– Y lo estoy, ?como podria ser de otra manera? Pero no creo que Santiago quiera romper su compromiso contigo, tiene que haber una explicacion aparte de la que os ha dado su madre. Espera a que regrese, espera a escucharlo…
– ?Es imperdonable lo que me ha hecho! ?Como puedo confiar en el? No, no y no. Quiero que tu hija Edurne vaya a devolverle sus cartas y su anillo y que quede claro que se ha terminado todo entre nosotros. Y esta tarde ire a merendar a casa de mi amiga Victoria, alli me encontrare con otras amigas y sere yo quien anuncie que he decidido romper mi compromiso con Santiago porque no estoy segura de mis sentimientos hacia el. No voy a consentir que sea el quien rompa y me humille…
– Amelia, por favor, ?piensatelo! Habla con tu madre, ella sabra aconsejarte mejor que yo…
– ?Que sucede? -Dona Teresa entro en el cuarto de Amelia alertada por el timbre de voz histerico de su hija.
– ?Mama, voy a romper con Santiago!
– ?Hija, que cosas dices!
– Dona Teresa, yo… perdone que haya venido a hablar con Amelia de este asunto familiar, pero como ha mandado a mi Edurne a entregar a los senores de Carranza el anillo de compromiso…
– ?El anillo! Pero, Amelia, ?que vas a hacer? Hija, calmate, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir.
– Eso le decia yo -intervino mi madre.
– ?Que no! Yo rompo con Santiago, el lo ha querido asi. No voy a permitir que me deje en ridiculo.
– ?Por Dios, Amelia, al menos espera a que regrese tu padre!
– No, porque cuando llegue papa, yo ya me habre convertido en el hazmerreir de todo Madrid. Esta tarde ire a merendar a casa de mi amiga Victoria, y alli anunciare a todas mis amigas que he roto con Santiago. Y tu, Amaya, dile a Edurne que vaya de inmediato a casa de los Carranza, y si no la dejais ir, ire yo.
Tambien Antonietta entro en la habitacion de su hermana alertada por las voces y se unio a las suplicas de su madre y la mia para que reconsiderara su decision. Fue a Antonietta a quien se le ocurrio una solucion: dona Teresa volveria a telefonear a dona Blanca para contarle el disgusto de Amelia y su decision de romper con Santiago si este no aparecia de inmediato para darle una explicacion.
Con mas nervios que ganas, dona Teresa telefoneo a dona Blanca. Esta prometio que llamaria enseguida a su marido para que intentara encontrar a su hijo dondequiera que estuviese, que ella, juro, no lo sabia; pero hasta entonces solicitaba de Amelia un poco de paciencia y sobre todo de confianza en Santiago.
Amelia acepto a reganadientes, pero aun asi esa tarde fue a merendar a casa de su amiga Victoria junto a otras jovenes de su edad. Alli, entre risas y confidencias, dejo caer que no estaba segura de no haberse precipitado comprometiendose tan rapidamente con Santiago, y expreso sus dudas respecto a si debia o no casarse. Ella y sus amigas dedicaron la tarde a analizar los pros y los contras del matrimonio. Cuando salio de casa de Victoria, Amelia se sentia satisfecha: si Santiago la dejaba, siempre podria decir que habia sido ella la que realmente queria romper con el.
Poco podiamos imaginar que aquella tormenta en un vaso de agua terminaria algun dia convirtiendose en una autentica tempestad que arrasaria a cuantos encontro a su paso. Porque cuando dos dias mas tarde Santiago, que se encontraba en Amberes, llamo a su padre para comentarle algunos pormenores del viaje de negocios, este le urgio para que regresara rapidamente a Madrid, ya que Amelia se habia tomado a mal su desaparicion y amenazaba con romper el compromiso. Santiago regreso de inmediato. Aun recuerdo lo furioso que estaba cuando acudio a casa de Amelia.
Ella lo recibio en el salon flanqueada por su madre y su hermana.
– Amelia… siento el disgusto que te he causado, pero no podia imaginar que mi ausencia por cuestiones de trabajo te llevara a querer romper nuestro compromiso.
