El coronel Von Schumann se alojo en el Excelsior, un hotel muy elegante, y acompano a Amelia hasta la casa de Carla Alessandrini. La diva no le habria perdonado a Amelia que se alojara en ningun otro lugar. Carla le habia pedido en reiteradas ocasiones que fuera a verla, ya sabe que la queria como a una hija. Pero Amelia y el baron se llevaron una sorpresa cuando, en vez de a Carla, a quien se encontraron fue a su desolado esposo, Vittorio Leonardi.

– ?Amelia, que alegria que estes aqui! -le dijo abrazandola.

Luego saludo cortesmente, pero con frialdad, al baron Von Schumann, lo que extrano a Amelia. Vittorio habia conocido tambien al baron en Berlin y habian compartido varias veladas, y aquella frialdad no se correspondia con la pasada relacion. Amelia notaba el nerviosismo de Vittorio sin entender el porque de su hostilidad hacia Max von Schumann. Ni siquiera le invito a pasar. Von Schumann se despidio. Tenia que presentarse ante sus superiores. En cuanto Amelia y Vittorio se quedaron a solas, ella le pregunto:

– Vittorio, ?que sucede? ?Donde esta Carla?

– Esta detenida.

– ?Detenida? Pero ?por que motivo? -pregunto Amelia, alarmada.

– Por colaborar con los partisanos. En realidad la culpa es mia.

– ?Dios mio! ?Cuentame todo lo que ha pasado!

– La tienen los de las SS.

– ?Pero por que!

– Ya te lo he dicho, Carla colabora con la Resistencia y creo que… bueno, creo que tambien mantenia relaciones secretas con los aliados.

– ?Y tu?

– Yo soy el culpable de todo por haberselo permitido. Incluso nos enfadamos, pero ya sabes la influencia que tiene sobre ella su profesor de canto, Mateo Marchetti. Carla siempre ha ayudado a los amigos de Marchetti, en realidad estuvo contra Mussolini desde el mismo dia en el que llego al Gobierno de Italia y, como bien sabes, nunca se recato de demostrarlo. Pero era la gran Carla Alessandrini, y todo el mundo hacia la vista gorda, como si su oposicion fuera una excentricidad. Sin embargo, la colaboracion de Carla con los partisanos fue gradualmente en aumento. Nuestra casa de Milan se convirtio en el refugio de los fugitivos, y otro tanto ocurrio aqui en Roma. Luego empezo a ayudar a sacar gente a traves de la frontera, gente que iba a ser detenida por la policia o por las SS. Gente que Marchetti le pedia a Carla que salvara. Y no solamente el, tambien ese cura aleman amigo tuyo, el padre Muller. No sabes cuantas veces ha venido hasta aqui suplicando que ayudaramos a escapar a alguna familia judia.

– ?El padre Muller sigue aqui? -pregunto Amelia, sorprendida.

– Si, vive en el Vaticano, y esta con ellos.

– ?Con quien?

– Con los partisanos, colabora con los partisanos. Carla le puso en contacto con Mateo Marchetti. El padre Muller es un funcionario menor de la Secretaria de Estado, y no me preguntes como lo hace, pero el caso es que de vez en cuando roba pasaportes vaticanos para sacar a alguna gente.

– Aun no me has dicho por que detuvieron a Carla.

– Yo no estaba aqui. Nos habiamos peleado por primera vez en todo el tiempo que llevamos juntos. Tenia miedo de lo que le pudiera suceder porque, sin importarle las consecuencias, cada dia se volvia mas audaz. Se arriesgaba mucho. Yo intentaba hacerla entrar en razon, que entendiera que no debia exponerse tanto, pero no me escuchaba. Ya apenas ensayaba, parecia haber perdido todo interes por cantar, por lo que habia sido la razon de su vida, por lo que hasta entonces lo habia sacrificado todo. Solo vivia para reunirse con Mateo Marchetti, para cruzar la frontera, para conspirar con ese padre Muller amigo tuyo. Era evidente que empezaban a sospechar de ella, pero no quiso darse cuenta ni atender a razones. Se lo dije, yo se lo dije: ese coronel Jurgens sospechaba de ella, pero no quiso escucharme, creia tenerle rendido a sus pies, como siempre le ha ocurrido con todos los hombres.

– ?El coronel Jurgens? -pregunto Amelia, alarmada.

– Si, el coronel Ulrich Jurgens. Al parecer le han ascendido recientemente por haber sido herido en el frente del Este. En Roma todos le temen.

– Dime como es ese hombre.

– Alto, rubio, bien parecido, aunque sin ninguna clase. Tiene exito con las mujeres. Creo que estuvo en el frente ruso y antes en Polonia. Aqui es muy popular, no hay fiesta en la que no este invitado.

