dispuesta a regalar sus mejores sonrisas al abuelo. En cuanto al pequeno Juanito, todos rezabamos para que se recuperara lo antes posible, pero al pequenin le costaba coger peso y tenia frecuentes diarreas que preocupaban mucho a don Eusebio.

7

En mayo de 1943 Javier se rompio una pierna. El nino ya habia cumplido los siete anitos y era muy guapo. Rubio, espigado, con ojos verdes, era un trasto que llevaba a mal traer a la pobre Agueda. La mujer se veia impotente para impedirle subir a los arboles del Retiro, demasiado grandes y altos para el. Pero Javier se las arreglaba para gatear como una ardilla ante la mirada horrorizada de Agueda, que le suplicaba que bajase porque si no se lo diria a su papa. Pero Javier habia heredado el temperamento rebelde de Amelia y no se amedrentaba por una amenaza que sabia que la buena de Agueda no cumpliria, de manera que trepaba hasta donde podia por los arboles.

Un sabado por la manana acompanamos a Amelia al Retiro para que, como en otras ocasiones, pudiera ver a Javier. El dia anterior Amelia habia mandado a Edurne a merodear por la casa de Santiago a la espera de que saliera Agueda para preguntarle cuando podria ver al nino. Quedaron a las diez del dia siguiente. Jesus y yo soliamos acompanarla porque a dona Elena no le gustaba que Amelia estuviera sola por si aparecia Santiago y se veia en un apuro. Aprovechabamos para llevarnos un balon y jugar al futbol, mientras que Antonietta solia llevarse un libro, aunque desde que estaba con nosotros Melita, le gustaba encargarse de Isabel, que disfrutaba de lo lindo correteando por los jardines del parque.

Nos sentamos en un banco no lejos de donde Agueda estaba con Javier y su hija Paloma.

Amelia seguia los movimientos de Javier sin perderle de vista. Aquel dia Javier estaba especialmente rebelde y se negaba a obedecer a Agueda. El nino habia elegido un arbol frondoso con muchas ramas para su habitual escalada, y, ajeno a los ruegos de Agueda, comenzo la subida.

– Debe de tener las manitas desolladas de tanto trepar, quiza deberian ponerle unos guantes, no se como Agueda no piensa en eso -protesto Amelia.

Jesus y yo nos pusimos a jugar con el balon sin prestar atencion a Javier, mientras Antonietta estaba atenta a Isabel que se entretenia con una muneca de trapo que le habia hecho dona Elena.

De repente Amelia grito y salio corriendo. Nos asustamos y corrimos tras ella.

Javier se habia caido del arbol y gimoteaba de dolor mientras Agueda gritaba asustada sin saber que hacer.

Amelia aparto a Agueda sin contemplaciones y cogio al nino en brazos.

– ?Que te duele? Dime, hijo, ?que te duele? -le pregunto con los ojos llenos de lagrimas.

– La pierna… me duele mucho la pierna, no la puedo mover… y el brazo, tambien me duele, pero sobre todo la pierna…

Javier lloraba mientras la rodilla se le hinchaba rapidamente. Amelia no hacia caso de los requerimientos de Agueda, y con el nino en brazos, salio corriendo dispuesta a llevarlo al hospital.

No se de donde saco fuerzas, porque estaba mas delgada que un suspiro, pero corria a tal velocidad que nos costo alcanzarla. Agueda llevaba en brazos a su hija Paloma y tambien corria tras ellas, lo mismo que Antonietta, que apenas podia con Isabel, a la que termino cogiendo en brazos Jesus.

Llegamos hasta un hospital cerca del Retiro y alli se hicieron cargo de Javier.

– Pero ?que le ha pasado? -pregunto el medico.

– Se ha caido de un arbol, es muy inquieto y con el no hay manera -respondio Amelia.

– Usted es su madre, ?verdad? No hace falta ni que lo diga, se parece a usted.

– Si, es mi hijo -respondio Amelia mientras apretaba la mano de Javier.

