– Si, asi es. ?Quiere que continue?
Asenti agradecido mientras pensaba que sucederia si encendia un cigarrillo. Pero temi que de un momento a otro apareciera el ama de llaves o la sobrina de las ancianas, y decidi no tentar a la suerte.
«Apenas habia regresado de la luna de miel en Paris, cuando Amelia se encontro a Lola Garcia. Fue por casualidad. Lola iba tres tardes a la semana a hacer la colada, coser y planchar a casa de unos marqueses que vivian en el barrio de Salamanca, muy cerca del domicilio de su tio don Armando. Una tarde en que Amelia salia de merendar con Melita y Laura, tropezo con Lola. Amelia se llevo una gran alegria, y por mas que Lola se resistio, al final acepto acompanar a Amelia hasta su nueva vivienda de recien casada.
Amelia trato a Lola como si fueran amigas de toda la vida, interesandose por sus cosas, sobre todo por sus avatares politicos. Lola respondia a sus preguntas con desconfianza; no terminaba de comprender a aquella chica burguesa que vivia en una lujosa casa del barrio de Salamanca y que sin embargo le preguntaba con avidez sobre las demandas de los obreros y las causas del descontento social.
Les servi cafe en el salon, y Amelia me invito a sentarme con ellas. Yo estaba igual de incomoda que Lola, pero Amelia no parecia darse cuenta.
Lola le explico que iba a recibir instruccion en una Casa del Pueblo, que alli le habian ensenado a leer y a escribir, que le hablaban de historia, de teatro, e incluso aprendia a bailar. Amelia parecia entusiasmada, y pregunto si me admitirian a mi o debia de afiliarme a las Juventudes Socialistas. Lola dudo, y se comprometio a preguntar.
– Supongo que la admitiran. Al fin y al cabo, Edurne es una trabajadora… aunque ?no te gustaria afiliarte?
– Yo… bueno, nunca me ha interesado mucho la politica, no soy como mi hermano -respondi.
– ?Tienes un hermano? ?En que partido milita? -quiso saber Lola.
– En el PNV, y ademas trabaja en una sede del partido…
– O sea que colabora con los burgueses nacionalistas.
– Bueno, tiene un trabajo y ademas cree que los vascos somos diferentes -explique azorada.
– ?Ah, si? ?Diferentes? ?Por que? Todos deberiamos ser iguales, tener los mismos derechos, no importa de donde seamos. No, no sois diferentes, tu eres una obrera como yo. ?En que te diferencias de mi? ?En que has nacido en un caserio y yo en Madrid? Nadie nos va a regalar nada, seremos lo que seamos capaces de hacer por nosotras mismas.
Lola era una socialista ferviente y hablaba de derechos e igualdades con una pasion que logro contagiar a Amelia. Iba a recibir instruccion en aquella Casa del Pueblo a la que me llevaria Lola. Aquella misma tarde se decidio tanto mi destino como, sobre todo, el de Amelia.
3
Las visitas de Lola a casa de Amelia se hicieron frecuentes. Hasta que un dia Amelia pidio a Lola que la llevara a alguna reunion politica del PSOE o de la UGT.
– Pero ?que vas a hacer tu en una reunion nuestra? Lo que queremos es acabar con el orden burgues y tu… bueno, tu eres una burguesa, tu marido es empresario, y tu padre tambien… Te he cogido afecto porque eres buena persona; pero, Amelia, tu no eres de los nuestros.
Amelia se sintio herida por las palabras de Lola. No entendia que la rechazara de esa manera, que no la considerara una de los suyos. Yo no supe que decir, hacia ya dos meses que asistia a las clases de la Casa del Pueblo y me sentia satisfecha de mis progresos. Me estaban ensenando a escribir a maquina, y temia que si Amelia se enfadaba con Lola, tuviera que dejar de ir.
Pero Amelia no se enfado, simplemente le pregunto que tenia que hacer para convertirse en socialista, para que la aceptaran quienes menos tenian y mas sufrian. Lola le prometio que hablaria con sus jefes y que le daria una respuesta.
Santiago sabia de la amistad de Amelia con Lola y nunca puso reparos, pero discutieron cuando Amelia le anuncio que si la aceptaban se haria socialista.
