amplia sonrisa.
– ?Que esta pasando Jurgens? -le pregunto Max al comandante de las SS.
– Como puede ver, estan deteniendo a esta senorita. ?Me equivoco si no es esta la habitacion de su buena amiga fraulein Garayoa? ?Que lamentable casualidad, una criminal en la habitacion de una amiga suya!
Ludovica torcio el gesto y clavo sus ojos airados en el comandante Jurgens, que esquivo la mirada.
Max miro con odio a Jurgens pero no perdio tiempo sabiendo que aquella mujer que se llevaban era la unica que podia decirle donde estaba Amelia.
– ?Quien es usted? -le pregunto a Grazyna.
– Usted no tiene autoridad para preguntar a la detenida -le corto el comandante Jurgens.
– ?Ni usted para darme ordenes! ?Como se atreve!
– ?La han detenido! ?Han detenido a Amelia! Yo la esperaba aqui. ?La han detenido! -grito Grazyna.
– Pero ?por que? ?Quien es usted?
– Trabajo en el hospital… conoci a Amelia… ella… ella…
No pudo decir mas. Los hombres de la Gestapo la golpearon y se la llevaron arrastrando por las escaleras. Cuando Max se disponia a ir tras ellos, Ludovica le cogio del brazo.
– ?Por favor, Max, no seas imprudente!
– Como siempre, tiene usted razon, baronesa, parece que su marido necesita que le recomienden prudencia o de lo contrario… quien sabe lo que le puede suceder… tiene usted amigos muy peligrosos, baron Von Schumann… amigos que pueden reportarle muchas incomodidades.
– No se atreva a amenazarme, Jurgens -le advirtio Max von Schumann.
– ?Amenazarle? ?No me atreveria a tanto! ?Quien puede amenazar a un oficial aristocrata de la Wehrmacht? - rio Jurgens.
– ?No sea impertinente! -le reprendio Ludovica.
– Perdon, baronesa, bien sabe que nada mas lejos de mi intencion que contrariarla, los amigos no suelen contrariar a sus buenos amigos.
– Usted no es nuestro amigo, Jurgens -asevero Max.
– Soy un devoto servidor de la baronesa -dijo mirando a Ludovica.
Esta tiro del brazo de Max hasta hacerle entrar en la habitacion. Los huespedes de las otras habitaciones continuaban en el pasillo observando con curiosidad la escena, y a ella le horrorizaba convertirse en la comidilla de aquella gente a la que despreciaba.
– Voy a salir, Ludovica -dijo Max apenas cerraron la puerta-. He de saber que le ha sucedido a Amelia.
– Se me olvido decirte que la vi hace un par de dias en el vestibulo. Fue una sorpresa encontrarla aqui, iba acompanada por un joven muy apuesto -mintio Ludovica-. Yo que tu no me preocuparia por ella.
– ?No has escuchado lo que ha dicho esa mujer a la que se llevaban detenida?
– ?Por Dios, Max, no sabemos quien es esa mujer! Y si es una criminal que estaba en la habitacion de Amelia, no nos conviene curiosear. Al fin y al cabo tampoco sabemos demasiado de esa espanola. Llego a Berlin como amante de ese periodista norteamericano… Una mujer asi… en fin… no creo que tengamos que mezclarnos con sus problemas.
Pero Max no parecia escuchar a Ludovica. Daba vueltas por la habitacion resuelto a ir en busca de Amelia. ?Quien seria aquella chica que se llevaban detenida? Quiza esa nueva amiga de la que Amelia le habia hablado en alguna ocasion… pero ?que habia hecho? ?Por que se la llevaban detenida?
– Max, en mi estado no me convienen los sobresaltos ni los disgustos. -Ludovica se habia acercado a su marido y, agarrandole la mano, se la habia colocado sobre su vientre-. ?No sientes a nuestro hijo? Tienes una responsabilidad, Max, conmigo, con nuestro hijo, con tu apellido…
De repente Max parecia comprender lo que hasta el momento le habia parecido natural: Ludovica se habia quedado embarazada antes de que a el le enviaran a Varsovia; ella habia buscado aquel embarazo por temor a perderlo y habia acudido hasta alli para reclamarle que actuara como quien era, un Von Schumann, un aristocrata, un oficial del Ejercito que no podia escapar de su lazo matrimonial sin deshonrar a su familia.
Pero Ludovica debia de saber que Amelia estaba en Varsovia, que habia ido con el.
