Juan comento satisfecho que la Sociedad de Naciones en Ginebra habia condenado el rearme de Alemania.

– Parece que por fin se empieza a hacer algo contra ese loco… -declaro don Juan a su yerno.

– Yo no seria tan optimista. En Europa preocupa y mucho lo que ha pasado en Rusia, temen el contagio de la Revolucion de los soviets -respondio Santiago.

– Si, puede que tengas razon, parece que el mundo se ha vuelto loco, hay noticias de que Stalin se muestra implacable con los disidentes -dijo Don Juan.

Amelia intervino furiosa, sorprendiendo a su padre y a su marido.

– ?No nos creamos la propaganda de los fascistas! Lo que pasa es que algunos tienen miedo, si, miedo de perder sus privilegios, pero en Rusia por primera vez estan conociendo lo que es la dignidad, se esta construyendo una Republica de trabajadores, de hombres y mujeres iguales, libres…

– Pero, hija, ?que cosas dices!

– ?Amalia, no te alteres, recuerda que estas embarazada! -Dona Teresa sufria por su hija.

– Sabes, Amelia, me preocupa que digas esas cosas, eres tu la que te estas dejando influir por la propaganda de los comunistas. -Santiago parecia enfadado.

– Vamos, vamos, no discutais, que no le conviene a la nina. -Dona Teresa aborrecia esas discusiones politicas en las que ahora intervenia Amelia.

– Si no discutimos, mama. Lo que pasa es que no me gusta que papa diga que las cosas no van bien en Rusia. Y tu, Santiago, deberias desear que al resto de Europa le llegase algo de la Revolucion sovietica, la gente no puede esperar eternamente a que se la trate con justicia.

Aquella noche Amelia y Santiago discutieron. En cuanto se fueron don Juan y dona Teresa, el matrimonio inicio una pelea que terminamos escuchando el resto de la casa.

– ?Amelia, tienes que dejar de ver a Lola! Te esta metiendo unas ideas en la cabeza…

– ?Como que me esta metiendo ideas! ?Es que te crees que soy tonta, que no soy capaz de pensar por mi misma, que no me doy cuenta de lo que pasa alrededor? Las derechas nos estan llevando al desastre… Tu mismo te quejas de la situacion, y mi padre… bien sabes de las dificultades que esta arrostrando mi familia…

– La solucion no es la revolucion. En nombre de la revolucion se cometen muchas injusticias. ?Crees que tu amiga Lola tendria piedad de ti si aqui hubiera una revolucion?

– ?Piedad? ?Y por que habria de tener piedad? ?Yo apoyaria la revolucion!

– ?Estas loca!

– ?Como te atreves a llamarme loca!

– Lo siento, no queria ofenderte, pero me preocupa lo que dices, no tienes idea de lo que esta pasando en Rusia…

– ?El que no tiene ni idea eres tu! Yo te dire lo que esta pasando en Rusia: la gente come; si, por primera vez hay comida para todos. Ya no hay pobres, han acabado con los capitalistas que actuaban como sanguijuelas, y…

– Pero, nina, ?no seas ingenua!

– ?Ingenua yo?

Amelia salio del salon dando un portazo y sollozando. Santiago la siguio hasta el dormitorio, preocupado de que la pelea pudiera afectar al hijo que esperaban.

Amelia estaba cada vez mas imbuida de las ideas de Lola, o mejor dicho, de Josep, su companero y padre de Pablo. Porque Amelia al final lo habia conocido.

Una tarde en que Amelia y yo habiamos ido a casa de Lola alli estaba el, recien llegado de Barcelona.

Josep era un hombre guapo. Alto, robusto, de ojos negros, V aspecto fiero, aunque en el trato se mostraba amable, tanto como cauto, y no parecia tan desconfiado como Lola.

– Lola me ha hablado de ti, se que la ayudaste. Si la llegan a coger, seguramente aun estaria en la carcel. Esos fascistas asquerosos no sabes como se las gastan con las mujeres. Fue una pena que no pudieramos sacar adelante la revolucion. La proxima vez estaremos mejor preparados.

– Si, fue una pena que las cosas no salieran mejor -respondio Amelia.

Durante dos horas Josep monopolizo la conversacion, y asi seria en todas las ocasiones en que lo vimos. Nos contaba como estaban cambiando las cosas en Rusia, como la gente habia pasado de ser siervos a ciudadanos, como Stalin estaba cimentando la revolucion llevando a la practica lo prometido por los bolcheviques: habian acabado con las clases sociales y el pueblo comia. Se estaban poniendo en marcha planes de desarrollo y los campesinos estaban entusiasmados.

