que hacia dias que tenia previsto ir a Londres a visitar a un proveedor.

Amelia tuvo un ataque de ira. Echada sobre la cama, gritaba y lloraba jurando que no le iba a perdonar a su marido semejante afrenta. Luego parecio calmarse, preguntandose si no habria sufrido un accidente y ella le estaba juzgando erroneamente. Tuvimos que llamar a dona Teresa, que acudio de inmediato con Antonietta para hacerse cargo de la situacion. Laura, sabedora de la reaccion de su prima, tambien acudio al conocer la noticia.

Dos semanas tardo Santiago en regresar, y en aquellas dos semanas Amelia cambio para siempre. Aun recuerdo una conversacion que tuvo con su madre, su hermana Antonietta y sus primas Laura y Melita.

– Si ha sido capaz de abandonarme embarazada ?de que no sera capaz? No puedo confiar en el.

– Vamos, hija, no digas eso, ya sabes como es Santiago; dona Blanca te lo ha explicado, ella como madre sufria cuando su hijo desaparecia, pero son cosas de el, no lo hace por fastidiar.

– No, no lo hace por fastidiar, pero deberia darse cuenta del dano que hace. Amelia esta embarazada y darle este disgusto… -comentaba su prima Laura.

– Pero Santiago la quiere -insistio Antonietta, que sentia veneracion por su cunado.

– ?Pues vaya manera de demostrarlo! ?Casi me mata del disgusto! -respondio Amelia.

– Vamos, prima, no exageres -apunto Melita-. Los hombres no tienen nuestra sensibilidad.

– Pero eso no es excusa para que hagan lo que les venga en gana -dijo Laura.

– A los hombres hay que aguantarles muchas cosas -explico conciliadora dona Teresa.

– Dudo que papa te haya hecho nunca lo que Santiago a mi. No, mama, no, no se lo voy a perdonar. ?Quien ha dicho que ellos tienen derecho a hacer lo que les venga en gana con nosotras? ?No se lo voy a consentir!

A partir de entonces Amelia redoblo su interes por la politica, o mejor dicho, por el socialismo. Nunca mas volvio a ninguna reunion ni mitin del partido de Azana, y pese a las suplicas de Santiago, que temia por su embarazo, Amelia se convirtio en una colaboradora desinteresada de Lola en todas las actividades politicas de esta, aunque descubrio que su amiga no le respondia con la misma confianza.

Una tarde de mayo acompane a Amelia y a su madre al medico. Cuando salimos de la consulta, dona Teresa nos invito a merendar en Viena Capellanes, la mejor pasteleria de Madrid. Ibamos a celebrar que el medico habia asegurado que el embarazo de Amelia transcurria con normalidad. Estabamos a punto de entrar en la pasteleria cuando, en la acera de enfrente, vimos a Lola. Caminaba deprisa y llevaba de la mano a un nino de unos diez o doce anos. Parecia que le iba reganando porque el nino la escuchaba cariacontecido. Amelia se solto del brazo de su madre dispuesta a pedir a Lola que se uniera a nosotras.

Lola no oculto su incomodidad al vernos. Pero la sorpresa nos la llevamos nosotras cuando oimos al nino decir: «Mama, ?quienes son estas senoras?».

Lola nos presento a su hijo con desgana.

– Se llama Pablo, por Pablo Iglesias, ya sabes, el fundador del PSOE.

– No sabia que tenias un hijo -respondio Amelia, dolida porque su amiga tuviera secretos con ella.

– ?Y para que te lo iba a decir? -respondio malhumorada Lola.

– Bueno, me hubiera gustado conocerle antes. ?Quereis merendar con nosotras en Viena? -propuso Amelia.

Pablo respondio de inmediato que si, que nunca habia entrado en una pasteleria tan elegante, pero Lola parecia dudar. Dona Teresa estaba incomoda con la situacion y yo preocupada por las consecuencias que pudiera tener el descubrimiento del hijo de Lola, quien finalmente acepto viendo que era una oportunidad de que su hijo merendara en un lugar de tanto renombre.

– No sabia que estabas casada… -dijo dona Teresa por iniciar una conversacion.

– No lo estoy -respondio Lola ante la mirada atonita de dona Teresa.

– ?No tienes marido? ?Y entonces…? -quiso saber Amelia.

– No hace falta un marido para tener hijos, y yo no me he querido casar. Pablo llego sin buscarlo, pero aqui esta.

– Pero tendra un padre… -insistio Amelia.