Hacia dos dias que habia regresado del frente y sonaba reencontrarse con Amelia, pero para su sorpresa se encontro con Ludovica, y por mas que habia preguntado en recepcion, no habian sabido darle noticias de Amelia.
Ludovica se deshacia en carantonas y el mismo habia tenido un sentimiento encontrado al saber que iba a tener un hijo; un hijo que continuara con las tradiciones, que llevara con orgullo el apellido Von Schumann. Aun asi, sentia un intimo remordimiento, porque con aquel hijo sentia estar traicionando a Amelia.
No le cabia la menor duda de que Amelia estaba en peligro y que el comandante Ulrich Jurgens no era ajeno a ello. Pero ?ocurria lo mismo con Ludovica? Le habia extranado la familiaridad que parecia haber entre su esposa y aquel comandante de las SS.
– Lo siento, querida, pero voy a buscar a Amelia donde quiera que este.
– No lo hagas, Max, no lo hagas, no tienes derecho a ponerme en evidencia.
– ?Que quieres decir?
– ?Crees que en Varsovia es un secreto que tienes una amante? ?Cuanto crees que tarde en enterarme que esta habitacion se comunica con la de una joven espanola de nombre Amelia Garayoa? -le dijo, y un poco mas calmada, prosiguio-: Vamos a tener un hijo Max, y nuestra obligacion es que pueda llevar con orgullo el nombre de sus padres. El tuyo, Max, sera un Von Schumann pero tambien llevara el mio, sera un Von Waldhein; nuestro hijo sera la sintesis de lo mejor de nuestra raza. ?Vas a ensuciar su futuro yendo tras esa aventurera espanola? ?Hasta cuando crees que voy a aguantar mas humillaciones? He callado ante algunas evidencias, no he querido ver lo que los demas veian. ?Y sabes por que lo he hecho, Max? Por ser quienes somos, por cumplir con el sagrado compromiso que adquirimos ante el altar, pero que mucho antes que nosotros adquirieron nuestros padres. No podemos escapar de quienes somos, Max, no podemos.
– Voy a buscar a Amelia. Lo siento, Ludovica.
– ?Max!
Salio de la habitacion sin saber muy bien adonde ir, temiendo que Amelia tambien estuviera en manos de la Gestapo al igual que la joven a la que acababan de detener. Pero ?por que? ?Que habia hecho Amelia durante el tiempo en el que el habia estado en el frente?
De repente recordo las relaciones de su amante con los britanicos y se pregunto si esa seria la causa de su detencion. Pero de inmediato se dijo que no, que Amelia no era una agente, tan solo habia hecho de correo para los britanicos por su relacion con aquel periodista Albert James, sobrino de lord Paul James, uno de los jefes del Almirantazgo.
Se dirigio al Cuartel General sin saber a quien pedir ayuda, alguien con suficiente autoridad ante los hombres de los Einsatzgruppen, de la Gestapo, de las SS, de quienes fuera que tuvieran a Amelia.
Busco a su ayudante, el capitan de intendencia Hans Henke; necesitaba hablar con alguien.
– Usted conoce al general Von Tresckow -le recordo el capitan Henke.
– ?Cree que el general puede hacer algo?
– Quiza…
– Pongame con su ayudante… al menos puedo intentarlo.
– Tambien puede recurrir a Hans Oster e incluso a Canaris, quiza ellos tengan mas posibilidades de actuar.
– Si… si… tiene usted razon, tengo un amigo que trabaja con Oster, la Abwehr tiene oidos en todas partes… Hablare con el e incluso con el mismisimo Hitler si fuera necesario.
A Grazyna la torturaron durante varios dias con mas sana aun de lo que habian atormentado a Amelia. Sospechaban que era quien dirigia aquel grupo de resistencia y necesitaban saber que operaciones tenian en marcha. Algunos de los miembros del grupo a los que habian detenido, entre ellos a su prima Ewa y Tomasz, habian asegurado que no hacian mas que intentar ayudar a algunos amigos del gueto, pero no les creyeron.
La operacion contra aquel grupo habia comenzado por la indiscrecion de una de las secretarias del director del hospital donde trabajaba Grazyna. La mujer mantenia una relacion sentimental con un soldado del Ejercito aleman y en una ocasion, sin darse cuenta, le habia comentado que su jefe sospechaba que alguien se estaba llevando