– No, no… mi mama es esa otra senora -dijo Javier senalando a Agueda, que acababa de entrar sudorosa con Paloma en los brazos.

– ?Esa senora? -El medico miro con incredulidad a Agueda.

– Si, esa es mi mama.

Amelia y Agueda se miraron sin saber que hacer ni que decir, lo cual sorprendio al medico.

– Pero bueno, ?cual de las dos es su madre? -pregunto enfadado.

– Yo, yo soy su madre, ella es… bueno, es como una madre para el porque lo cuida desde pequeno -respondio Amelia senalando a Agueda.

– ?Que no, que tu no eres mi mama! -chillo Javier.

– ?Y su padre? ?Donde esta?

– En el trabajo -respondio Agueda.

– Pues llamenle -ordeno el medico mientras le escayolaba la pierna y le ponia un vendaje en el brazo, que afortunadamente no estaba roto.

– Bueno, jovencito, ahora no vas a poder trepar por los arboles en una temporada, y espero que esto te sirva de leccion y obedezcas a tu madre cuando te dice que tengas cuidado y no te subas tan alto.

– Si, senor -respondio Javier, cabizbajo.

Justo cuando ibamos a salir del hospital llego Santiago, al que Agueda habia avisado por indicacion del medico.

Nada mas ver a Amelia se le crispo el rostro y le arrebato a Javier de los brazos. El medico le miro extranado.

– El nino esta bien, ya le he dicho a su esposa que tiene que guardar reposo y llevar la escayola cuarenta dias. Pero no se preocupe, el hueso soldara bien.

– Le estoy muy agradecido, doctor, gracias -respondio secamente.

Agueda se retorcia las manos nerviosa y Amelia estaba palida como si fuera de cera. Antonietta dijo sentirse mareada e Isabel lloraba asustada en brazos de Jesus, mientras yo estaba noqueado sin saber que hacer.

– Agueda, explicame que ha pasado -le ordeno Santiago.

– El nino estaba subiendo a un arbol y de repente se cayo… yo… lo siento… no pude evita… evitarlo -respondio Agueda tartamudeando.

Amelia lo miro, y su mirada era una suplica. Durante unos segundos los ojos de Santiago parecieron calmarse, pero volvio la vista, ignorandola.

– Santiago, quiero hablar contigo -le rogo Amelia.

– Esta senora le ha dicho al medico que es mi mama -dijo de repente Javier.

Santiago apreto a su hijo con fuerza mientras se plantaba ante Amelia.

– No quiero que te acerques a Javier. No lo hagas o te arrepentiras.

– Por Dios, Santiago, estamos en la calle, ?no podriamos hablar? No puedes negarte a que vea a mi hijo, no puedes enganarle diciendole que tiene otra madre, no tienes derecho a hacernos esto a ninguno de los dos.

Creo que si Santiago no hubiera tenido a Javier en brazos la habria abofeteado, tal era la furia con que la miraba. Yo me coloque al lado de Amelia intentando protegerla, aunque reconozco que temblaba ante la ira de Santiago.

– Tu no tienes hijos, no tienes nada.

– Javier es mi hijo y algun dia se lo tendras que decir. Lleva tambien mi apellido y eso no lo puedes cambiar. Tendras que explicarle quien es su madre, y aunque le digas que soy lo peor de lo peor, lo que jamas le podras decir es que no le quiero, porque le quiero con toda mi alma y estoy dispuesta a lo que sea por el.

– Papa…

– Calla, hijo. Y tu… tu no tienes verguenza, te lo vuelvo a repetir: no te acerques a Javier, o te arrepentiras.

– Papa…

– ?Callate!

– ?No le grites! El nino no tiene la culpa de nada.

– ?Te atreves a decirme lo que puedo o no puedo hacer?

– Si, me atrevo a decirte que no grites al nino y tambien a suplicarte que hables conmigo, que lleguemos a un

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату