chofer de la condesa.
Piotr apenas tardo unos minutos en acudir acompanado de la criada. Al ver a Amelia, contrajo el gesto, pero no dijo nada, la agarro del brazo y la metio en su habitacion.
– ?Estas loca? ?Como te atreves a presentarte aqui?
– Han detenido a la hermana Maria, tambien a Ewa. Grazyna esta escondida en mi habitacion. Tienes que avisar a tu grupo para que no vengan esta noche con las armas, u os detendran a todos.
Consciente del peligro, Piotr parecio envejecer de repente. Le costaba pensar que era lo que debia hacer.
– Puede que Ewa haya hablado y les hayan detenido a todos y esten a punto de venir a por mi -respondio despues de unos segundos de silencio.
– No lo se, pero aun podrias intentar hacer algo… Si Ewa no ha hablado, al menos existe la posibilidad de que tu y tus amigos podais huir. Yo debo regresar con Grazyna.
– No, no te vayas. A ti te costara menos ir de un lado a otro… Te dare una direccion, en la plaza Zamkowy, alli encontraras a uno de los nuestros, Grzegorz, el es quien tiene las armas que iban a traer esta noche aqui.
– ?Y tu que haras?
– Intentar huir.
– ?Y si a tu amigo Grzegorz lo han detenido?
– Entonces es cuestion de tiempo que nos detengan a todos, incluso a ti -respondio Piotr, encogiendose de hombros-, pero ahora vete.
Piotr abrio la puerta y miro a ambos lados del callejon, pero no vio nada que le llamara la atencion. A modo de despedida, ambos se desearon suerte.
Amelia volvio a buscar un autobus para llegar hasta la plaza Zamkowy. Consultaba el reloj con impaciencia y rezaba pidiendo encontrar al tal Grzegorz.
Se bajo una parada antes de llegar a su destino y camino deprisa buscando la direccion que le habia indicado Piotr. Subio las escaleras y apreto el timbre con ansia. La puerta se abrio y en la penumbra vio dibujada la silueta de un hombre.
– ?Grzegorz? Usted no me conoce, vengo de parte de Piotr para advertirle…
No pudo terminar la frase: el hombre la agarro del brazo y tiro de ella con fuerza al interior de la vivienda, arrastrandola hasta un amplio salon, tambien en la penumbra. Cuando los ojos de Amelia se acostumbraron a la falta de luz, pudo distinguir a un hombre tirado en el suelo sobre un charco de sangre. Apenas pudo esbozar un grito cuando el hombre que le sujetaba el brazo la empujo tirandola al suelo.
Desde alli pudo distinguir la figura de otro hombre que contemplaba la escena sentado comodamente en un sillon.
– ?Quien es usted? -le pregunto el hombre sentado.
Amelia estaba demasiado asustada para responder. El hombre le dio un puntapie en medio de la cara, y Amelia sintio el sabor metalico de la sangre en los labios.
– Mas vale que hable, de lo contrario puede terminar como su amigo.
Ella continuo sin responder, estaba demasiado conmocionada para hacerlo.
– Jefe -dijo el hombre que habia abierto la puerta-, mejor nos la llevamos a la central, alli hablara.
– Su nombre -insistio el hombre del sofa.
– Amelia Garayoa.
– Usted no es polaca.
– Soy espanola.
– ?Espanola?
Los dos hombres parecian perplejos ante la afirmacion de Amelia.
– ?Que hace una espanola combatiendo al pueblo aleman? ?Acaso nuestros paises no son amigos? ?O es usted una puta comunista? ?O acaso es judia? -insistio el hombre.
Le dio otro puntapie, pero esta vez Amelia alcanzo a cubrirse la cara. Luego sintio como la tiraban del brazo obligandola a ponerse en pie. Sintio un liquido pegajoso en las manos, en las piernas, y se dio cuenta de que era la sangre de Grzegorz.
– Asi que forma usted parte del grupo de esa tal Grazyna, como este desgraciado. Pues ya ve como terminan nuestros enemigos -dijo el hombre mientras la empujaba hacia la puerta.
La metieron en un coche y la llevaron hasta Aleja Szucha, la sede central de la Gestapo.