– ?Claro que tengo padre -dijo Pablo fastidiado- y se llama Josep! Soy medio catalan porque mi padre es catalan. Ahora no esta aqui, pero viene a vernos cuando puede.

Lola miro a su hijo con furia, y en su mirada pudimos ver que en cuanto estuvieran a solas no se libraria de una buena reprimenda por haberse ido de la lengua. Pero Pablo decidio ignorar a su madre y seguir hablando.

– Mi padre es comunista. ?Vosotras que sois?

Sin que pudieramos evitarlo, Lola le dio un cachete a su hijo y le mando callar. Dona Teresa tuvo que intervenir para apaciguar las lagrimas del crio y la ira de la madre.

– ?Vamos, vamos! Tomate el chocolate que has pedido… y tu, Lola, no pegues al nino, es pequeno y lo unico que ha hecho es contar que tiene un padre del que se siente orgulloso, eso no es motivo para que le reprendas. -La buena de dona Teresa intentaba calmar los animos de Lola.

– Le tengo dicho que tiene que tener la boca cerrada, que no vaya contando nada ni de mi ni de su padre; hay gente que teme a los comunistas y a los socialistas, y nos puede perjudicar.

– ?Pero nosotras no! Yo soy tu amiga -afirmo Amelia, dolida.

– Ya… ya… pero aun asi… Pablo, terminate el chocolate y el suizo, que nos tenemos que ir.

A la tarde siguiente, cuando Amelia y yo estabamos en casa cosiendo, Lola se presento para hablar con Amelia. Yo hice ademan de salir de la sala, pero como Amelia no me pidio que me fuera, preferi quedarme para enterarme de lo que Lola fuera a contar.

– No te habia dicho que tengo un hijo porque no me gusta ir contando mi vida al primero que pasa -se justifico Lola.

– Pero yo no soy el primero que pasa, creia que a estas alturas ya confiabas en mi, en fin, te tenia por mi amiga.

Lola se mordio el labio. Se notaba que traia muy pensado lo que iba a decir y no queria dejarse llevar por su temperamento.

– Eres una buena persona, pero no somos amigas… Tienes que entenderlo, tu y yo no somos iguales.

– Pues si, si somos iguales, somos dos mujeres que nos tenemos simpatia; tu me has convencido de unas cuantas cosas, me has hecho ver lo que hay mas alla de estas paredes, me has hecho sentirme una privilegiada y por tanto culpable de serlo. Intento ayudar a tu causa porque creo que es justa, porque no me parece bien tenerlo todo y que otros no dispongan de nada. Pero al parecer para ti no es suficiente, y, ?sabes, Lola?, no voy a pedir perdon. No, no voy a pedir perdon por tener unos padres estupendos, un marido carinoso y una familia que me arropa. En cuanto al dinero… mi padre lleva toda la vida trabajando, lo mismo que mis abuelos y mis bisabuelos… Y Santiago, tu le has visto como trabaja, como pasa los dias en la fabrica, como se preocupa del bienestar de quienes trabajan para el. Aun asi, admito que tenemos mas de lo que necesitamos, que no es justo que mientras otros no tienen nada nosotros tengamos tanto. Pero tu sabes, Lola, que no explotamos a nadie, que ayudamos a los demas cuanto podemos. Aunque ya veo que para ti no es suficiente y que nunca te fiaras de mi.

Discutieron, pero al final se reconciliaron, aunque Amelia se daba cuenta de que entre Lola y ella existia una frontera, la de los prejuicios de la propia Lola, y esa frontera le resultaria muy dificil de superar.

Aun asi, Amelia se volco si cabe mas en actividades politicas; se ofrecio voluntaria para ensenar en una Casa del Pueblo, hacia trabajos de oficina para la agrupacion en la que militaba Lola, y cumplia disciplinadamente con cuanto le pedian.

La actividad politica de Amelia corria paralela a la de Santiago, ya que en aquel ano de 1935, entre mayo y octubre, don Manuel Azana intervino en una serie de mitines y obtuvo el apoyo de amplios sectores de la sociedad, y a muchos de esos mitines y reuniones de Izquierda Republicana acudia Santiago. Estaba convencido de que la solucion a los problemas de Espana pasaba porque don Manuel Azana gobernara el pais, cada vez sumido en una crisis institucional y economica mas profunda.

En el resto del mundo las cosas no iban mejor. Hitler preocupaba al resto de Europa.

Una noche de abril en que los padres de Amelia habian acudido a cenar para visitar a su hija y a su yerno, don

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