No tardaron en llegar los primeros invitados. A Jesus y a mi nos parecieron todos iguales: ellos con traje y corbata, muy repeinados, y ellas con faldas almidonadas.

Dona Paquita habia dispuesto una mesa con una enorme sopera llena de ponche; al lado, platos con croquetas, tortilla de patata y embutidos dispuestos primorosamente.

Despues de beber una primera copa de ponche, los jovenes se dispusieron a bailar. Y como era de prever, en cuanto dona Elena y dona Paquita se distraian, a ellos les ocurria lo mismo con las manos que se perdian por las espaldas de las chicas. Algunas les empujaban azoradas, otras sonreian picaramente haciendo un ademan de rechazo pero sin demasiada contundencia.

No perdiamos de vista a Laura y a Antonietta, y en cuanto alguno intentaba propasarse, nos acercabamos de manera que los chicos entendieran que con ellas era mejor no intentar nada. Laura, por su cuenta, habia encontrado la manera de poner distancias: en cuanto alguno se le acercaba mas de lo debido, le propinaba un fuerte pisoton.

Nosotros nos divertimos. Creo que yo me comi todas las croquetas de bacalao que, segun habia comentado dona Paquita, las habia preparado su hija Maruchi, quien por cierto se hacia la distraida cuando algun joven se le acercaba mas de lo conveniente.

Mientras, dona Paquita informaba a dona Elena de quienes eran aquellos jovenes.

– Mira -decia-, ese de la chaqueta gris y con bigote es el hijo del subsecretario, y, el que esta al lado tiene mucho porvenir, es de Falange y tiene un puestazo en el Mercado de Abastos. Ese medio rubio se llama Pedro Molina; fijate bien, es un buen chico, aunque huerfano de padre: al pobre hombre lo mataron en la guerra, en Paracuellos. Su madre es prima de un militar muy vinculado al Caudillo. Creo que le tienen en gran estima, y dicen que es de los pocos que le tutea. A su madre le han dado un estanco y a el le han colocado en un buen puesto en el Ministerio de Hacienda. Mira, mira como se fija en Laura… ?Uy, que suerte! Si tu hija le «pesca», os podreis sentir afortunados. ?Menuda boda!

Antonietta vino a sentarse con nosotros. Estaba un poco cansada y aquellos muchachos la abrumaban con sus bromas y su vitalidad.

– Hija, ?no te diviertes? -le preguntaron al alimon dona Paquita y dona Elena.

– Si, si, mucho, pero es que estoy un poco cansada -se disculpo ella.

– Descansa un poco, pero no mucho rato porque de lo contrario alguna chica te quitara a tus admiradores -le advirtio dona Paquita, sin darse cuenta de que para Antonietta suponia un alivio que la ignoraran.

A las diez en punto, dona Paquita dio por finalizada la merienda-baile. Regresamos a casa amenizados por la charla entusiasta de dona Elena. Para ella la velada habia sido un exito. El sobrino del militar cercano al Caudillo, que dijo llamarse Pedro, se habia acercado para presentarle sus respetos y pedirle permiso para visitar a Laura. Dona Elena ignoro la mirada de espanto de su hija y le respondio al muchacho que estarian encantados en recibirle el proximo jueves por la tarde.

Laura se quejaba a su madre.

– No tenias que haberle invitado, es un repelente.

– Es un buen chico, a su padre lo mataron en Paracuellos, y ya ves… el esta estudiando Comercio y su madre tiene un estanco. No es un partido que podamos desechar.

– Pues a mi no me gusta, asi que no le des alas porque no pienso salir con el. Es un fascista.

– ?Pero habrase visto! No quiero que vuelvas a decir esa palabra ?nunca, nunca! ?Me oyes? En Espana ya no hay partidos, ahora somos todos espanoles.

– Si, espanoles fascistas porque al resto los han matado o estan en el exilio.

– ?Pero que habre hecho yo en la vida para merecer esto! ?No te das cuenta de nuestra situacion? Hasta tu padre se ha dado cuenta de que no hay otro remedio que acostumbrarnos a Franco; ademas, digais lo que digais, esta haciendo las cosas bien, por lo menos tenemos paz.

– ?Paz? ?Que paz? ?Llamas paz a matar a todos los que no estan con el Regimen? -protestaba Laura.

