– Le hablo de armas… Si, quien iba a decir que una senorita tan delicada como usted se dedicaba a ayudar a un grupo de delincuentes peligrosos que amontonan armas para matar alemanes. Porque las armas eran para matar alemanes, ?verdad?
– Yo… no se… no se nada de armas.
– ?Claro que si! Usted y sus amigos forman parte de un grupo criminal que ayuda a esos sucios judios, y ademas preparaban acciones contra nuestro Ejercito. ?Pobres desgraciados!
El capitan le hizo un gesto a uno de los hombres de paisano y este le propino un golpe cerca de la sien. Volvio a perder el conocimiento y lo recupero, al sentir un chorro de agua fria sobre el rostro. La carcelera tenia un cubo en la mano, la mujer le habia arrojado el agua y parecia disfrutar viendola sufrir. Amelia se dio cuenta de que apenas veia, las figuras eran borrosas y rompio a llorar con las pocas fuerzas que le quedaban.
– Puedo mandarla a su celda solamente con que me diga donde esta su amiga Grazyna Kaczynsky; pero si se empena en sufrir, le aseguro que aun no ha llegado lo peor -dijo el capitan de las SS.
– ?Por favor, dejeme! -suplico Amelia.
– ?Me dira donde esta su amiga?
– ?No lo se! ?No lo se!
Uno de los hombres se acerco con algo en las manos. Amelia apenas alcanzaba a verle entre brumas, luego grito como un animal malherido al sentir dos pinzas apretando sus pezones. Sus propios gritos la espantaban, pero aquellos hombres la contemplaban con un silencio indiferente. No supo cuantos minutos tuvo aquellas pinzas sobre sus pezones porque volvio a desmayarse. Cuando desperto estaba sobre el suelo de su celda. No tenia fuerzas para moverse, y ademas no queria hacerlo, no fuera que si la veian despierta volvieran a subirla a la sala de torturas.
Permanecio alli encogida, sintiendo el frio del suelo sobre un charco formado por la sangre de sus propias heridas.
Temia moverse, ni siquiera se atrevia a llorar aunque el dolor le resultaba insoportable. El pecho le ardia y se pregunto si aun conservaba los pezones.
Perdio la nocion del tiempo y temblo de miedo cuando de nuevo escucho abrirse la puerta de la celda. Tenia los ojos cerrados, pero pudo sentir la presencia de la carcelera.
– Esta hecha un guinapo, no creo que dure mucho -le dijo a un hombre que la acompanaba.
– Da igual, el capitan ha dicho que hagamos lo que sea para que esta perra hable.
Amelia lloro pensando que si la volvian a torturar no tendria fuerzas para seguir negandose a confesar.
El capitan aguardaba en la sala de torturas y la miro con gesto cansado, con desprecio por hacerle perder su valioso tiempo.
De nuevo le colocaron la soga alrededor de las manos y la colgaron del gancho del techo. Primero sintio los punos de aquellos hombres estrellarse contra sus costillas, el vientre, el pecho, luego la golpearon con una barra en las plantas de los pies. Tenia la boca tan hinchada que apenas podia gritar, ni mucho menos pedir que la dejaran, que estaba dispuesta a hablar. No pudo hacerlo, de nuevo le metieron la cabeza en la banera de agua sucia, sin apenas dejarle tiempo para que pudiera respirar, hasta que al final le dieron una tregua: oia como se reian mientras la obligaban a tragarse sus propios vomitos.
Cuando se cansaron de golpearla, el capitan se acerco a ella.
– Hemos detenido a todos sus amigos, solo nos queda encontrar a Grazyna Kaczynsky, y le aseguro que lo haremos. No sea estupida y digame donde esta.
Uno de los hombres se acercaba con las pinzas en las manos, o eso creyo ella, y entonces grito con todas sus fuerzas. Apenas las pinzas apretaron los pezones, Amelia se desmayo.
Cuando volvio en si se encontro sentada en una silla en la sala de torturas. El capitan hablaba por telefono y parecia muy excitado.
– ?Deprisa, vamos al hotel Europejsky! Han detenido a una mujer, parece que es la Kaczynsky.
