avisar a Piotr, seguramente el sabria como dar la voz de alarma entre el grupo de Grazyna. Sabia que era una decision arriesgada, pero no tenia otra opcion: a los unicos miembros que conocia del grupo eran, ademas de Grazyna y Ewa, a Piotr y a Tomasz, y no sabia donde encontrar a este ultimo.

Subio a un autobus que la dejo cerca de la casa de la condesa Lublin. Camino con rapidez mirando a derecha e izquierda por si acaso veia algo sospechoso, pero nada de lo que veia parecia fuera de lo habitual. Se acerco a la parte de atras de la casa situada en el callejon que tambien conocia, y golpeo suavemente la puerta de servicio conteniendo la respiracion.

Una de las criadas de la condesa abrio la puerta y, con gesto adusto, le pregunto que queria.

– Soy amiga de Piotr y necesito verle con urgencia… es… es por un asunto familiar -suplico Amelia, esperando que la entendiera.

La criada la miro de arriba abajo antes de ordenarle que esperara fuera de la casa mientras ella iba a avisar al

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