Josep nos describio el paraiso, y Amelia lo escuchaba fascinada, bebiendo cada una de sus palabras. Yo, entusiasmada con lo que contaba, me decia que tenia que escribir a mi hermano Aitor para persuadirle de que reflexionara y abriera su mente hacia las nuevas ideas que llegaban de Rusia. Nosotros eramos campesinos, no senoritos; nuestra gente era como Josep. Claro que sabia que Aitor no me haria ningun caso; el continuaba trabajando y militando en el PNV y sonaba con una patria vasca, aunque se abstenia de decirlo claramente.

En aquel momento no entendi por que, pero Josep parecio interesarse por Amelia, y durante su estancia en Madrid enviaba a Lola a buscarnos.

Amelia estaba entusiasmada porque un hombre como Josep la tomara en serio. Y es que Josep era un lider comunista en Barcelona. Era el chofer de una familia de la burguesia catalana. Todos los dias llevaba a su patron a la fabrica de textiles que tenia en Mataro, ademas de acompanar a la senora de la casa a sus visitas, o de acompanar a los ninos al colegio. Antes habia sido conductor de autobuses. Conocio a Lola durante una estancia de sus senores en Madrid, y habian tenido a Pablo, sin que ninguno de los dos quisiera casarse, al menos eso decian, aunque yo siempre sospeche que Josep habia estado casado antes de conocer a Lola. Mantenian una curiosa relacion, ya que solo se veian cuando Josep venia a Madrid acompanando a su jefe, lo que solia suceder una vez cada mes y medio, pues el patron vendia sus telas por toda Espana y tenia un socio en la capital. A pesar de esta relacion intermitente, Lola y Josep parecian estar bien avenidos, y desde luego Pablo adoraba a su padre.

Por lo que decia, Josep estaba bien relacionado no solo con los dirigentes comunistas catalanes.

Amelia se sentia halagada de que un militante comunista de su importancia mostrara interes por conocer sus opiniones, y la escuchara. Pero sobre todo Josep dedicaba buena parte del tiempo que pasaba con nosotras en adoctrinarnos, en llevar el agua a su molino, en convencernos de que el futuro seria de los comunistas y que la Revolucion sovietica era solo el comienzo de una gran revolucion mundial a la que no habria fuerza humana que se pudiera oponer.

– ?Sabeis por que triunfara la revolucion? Porque somos mas; si, somos mas los que nunca hemos tenido nada. Somos mas los que tenemos un gran tesoro: la fuerza de nuestro trabajo. El mundo no podria moverse sin nosotros. Nosotros somos el progreso. ?Quien va a mover las maquinas? ?Acaso los senoritos ricos? Si supierais como se vive en la Union Sovietica, los avances conseguidos en menos de veinte anos… Moscu cuenta desde abril con trenes subterraneos, un metro con ochenta y dos kilometros de recorrido; pero siendo eso importante, aun lo es mas que las estaciones estan decoradas con obras de arte, con aranas de cristal, con cuadros y frescos en las paredes… y todo eso para los obreros, para los que nunca han tenido la oportunidad de ver un cuadro ni de iluminarse con esas lamparas de cristal fino… Ese es el espiritu de la revolucion…

Amelia no se atrevio a dar el paso, pero yo si y pedi a Josep que me avalara para hacerme comunista. ?Que otra cosa podia ser una chica como yo, nacida en las montanas, y que habia trabajado desde que tenia uso de razon?

Una tarde Lola nos dejo recado en casa para que aquella noche nos reunieramos con ella y con Josep y unos companeros comunistas.

Amelia no sabia como decirle a Santiago que iba a salir de noche, sobre todo porque en aquellos dias los enfrentamientos en la calle entre las izquierdas y las derechas eran continuos, y siempre se saldaban con algun herido, cuando no con algun muerto.

– No tendria que haberme casado -se lamentaba Amelia-, porque ahora no puedo dar un paso sin consultarselo a Santiago.

En realidad no era verdad que hacia participe a su marido de sus escarceos politicos, pero salir por la noche sola era mas de lo que podia permitirse. Pero siempre fue muy tozuda, de manera que en cuanto Santiago llego a casa le planteo abiertamente su decision de salir para acudir a casa de Lola a conocer a algunos amigos comunistas de la pareja.

Tuvieron una discusion que se saldo a favor de Santiago.

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