– Si, estoy disgustada. Me parece una falta de consideracion que te fueras sin decirme nada. Tu madre nos ha explicado que es habitual que lo hagas, pero comprenderas que ese comportamiento es extrano y mas en visperas de una boda. No quiero que te sientas obligado por la palabra dada, de manera que te libero de tu compromiso para conmigo.
Santiago la miro de arriba abajo, incomodo. Amelia habia recitado aquella parrafada que llevaba ensayando desde que Santiago telefoneara para anunciar su visita. La presencia de dona Teresa y Antonietta, nerviosas ambas, tampoco ayudaba a que Amelia y Santiago se sinceraran.
– Si es tu deseo romper nuestro compromiso, no tengo mas remedio que aceptarlo, pero pongo a Dios por testigo que mis sentimientos hacia ti permanecen inalterables, y que nada desearia mas que… que me perdonaras, si es que en algo te he ofendido.
Dona Teresa suspiro aliviada y Antonietta dejo escapar una risa nerviosa. Amelia no sabia que hacer; por una parte, queria continuar interpretando el papel de dama ofendida, al que habia cogido gusto, y por otra, estaba deseando zanjar el incidente y casarse con Santiago. Fue Antonietta la que permitio que los dos novios se arreglaran.
– Creo que deberian hablar solos, ?no te parece, mama? -Si… si… En fin, hijo, si continuas dispuesto a casarte con Amelia, por nuestra parte solo decirte que te damos nuestra bendicion…
Cuando se quedaron solos estuvieron unos minutos en silencio, mirandose de reojo, sin saber que decirse; luego Amelia rompio a reir, lo cual desconcerto a Santiago. Dos minutos mas tarde charlaban como si nada hubiese pasado.
Las familias de ambos respiraron tranquilas. Temian lo peor: un escandalo a pocas semanas de la boda, cuando ya se habian leido las amonestaciones y empezado a recibir los primeros regalos en casa de los Garayoa, y el convite, que se celebraria en el Ritz, habia sido reservado y pagado a partes iguales por las dos familias.
Con la excusa del regreso de don Juan procedente de America, las dos familias se reunieron a cenar en casa de los Garayoa; asi pudieron comprobar que Amelia y Santiago parecian tan enamorados como antes del incidente. Mas, si cabe.
Don Juan estaba vivamente impresionado por lo que habia visto en America. Admiraba los esfuerzos de sus gentes para salir de la Depresion y comparaba la sociedad norteamericana con la espanola. En aquella cena hablaron mucho de politica, a pesar de que dona Teresa tenia prohibido hacerlo en la mesa.
– Los norteamericanos tienen muy claro lo que quieren y en que direccion deben marchar todos juntos para superar la crisis, y estan saliendo de ella, el Crack del veintinueve pronto parecera un mal sueno.
– Mi querido amigo, aqui dedicamos mucho tiempo a fastidiarnos los unos a los otros, el bienio social-azanista es un ejemplo -respondio don Manuel.
– No entiendo su desconfianza hacia don Manuel Azana -replico don Juan-. Es un politico que sabe hacia donde debemos ir, que defiende que el Estado ha de ser fuerte para poder hacer las reformas democraticas que necesitamos.
– Pues ya ve usted adonde nos ha conducido su politica. A mi no me convencera de que fue un acierto que en el treinta y dos se le diera la autonomia a Cataluna, y claro, los vascos, esa gente del PNV, andan en lo mismo. Menos mal que ahora, tras los intentos de revolucion de octubre, la autonomia catalana ha quedado suspendida.
– Papa, hay que tener respeto por los sentimientos de la gente, y en Cataluna poseen un sentimiento de identidad nacional muy fuerte. Lo mejor es, como siempre ha intentado Azana, encauzar ese sentimiento. Don Manuel Azana ha defendido siempre una Espana unida, pero hay que buscar la manera de que todos nos sintamos comodos en ella.
Santiago intentaba mostrarse conciliador para impedir que su padre terminara enfadandose a cuenta de la politica.
– ?Todos? ?Quienes somos todos? -pregunto irritado don Manuel-. Espana es una unidad cultural y sobre todo historica, pero con esto de las autonomias dejara de serlo, y si no al tiempo.
Dona Teresa y dona Blanca intentaban introducir otros temas para que sus maridos no siguieran hablando de politica.
– Creo que van a hacer una nueva representacion de
