– Es una larga historia. Creo que lo mas practico es que le cuente lo sucedido y usted lo transmita a Londres. Manana me voy a casa, vuelvo a Madrid.
Durante una hora larga Amelia narro minuciosamente a aquel hombre todo lo sucedido: desde el dia de su detencion hasta el de su liberacion, incluyendo la participacion de Max von Schumann. El agente la escuchaba sin dejar de mirarla, escudrinando sin disimulo su rostro.
Cuando Amelia termino su relato se quedaron unos segundos en silencio. Fue el quien lo rompio.
– Deberia quedarse aqui hasta recibir ordenes de Londres.
– No, no lo hare. Quiero ir a mi casa, necesito estar con los mios. No tengo fuerzas para continuar, al menos por ahora.
– ?Me esta diciendo que abandona el servicio?
– Le estoy diciendo que acabo de regresar del infierno y necesito un respiro.
– Estamos en guerra, no hay tiempo para descansar.
– Si no me da otra alternativa, entonces digale a lord James que dejo el trabajo.
El hombre se puso de pie. No parecia sorprendido por nada de cuanto Amelia le habia contado, o si lo estaba, no lo demostro. A ella le sorprendio que no le hubiera dicho ni una sola frase apiadandose por lo que habia sufrido. Amelia ignoraba que aquel hombre habia perdido a su esposa y a sus tres hijos en un bombardeo de la Luftwaffe sobre Londres, y que ya no le quedaban ni lagrimas ni piedad para los demas.»
– Bien, esto es todo, Guillermo -sentencio el mayor Hurley. Di un respingo en el asiento. Sus ultimas palabras me sobresaltaron. No sabia cuanto tiempo habia transcurrido desde que el mayor comenzara a relatar aquel episodio de la vida de mi bisabuela. Mire el reloj y, para mi sorpresa, era ya medianoche.
Lady Victoria sonreia encantada al ver mi sorpresa. Ella tambien habia salpicado la narracion del mayor Hurley con algunas aportaciones. Su esposo lord Richard cabeceaba con una copa de oporto en la mano. Me habia abstraido tanto con aquella historia que habia llegado a olvidar donde y con quien estaba.
Con su minucioso relato el mayor Hurley habia logrado trasladarme a Varsovia. Me parecia haber visto a Amelia Garayoa caminar por la ciudad y casi compartir con ella el sufrimiento de los meses pasados en Pawiak.
– No esperaba una cosa asi -dije por decir algo.
– ?Que es lo que no esperaba? -pregunto con curiosidad lady Victoria.
– No se… tanto sufrimiento.
– Ya ve que la vida de su bisabuela no fue facil -respondio lady Victoria.
– Creo que ella tampoco ponia demasiado de su parte -y nada mas decir esta frase me arrepenti. ?Quien era yo para juzgar a Amelia?
– Es muy tarde y ya hemos abusado demasiado de la hospitalidad de nuestros anfitriones -dijo el mayor Hurley, levantandose para dar por terminada la velada.
– Desde luego… desde luego -respondi yo.
– Usted manana tiene que madrugar, ?me equivoco, querido amigo? -pregunto lord Richard.
– Mi obligacion es estar manana a las siete en punto en el Archivo Militar -comento el mayor Hurley.
Mientras lady Victoria y lord Richard nos acompanaban hasta la puerta, cai en la cuenta de que el mayor no habia hecho ningun comentario sobre los siguientes pasos de Amelia.
– Se que es mucho abusar de su amabilidad, pero ?que hizo despues Amelia? ?Fue a Madrid? ?Continuo trabajando para ustedes?
– No pretendera que hablemos ahora de eso… -se quejo el mayor Hurley.
– ?Oh, querido amigo, debera usted seguir ayudando a Guillermo! Me temo que aun queda mucho por contar - tercio lady Victoria dirigiendose al mayor.
El mayor William Hurley se avino a que nos volvieramos a ver al cabo de unos dias. No me atrevi a insistir por temor a enfadarle.