Amelia sentia que no podia respirar y se puso a temblar. Su destino volvia a cruzarse con el de Ulrich Jurgens, el hombre que habia desmantelado la red de Grazyna Kaczynsky en Varsovia, que habia ordenado torturar a Grazyna, a todos sus amigos y tambien a ella. El hombre que la habia condenado a pasar un largo ano en el infierno de Pawiak, aquella inmunda prision donde la habian torturado, de donde se habian llevado a su amiga Ewa para asesinarla. Durante unos segundos revivio todo lo que habia sufrido en Polonia, lloro por Grazyna y por aquel grupo de jovenes con los que, a traves del alcantarillado, burlaban a los nazis con tal de llegar al corazon del gueto de Varsovia y llevar un poco de ayuda a sus amigos judios. Acudieron a su memoria los rostros de Grazyna, de Ewa, de Piotr, de Tomasz, de Szymon el novio de Grazyna, de su hermano Barak, de Sarah, su madre, de la hermana Maria, de la condesa Lublin… Rememoraba lo vivido en Varsovia con tal nitidez que sentia los golpes de los interrogadores de las SS, la risa helada del entonces comandante Ulrich Jurgens, el suelo frio de su celda en Pawiak, los piojos recorriendole el cabello y cebandose en su cabeza hasta hacerla sangrar… Y ahora Vittorio le decia que el demonio volvia a hacerse presente, porque Ulrich Jurgens estaba alli, en Roma.

– Amelia… Amelia… pero ?que te pasa?-Vittorio le apreto la mano intentando que volviera a la realidad.

– ?Como conocisteis al coronel Jurgens?

– En una fiesta. El se intereso de inmediato por Carla, dijo recordarla de su estancia en Berlin. Se deshizo en halagos sobre su voz y su belleza. La cortejo descaradamente. Pero Carla le ignoraba, en realidad no le ocultaba cuanto le despreciaba. Empezamos a coincidir con el en todas partes. Yo le decia a Carla que aquel hombre tenia un interes malsano por ella, pero creyo que yo tenia celos, ?imaginate! No queria ver lo que era evidente, que aquel hombre ansiaba poseerla, si, pero tambien destruirla. Un dia le pregunto por ti. Carla se sorprendio de que te conociera y el se rio: «?Oh, no sabe lo mucho que la he llegado a conocer!», respondio. Pero ella no le creyo, y de manera poco diplomatica le dijo que era imposible que tu te hubieras fijado en un hombre como el.

– Le conozco, Vittorio, le conozco -dijo Amelia-. El… me mando detener en Varsovia y… no, no voy a contarte por lo que he pasado, eso no importa ahora, lo que importa es Carla. Dime, ?desde cuando esta detenida?

– Desde hace cinco dias. Yo no estaba aqui. Ya te he contado que nos habiamos enfadado y me marche a Suiza. Queria presionarla para que dejara toda esa actividad politica o al menos para que no se comprometiera tanto. Esperaba verla en Suiza porque sabia que Marchetti le habia pedido que ayudara a pasar la frontera a un hombre que los comunistas habian tenido infiltrado muy cerca de Mussolini. Al parecer trabajaba como camarero al servicio del Duce y conocia bien a la familia. Durante anos se habia hecho pasar por fascista, pero creia que empezaban a sospechar de el. Creo que se habia hecho con documentos importantes del Duce relativos a los planes alemanes para Italia y otros lugares de Europa. Sus camaradas decidieron que habia llegado el momento de sacarle de Italia. Como puedes suponer, era un hombre con una informacion privilegiada al que los servicios secretos de los aliados estaban ansiosos por conocer.

»Marchetti le pidio ayuda a Carla y ella se reunio con el padre Muller, solicitandole uno de sus pasaportes vaticanos. El padre Muller se comprometio a conseguir uno de esos pasaportes, pero el cura estaba tardando mas de lo previsto y Carla se impaciento. Decidio ser ella quien llevara al hombre a Suiza. Se encargo de elaborar el plan: irian solos y le liaria pasar por su chofer. Si les preguntaban, dirian que iban a reunirse conmigo en Zurich. No acababa de ser una buena idea, pero al parecer habian descartado pasarle por las montanas porque el hombre pasaba ya de los sesenta anos y no estaba bien de salud; ademas, hay alemanes por toda la frontera con Suiza.

»La noche anterior a la fuga, Carla asistio a una cena en casa de unos amigos y alli se encontro con el comandante Jurgens. Parece que el estuvo especialmente ironico llegandole a decir en publico que muy pronto pasarian mucho mas tiempo juntos del que ella podia imaginar. Incluso insinuo a Carla que estaba seguro de que iba a poder conocer centimetro a centimetro su cuerpo. Carla se rio de el, y se mostro mas sarcastica y despreciativa de lo habitual. Incluso le solto que a los hombres como el ella no les permitia ni siquiera descalzarla. Jurgens le aseguro que muy pronto el haria algo mas que eso.

»La noche siguiente, Carla y el camarero del Duce salieron en direccion a Suiza. Se puso ella al volante, porque a pesar de que el hombre iba a pasar por su chofer, en realidad no sabia conducir. En caso de que la policia los

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