Durante el trayecto se dijo a si misma que, por duro que fuera lo que le esperaba, tenia que aguantar. Si les contaba que Grazyna estaba en su hotel, la detendrian de inmediato, y Amelia solo tenia una cosa en mente: Ludovica le habia asegurado que Max llegaria al dia siguiente. Si era asi, aunque no fuera facil quiza Grazyna podria encontrar una oportunidad para acercarse a Max y explicarle lo que sucedia. Solo el podia salvarla. Era su unica oportunidad.
La condujeron a un sotano humedo y la empujaron al interior de una celda. Inmediatamente se fijo en que en las paredes habia rastros de sangre y se puso a temblar. Nunca nadie la habia maltratado y no sabia si seria capaz de aguantar que la pegaran.
La tuvieron a oscuras, sin darle de comer ni de beber, hasta que perdio la nocion del tiempo. Penso en Pierre e imagino que la Lubianka no seria demasiado diferente a aquel calabozo nazi. Repaso los avatares de su vida, arrepintiendose profundamente del camino emprendido hasta llegar a aquella celda. Y se dijo que ella sola se habia metido alli. Luego comenzo a rezar con la misma fe de cuando era nina. No es que hubiera dejado de hacerlo, a menudo musitaba una oracion cuando afrontaba cualquier dificultad, pero lo hacia de manera casi automatica, recordando que desde nina su madre le decia que nadie mejor que Dios para ayudarla. Ahora mas que nunca necesitaba que fuera verdad lo que su madre le decia. Rezo todas las oraciones que recordaba: el Padrenuestro, el Avemaria, el Credo, y se lamento de no saber mas.
Cuando por fin se abrio la puerta, entro una mujer de aspecto temible que a empujones la llevo hasta una planta superior donde le anuncio que iba a ser interrogada.
Amelia se sentia sucia, tenia hambre y sed y rezaba pidiendole a Dios que le diera fuerzas para enfrentarse a lo que la esperaba.
La carcelera le ordeno que se desnudara, mientras varios hombres entraban en la sala. Uno de ellos era un capitan de las SS, los otros dos iban vestidos de paisano, y sin siquiera mirarla se quitaron las chaquetas, las colgaron en unos clavos que habia en la pared y sin mediar palabra primero le arrancaron la ropa, y a continuacion comenzaron a golpearla. El primer punetazo lo recibio en el estomago, el segundo en las costillas y el tercero en el bajo vientre, con el cuarto se desmayo. Volvio en si al sentir que se ahogaba. Los dos hombres le estaban metiendo la cabeza en una banera llena de agua sucia. La metian y sacaban sin darle tiempo a coger aire. Cuando se cansaron de aquello, le ataron las manos con una soga que le despellejaba la piel y la colgaron de un gancho que pendia del techo. Con los brazos hacia arriba, desnuda, y sujeta solo por aquella cuerda que encadenaba sus manos, Amelia sentia el crujir de sus huesos y el dolor de todos y cada uno de sus musculos. Notaba el sabor salado de sus lagrimas abriendose paso por la comisura de los labios, y a lo lejos escuchaba sus propios gritos de dolor.
– Bien, senorita Garayoa -escucho decir al oficial de las SS que hasta ese momento habia esperado en silencio fumando cigarrillo tras cigarrillo mientras contemplaba impasible como la torturaban-. Creo que ahora podremos hablar. ?Le parece bien? Quiero que responda a unas cuantas preguntas; si lo hace, no sufrira mas, por lo menos hasta que la juzguen. Y ahora, digame: ?donde esta su amiga Grazyna?
– No lo se -alcanzo a decir Amelia.
Uno de los torturadores le propino un punetazo en el vientre y Amelia volvio a aullar de dolor.
– Vamos… vamos… empecemos otra vez. ?Donde esta Grazyna Kaczynsky? La pregunta es muy sencilla. ?Responda! -grito el oficial.
– No lo se, hace dias que no la veo.
– De manera que admite conocer a la senorita Kaczynsky, eso esta muy bien. Y como buenas amigas que son, ahora debe decirme donde se encuentra.
– No lo se… se lo aseguro. Ella… ella trabaja… nos vemos muy de vez en cuando…
– Sobre todo en las noches sin luna llena, ?verdad?
– No se de que me habla -respondio ella mientras de nuevo le golpeaban las piernas, esta vez con un palo.