– Lograras que nos metan a todos en la carcel, ya veras… -gimoteo dona Elena.

A pesar de las protestas de Laura, Pedro Molina comenzo a frecuentar la casa. Dona Elena se mostraba solicita con el, pero Laura no le ocultaba su antipatia. El muchacho parecia no querer darse por enterado del desden de Laura, y cuanto peor le trataba mas interesado parecia el.

– ?Es un remilgado! No le soporto.

– Es un caballero y un buen partido. ?Es que quieres quedarte para vestir santos?

– Lo prefiero. Te aseguro, madre, que lo prefiero, cualquier cosa mejor que estar al lado de ese estirado.

Dona Elena hacia caso omiso de las protestas de Laura, y un dia, cuando Pedro Molina estaba en casa merendando, dejo caer que le gustaria conocer a su madre.

– Un dia tiene usted que traer a su senora madre a merendar, nos haria un gran honor poder conocerla.

– ?Desde luego, dona Elena! Pero somos nosotros quienes debemos invitarlas. No sabe cuanto desea mi madre conocer a Laura.

– Pues no hay mas que hablar, el proximo jueves vienen unas amigas a pasar la tarde y su madre sera bien recibida en esta casa.

Mientras tu hablas con Laura, nosotras la entretendremos un rato. Pobre mujer, ?cuantas desgracias ha soportado!

– Si no fuera por su primo no se que habria sido de nosotros… Pero el primo de mama es un militar muy afecto al Caudillo y ha cuidado de que nada nos falte. Ya sabe usted que tengo un buen trabajo, donde estoy muy considerado.

– ?Claro, claro! Es que tu eres un joven de valia, llegaras muy lejos.

– Yo solo quiero llegar a ser digno de Laura -suspiro Pedro Molina.

La visita de la madre de Pedro trajo de cabeza a toda la familia. Dona Elena pidio a don Armando que procurara llegar a tiempo del trabajo para conocer a la viuda.

– Pero, mujer, como voy a irme antes de mi hora.

– Es un buen partido para Laura, asi que debemos hacer todo lo posible para que el noviazgo salga adelante.

– Pero ?que noviazgo? Laura no quiere saber nada de ese tal Pedro Molina. Tu te estas metiendo a casamentera y esto va a terminar mal. Ese chico se hace ilusiones, no por lo que le dice Laura sino por lo que le dices tu.

– Armando, deberias ayudarme en vez de ponerme chinitas en el zapato.

– No, Elena, no pienso ayudarte a forzar una boda que a nuestra hija le repele. Dejala en paz, ya encontrara novio, y si no lo encuentra sera porque no quiere.

– Pero ?no te importa que Laura se convierta en una solterona? ?Que le espera a una mujer sola en la vida!… No, no lo voy a consentir, aunque no estes de mi parte.

La madre de Pedro Molina resulto ser una senora entrada en carnes y nada dispuesta a que su hijo se casara con alguien que no hubiera sido elegida por ella. Laura hizo lo imposible por caerle mal, pero aunque se hubiera mostrado encantadora, tampoco le habria gustado a la buena senora.

Se notaba que era una «quiero y no puedo», es decir, que hasta que no habia tenido el estanco no habia dispuesto de un duro para gastar y miraba con recelo a dona Elena, cuyo porte y ademanes elegantes ella nunca alcanzaria a tener.

Dona Elena se mostro encantadora, le presento a sus amigas y procuro que se sintiera a gusto, pero no lo consiguio. La viuda de Molina se sento muy tiesa en el borde de la silla y no hizo ni un solo elogio a las magdalenas «hechas» por Laura (en realidad las habia preparado Antonietta) ni al chocolate con leche que tanto habia costado conseguir (la tableta de chocolate era un regalo de dona Rosa la mercera). En cuanto a la leche, Edurne la habia conseguido en el mercado negro. Por cierto que, para la ocasion, Edurne habia almidonado su uniforme. Pero ni por esas parecia conmovida. Una hora despues de llegar acompanada de su hijo adujo que debia marcharse, y a pesar de la mirada silenciosa y suplicante de Pedro, se mostro inflexible. Dijo que se iban y se fueron. Despues, para alivio de Laura, Pedro Molina empezo a espaciar las visitas. Estaba claro que no contaba con la aprobacion de la viuda.

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