– Tengo mucho trabajo, no puedo dedicar todo mi tiempo a buscar sobre su bisabuela en los archivos. En realidad creo que ella paso una larga temporada en Espana… -anadio a modo de despedida.
6
Decidi regresar a Espana al dia siguiente. Si Amelia habia vuelto a Madrid en aquel mes de julio de 1942, las respuestas las tenia que encontrar, o bien en Edurne, o bien en el profesor Soler. Tambien podia pedirle a dona Laura que me guiara.
Mi madre me colgo el telefono cuando la llame al llegar al aeropuerto de Barajas.
– Eres un desastre, Guillermo, y he decidido dejarte por imposible, cuando decidas dejar de hacer el idiota, me llamas.
Sabia que el enfado se le pasaria a la tercera llamada.
Mi apartamento tenia varios dedos de polvo y olia a cerrado.
Entre la correspondencia encontre varias cartas del banco que me recordaban que tenia una hipoteca que pagar. Practicamente la totalidad de mis ingresos los estaba invirtiendo en mis viajes, por lo que era evidente que tenia que congraciarme con mi madre cuanto antes o si no ya me veia acudiendo a Ruth para que, en caso de desahucio, me diera cobijo en su casa.
Al dia siguiente de mi llegada telefonee a dona Laura y le pedi permiso para ir a ver a Edurne.
– Se cansa mucho cuando habla con usted. ?Es necesario?
– Si, dona Laura, lo es. Bueno, hablare primero con el profesor Soler, y si veo que puedo evitar tener que hablar con Edurne, no la molestare.
– ?Como va la investigacion? -me pregunto curiosa.
– Muy bien, aunque debo decirle que la vida de su prima es una caja de sorpresas. Si quiere que le explique lo que he ido averiguando…
– Ya le dije que lo que queremos es que haga una investigacion exhaustiva, y cuando lo sepa todo, lo escriba y nos lo traiga, hasta entonces no es necesario que me cuente nada. Pero dese prisa, nosotras ya somos muy mayores y no disponemos de mucho tiempo.
– Le aseguro que intento investigar lo mas rapidamente que puedo, pero es que las cosas se complican…
– Bien, Guillermo, llameme si finalmente necesita hablar con Edurne. ?Ah!, y ya que hablo con usted, ?necesita dinero?
Dude unos segundos. No me atrevia a decirle que si. Crei escuchar una risita a traves del telefono.
– Naturalmente usted no vive del aire, y tanto ir y venir cuesta dinero. Puede que nos hayamos quedado cortas con la ultima transferencia. Hoy mismo le dire a mi sobrina Amelia que le mande dinero.
– ?Que tal esta su sobrina? ?Y dona Melita?
– Bien, bien, estamos todas bien. Bueno, no perdamos el tiempo y pongase a trabajar. Recuerde que tenemos ya muchos anos…
El profesor Soler me pidio que fuera a visitarle a Barcelona.
– Estoy escribiendo un libro y no tengo demasiado tiempo, pero venga usted y vere que puedo contarle. Creo recordar bastante bien cuando Amelia se presento de improviso aquel verano del cuarenta y dos.
Ya estaba yo otra vez en el aeropuerto dispuesto a pasar el dia con el profesor y con el firme proposito de presentarme en casa de mi madre aquella misma noche cuando regresara de Barcelona. La conocia muy bien, y por mas que estuviera enfadada, sabia que no me daria con la puerta en las narices.
Charlotte, la esposa del profesor Soler, me comento nada mas verme que no le entretuviera mucho.
– Esta terminando de escribir un libro muy importante y su editor esta nervioso porque se ha retrasado con la entrega.
– Le prometo que no le quitare mucho tiempo, pero es que sin la ayuda de su marido no puedo dar un paso.
Encontre al profesor resfriado y con aspecto cansado, aunque de buen humor.
– Dona Laura me telefoneo anoche pidiendome que continue guiandole. Le preocupa tener que molestar a
