Sin embargo, ambas mujeres fracasaron en el intento de desviar la conversacion. Ni Don Juan ni don Manuel estaban dispuestos a dejar de discutir de lo que les preocupaba.

– Pero usted estara conmigo que el triunfo de la derecha en el treinta y tres no ha traido ningun sosiego a Espana. Estan deshaciendo todo lo que hicieron los gobiernos anteriores -terciaba don Juan.

– No me dira que a usted le parecia bien que se pudiera expropiar las tierras a cualquiera por el hecho de ser noble…

– A cualquiera, no. Usted sabe que lo que trato el gobierno de 1931 fue de acabar con la Espana feudal - replicaba Don Juan.

– ?Y que me dice de la reforma militar de su admirado Azana? Si se descuida nos deja sin Ejercito. Retiro a mas de seis mil quinientos oficiales, y mucho hablar de modernizar el Ejercito al tiempo que reducia el gasto en Defensa -contestaba don Manuel.

– Tambien hicieron cosas positivas, por ejemplo, la reforma religiosa y educativa… -intervino Santiago.

– ?Pero que dices, Santiago! ?Dios mio, hijo, si no te conociera creeria que eres uno de esos socialistas revolucionarios!

– Papa, no se trata de ser revolucionario, sino de mirar a nuestro alrededor. Cuando viajo por Europa me da pena ver lo atrasados que estamos…

– Y por eso se meten con los pobres curas y monjas que prestan un apoyo desinteresado a la sociedad. Tu, hijo, que presumes de democrata, ?me vas a decir que es democratico prohibir la ensenanza a las ordenes religiosas? ?Y expulsar a un cardenal de Espana porque no gusta lo que dice…? ?Eso es democracia?

– Papa, el cardenal Segura es un hombre de cuidado, creo que todos nos sentimos mas tranquilos desde que no esta en Espana.

– Si, si, todos esos excesos izquierdistas son los que han hecho que ganen las derechas tan denostadas por vosotros -respondio enfadado don Manuel.

– Y creo que hay motivos para preocuparse por lo que esta pasando con las derechas no solo en Espana. Fijate en Alemania, ese Hitler es un demente. No me extrana que las gentes de izquierdas esten preocupadas -replico Don Juan-. Yo mismo soy una victima indirecta del fanatismo de Hitler. Su politica antijudia le ha llevado a suprimir los derechos legales y civiles a los judios, y a hacer imposible sus actividades economicas. Yo soy una victima de esa politica puesto que mi socio herr Itzhak Wassermann es judio. Nos hemos quedado sin negocio. ?Saben que nos han roto los cristales del almacen en mas de cuatro ocasiones?

– Lo que pretende Hitler es expulsar a los judios de Alemania -sentencio Santiago.

– Si, pero los judios alemanes son tan alemanes como el que mas, no podran privarles de lo que son -intervino dona Teresa.

– No seas ingenua, mujer. Hitler es capaz de todo -indicaba Don Juan-. Y el pobre Helmut, nuestro empleado, tiene que andarse con cuidado por el solo hecho de haber trabajado con un judio.

– Si, es terrible lo que esta pasando alli, pero nada tiene que ver lo que sucede aqui con lo de Alemania, mi querido amigo. Yo siento lo que le ha sucedido, pero no compare, no compare… Por lo que nos debemos preocupar es por las amenazas de algunos socialistas que hablan de acabar con la democracia burguesa. Incluso hombres moderados como Prieto han llegado a hablar de revolucion.

– Bueno, eso es una manera de intentar frenar a la derecha en sus planes mas controvertidos. No pueden deshacer todo lo hecho anteriormente. Prieto les esta dando un aviso para que se lo piensen mas antes de actuar -argumento Santiago.

– ?Hijo, no te das cuenta de que lo que ha pasado en Asturias ha sido un conato de revolucion que como se extienda por el resto de Espana va a suponer una catastrofe!

– El problema que tenemos -replico Santiago- es que tanto las derechas como las izquierdas estan maltratando a la Republica. Ni los unos ni los otros terminan de creer en ella, ni de encontrar su acomodo.

Santiago tenia una vision diferente de la politica. Quiza porque viajaba mucho fuera de Espana. No estaba con las derechas, y aunque simpatizaba con las izquierdas, tampoco les escatimaba criticas. Era azanista, sentia una gran admiracion por don Manuel Azana.

La boda se celebro el 18 de diciembre. Hacia mucho frio y llovia, pero Amelia estaba radiante con su traje blanco de tafetan y seda.