– Nunca te van a considerar una de ellos, no te enganes -le argumentaba Santiago-. Yo no comparto las injusticias, y ya sabes lo que me parecen los gobiernos radicalcedistas. Estas derechas que tenemos no estan a la altura de las circunstancias, pero no me parece que la solucion sea la revolucion. Si quieres, te llevo un dia a una reunion de Izquierda Republicana; son quienes mejor nos representan, Amelia, no Largo Caballero ni Prieto. Piensalo, no quiero que te utilicen y menos que te hagan dano.
En aquel ano de 1935, las derechas habian lanzado una campana de desprestigio contra don Manuel Azana. Santiago decia que era porque le temian, porque sabian que era el unico politico espanol capaz de encontrar una salida a aquella situacion de bloqueo en que se encontraba la Republica.
Amelia no llego a solicitar que la aceptaran en el PSOE, pero ayudaba a Lola cuanto podia, y sobre todo compartia con ella la opinion de que aquellas continuas crisis ministeriales y de jefes de gobierno eran la demostracion palpable de que ni los radicales de Lerroux ni la CEDA de Gil Robles tenian la solucion para los problemas de Espana.
Lola pertenecia a la faccion mas revolucionaria del PSOE, a la de Largo Caballero, y era una apasionada admiradora de la Revolucion sovietica. Por fin un dia accedio a los ruegos de Amelia y la llevo a un mitin en que participaban algunos destacados dirigentes socialistas.
Amelia regreso a casa emocionada a la vez que asustada. Aquellos hombres tenian una fuerza magnetica, hablaban al corazon de quienes nada tenian, pero al mismo tiempo ofrecian alternativas que podian desembocar en una revolucion. De manera que Amelia experimentaba hacia los socialistas un sentimiento contradictorio.
Santiago, preocupado por la influencia que Lola ejercia en Amelia, empezo a llevarla a algun mitin de Manuel Azana. Y Amelia se debatia entre la admiracion profunda y el desconcierto que sentia por politicos tan distintos, tan distantes, pero igualmente convencidos de la bondad de sus ideas.
Amelia se codeaba por igual con socialistas obreros amigos de Lola que con jovenes comunistas, o azanistas convencidos como lo eran la mayoria de los amigos de Santiago. Empezo a vivir en
Yo solia acompanarla a las reuniones politicas a las que le llevaba Lola, pero no siempre, porque Amelia no queria que dejara de seguir instruyendome en la Casa del Pueblo.
A principios de marzo, Amelia empezo a sentirse indispuesta. Vomitos y mareos fueron el anuncio de su embarazo. Santiago estaba feliz, iba a tener un hijo, y ademas penso que el embarazo serviria para que su mujer aplacara sus ansias politicas, pero en esto se equivoco. El embarazo no le impidio a Amelia seguir acompanando a Lola a algunas reuniones, pese a las protestas de su marido, y de sus padres, porque don Juan y dona Teresa rogaron a su hija que al menos durante el embarazo dejara la politica. Pero fue inutil, ni siquiera Laura consiguio hacerla entrar en razon, y eso que su prima siempre fue la persona con mayor ascendente sobre Amelia.
Y, de nuevo, un dia volvio a pasar. Santiago desaparecio. Creo que era el mes de abril de 1935. Amelia habia salido a sus clases de la manana y por la tarde habia ido a casa de sus primas, a las que seguia viendo con frecuencia. Laura seguia siendo su mejor amiga. Le apasionaba la politica como a Amelia, pero sus ideas, al igual que las de su padre, estaban del lado azanista.
Cuando Amelia regreso aquella noche, espero a Santiago para cenar, pero a las once no habia regresado, y en la oficina no respondia nadie. Amelia estaba preocupada. En aquellos dias no eran infrecuentes los disturbios en Madrid, y sobre todo los ajustes de cuentas entre partidos, de manera que habia elementos de la extrema derecha que buscaban la confrontacion con las gentes de la izquierda, que a su vez respondian a los ataques.
Aguardamos toda la noche, y a la manana siguiente Amelia telefoneo al padre de Santiago.
Don Manuel le dijo que no sabia donde se encontraba su hijo, pero que podria ser que estuviera de viaje, ya