Amelia le miro a traves de la bruma que cubria sus ojos. Estaba segura de no haber dicho nada, ?o acaso si?
– Esta volviendo en si -dijo la carcelera-, lo mismo dice algo.
– No, ahora iremos al hotel -ordeno el capitan-. Despues continuaremos con ella.
Al pasar junto a Amelia uno de los torturadores no resistio la tentacion de volver a golpearla.
5
Grazyna llevaba dos dias sin salir de la habitacion. Se ocultaba en el armario cada vez que escuchaba girar la llave y entrar a la camarera, quien observaba extranada la ausencia de Amelia. En realidad sabia que la camarera sospechaba que seguia alli. La habia visto la tarde en que se marcho Amelia. Ella le dijo que era amiga de la senorita Garayoa y que esta le habia pedido que la esperara hasta su regreso. Pero Amelia llevaba dos dias sin aparecer. Ademas de por la camarera, tambien se asusto cuando desde su escondite en el fondo del armario vio entrar a un oficial aleman mirando preocupado la habitacion vacia. El oficial salio casi de inmediato y penso que aquel hombre podia ser el amante de Amelia. A veces le escuchaba hablar con una mujer a traves de las rendijas de la puerta que separaba su habitacion de la de aquel hombre. No parecia muy feliz con su mujer, porque se les oia discutir.
En el fondo del armario, disimulada entre la ropa, habia encontrado escondida la camara con la que Amelia fotografiaba los documentos de su amante.
Segun pasaban las horas, mas segura estaba de que habian detenido a Amelia, de lo contrario habria regresado. Le daba vueltas a como escapar y al final decidio hacerlo a la manana siguiente, cuando hubiera gente en el vestibulo del hotel, de este modo podria pasar inadvertida. Lo peor es que no tenia donde ir, porque la ausencia de Amelia significaba que no habia llegado a tiempo de avisar para que se salvara el grupo. Solo le quedaba intentar llegar a Ciechanov, donde vivia su tia Agnieszka; siempre habia sido su sobrina favorita y estaba segura de que la ayudaria.
Se habia quedado dormida cuando sintio abrirse la puerta y no le dio tiempo a correr para esconderse en el armario.
Varios hombres entraron seguidos por la camarera y un conserje. La camarera senalo a Grazyna.
– Esta es la mujer que lleva tres dias aqui, en la habitacion de fraulein Garayoa… Supongo que la esta esperando… yo… ya le he dicho al senor director que me parecia muy sospechoso.
– Marchense -les conmino a la camarera y al conserje uno de los hombres de la Gestapo. Ambos obedecieron de mala gana, deseosos de saber que iba a pasar.
Grazyna se habia quedado inmovil. Sabia que no podia escapar. La sujetaron por los brazos al tiempo que le ordenaban que dijera su nombre.
– Me llamo Grazyna Kaczynsky -musito.
Uno de los hombres comenzo a registrar la habitacion. No tardo en encontrar la camara que Amelia habia escondido en el armario.
No supo por que lo hizo, pero comenzo a gritar con todas sus fuerzas, mientras se resistia a ser sacada de la habitacion por aquellos hombres de la Gestapo. Y tan fuertes fueron sus gritos que los inquilinos de las habitaciones cercanas salieron al pasillo.
Grazyna pudo leer el asombro en los ojos de aquel oficial que un dia antes habia entrado apenas unos segundos en la habitacion.
Max von Schumann intento hacer valer su autoridad como oficial para intentar que aquellos hombres le dieran una explicacion de lo que sucedia, a pesar de que Ludovica le instaba a regresar a la habitacion.
– Metase en sus asuntos, comandante -le dijo con desprecio uno de los hombres de la Gestapo.
– Le ordeno que me explique que sucede aqui y por que se llevan a esta senorita…
– Usted no puede ordenarnos nada- respondio el hombre.
Una risa sardonica alerto a Max y al volverse se encontro con el comandante Ulrich Jurgens.
– Baronesa. -El comandante Jurgens hizo una exagerada reverencia a Ludovica, que esta correspondio con una