A las cinco en punto de la tarde, en la iglesia de San Gines, Amelia y Santiago se casaron. La suya fue una de esas bodas de las que se hicieron eco las paginas de sociedad de los periodicos madrilenos, y a la que acudio gente de muchos lugares, ya que tanto don Manuel Carranza como Don Juan Garayoa tenian, por sus negocios respectivos, socios y compromisos en muchas otras capitales de Espana.

Dona Teresa estaba mas nerviosa que Amelia, y tanto como ella estaban Melita y Laura, que hacian, junto a Antonietta, de damas de honor.

La ceremonia la concelebraron tres sacerdotes amigos de la familia. Y mas tarde, durante el convite en el Ritz, Amelia y Santiago abrieron el baile.

Fue una boda preciosa, si… Amelia siempre dijo que habia sido la boda sonada, que no habria podido imaginarsela de manera diferente.

Cuando al filo de la medianoche se despidieron de los invitados, Amelia se abrazo a Laura llorando, las dos como siempre tan unidas. Aquella noche sabian que su vida cambiaria, que al menos Amelia dejaba atras ser la muchacha a la que se le permitian todas las travesuras, para pasar a convertirse en una mujer.»

Edurne se quedo en silencio. Llevaba mucho tiempo hablando, y yo ni me habia movido fascinado como estaba por el relato.

Comenzaba a ver el reflejo de lo que habia sido mi bisabuela y debo reconocer que habia en ella algo que me intrigaba. Quiza fuera la manera en que Edurne la habia descrito, o simplemente que habia sabido despertar mi curiosidad.

La antigua doncella de mi bisabuela parecia exhausta. Sugeri que pidieramos un vaso de agua, pero ella rechazo con la cabeza. Estaba alli, hablando conmigo, porque las senoras Garayoa se lo habian ordenado, ella conservaba un vinculo con ellas en el que cada cual tenia su papel establecido: ellas mandaban y Edurne obedecia. Asi habia sido en el pasado, y asi continuaba siendo en este presente en el que ninguna de ellas podia aspirar a tener futuro.

– ?Y luego que paso? -pregunte dispuesto a no dejarla que interrumpiera el relato.

– Se marcharon a Paris de viaje de novios. Fueron en tren. Amelia llevaba tres maletas. Tambien cruzaron el Canal, para ir a Londres. Creo que la travesia fue terrible y ella se mareo. No regresaron hasta finales del mes de enero. Santiago aprovecho el viaje para ver a alguno de sus socios.

– ?Y despues? -insisti porque no queria imaginar que la historia se acabara asi.

– Cuando volvieron del viaje de novios se instalaron en una casa propia, regalo de boda de don Manuel a su hijo. La casa estaba cerca de aqui, al principio de la calle Serrano. Don Juan y dona Teresa se habian encargado de amueblar la casa, y tener a punto todos los detalles para cuando los novios regresaran de Paris. Yo me fui a servir a casa de Amelia. No crea que no me costo separarme de mi madre, pero Amelia habia insistido en que me fuera con ella. No me trataba como a una sirvienta, sino como a una amiga; supongo que los meses pasados en el caserio habian consolidado entre nosotras una relacion especial. A Santiago le sorprendia la familiaridad que habia entre nosotras, y de la que el mismo termino participando. ?Sabe? El era una gran persona… Amelia le pidio que le permitiera terminar Magisterio, y el acepto gustoso; la conocia y sabia que dificilmente podia reducirla al papel de ama de casa. En cuanto a mi, ella se empeno en que estudiara, en que tuviera ambiciones. Ya ve usted como era. Pero, ademas, a Amelia le influia mucho Lola Garcia, y esta la convencio para que me enviara a recibir instruccion en un local que tenian los de las Juventudes Socialistas de Espana. Alli ensenaban de todo: a leer y a escribir a maquina, a bailar, a coser…

– ?Lola Garcia? ?La que huia de la policia?

– Si, la misma. Fue una persona clave en la vida de Amelia… V en la mia.

Edurne estaba muy fatigada, pero yo no queria que dejara de hablar. Intuia que lo mas interesante era lo que iba a contarme a continuacion. De manera que le insisti para que bebiera agua.

– Perdone la pregunta, pero ?cuantos anos tiene usted, Edurne?

– Dos menos que Amelia, noventa y tres.

– O sea que mi bisabuela tendria ahora noventa y cinco anos…

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