y en que habia prometido a su familia que para esa fecha estaria en Espana, pero sabia que ya no podria cumplir su palabra, no mientras pudiera hacer algo por Carla.
Se alegro de volver a ver al comandante Hans Henke, el ayudante de Max.
– Coronel, creo que no ha sido una buena idea traer aqui a la senorita Garayoa -dijo el comandante Henke nada mas verla.
– Pues yo creo que ha sido una gran idea -respondio Max, contento de tener a Amelia a su lado.
– Fijese en quien esta -susurro Hans Henke senalando discretamente a un grupo de oficiales de las SS que hablaban al fondo del salon.
Aunque estaba de espaldas, Amelia reconocio en el acto a Ulrich Jurgens y sintio una oleada de odio que la hizo enrojecer.
– Lo siento, Amelia, no pensaba que coincidiriamos con el, de ser asi no habriamos venido. Me aseguraron que Jurgens llevaba unos dias en Milan.
– Ha adelantado su regreso esta misma noche -respondio el comandante Henke.
– Lo mejor es que nos marchemos discretamente. Hans tiene razon, seria una temeridad que Jurgens te viera.
Iban a salir del salon cuando el coronel Ulrich Jurgens se dirigio hacia ellos. Momentos antes, otro oficial de las SS habia alertado a Jurgens sobre la presencia de Max von Schumann y Amelia Garayoa.
Jurgens les corto el paso con un par de copas de champan en la mano.
– ?Vaya, vaya, mi vieja amiga la senorita Garayoa! ?No pensara irse sin brindar conmigo por este feliz reencuentro? -dijo, tendiendo una copa a Amelia e ignorando a Von Schumann.
– Apartese, Jurgens -le conmino Max mientras cogia el brazo de Amelia.
– Pero, baron, ?si acaban de llegar a la fiesta! ?Un caballero como usted va a desairar a los anfitriones marchandose antes de la cena?
– Dejenos en paz, Jurgens -insistio Max.
De repente se vieron rodeados por un grupo de jefes y oficiales de las SS.
– Baron, ?nos presenta a esta bella senorita? -pidio uno de los militares con una sonrisa ironica.
– No puede reservarsela para usted solo, al menos permitanos intentar que nos conceda algun baile -continuo diciendo otro.
– Hemos oido hablar mucho sobre la senorita Garayoa, tenemos entendido que es una vieja conocida del coronel Jurgens -apunto otro.
Amelia sentia todo su cuerpo rigido y notaba que la voz se le habia paralizado en la garganta. No habia pensado que el destino la volviera a colocar ante aquel hombre que la habia torturado personalmente. Aun retumbaban en sus oidos las risotadas del coronel Jurgens cuando ella se retorcia de dolor y de verguenza cuando el se complacia en arrancarle la ropa para contemplar su desnudez antes de torturarla.
Max aparto a uno de los oficiales tirando de Amelia hacia la salida, pero la suerte no estaba de su parte aquella noche, ya que en ese preciso momento el jefe de su division se acerco al grupo acompanado de otros dos generales y le pidio a Max que les acompanara un momento.
– No le distraeremos mucho tiempo, solo sera una consulta, coronel. Dejemos a estos caballeros al cuidado de la senorita.
– Lo siento, general, pero ya nos ibamos, la senorita no se encuentra bien -respondio Max.
– ?Vamos, solo sera un momento! Coronel, encarguese de atender a esta senorita mientras conversamos con el baron Von Schumann.
Amelia se quedo frente a frente con su verdugo, y cuando Jurgens le tendio la mano, ella se la aparto con brusquedad.
– ?No se atreva a rozarme!
– Pero, querida, ?si en el pasado he hecho algo mas que rozarla! ?A que vienen tantos remilgos?
Sus companeros de las SS rieron la respuesta de Jurgens y a una senal suya se retiraron dejandole solo con Amelia.
– No deberia ser tan arisca conmigo, ya sabe que los hombres despechados son capaces de cualquier cosa - declaro el oficial con sarcasmo.
– ?Que quiere, Jurgens?
– ?Oh, usted ya lo sabe! ?Hace falta que le diga que quiero tener lo mismo que tiene el baron Von Schumann? ?Por que no se muestra igual de carinosa conmigo que con el? Le aseguro que yo seria mas generoso con usted de lo que lo es el baron Von Schumann. El solo le ofrece amor, yo le ofrezco el mundo entero, compartir conmigo la gloria del Reich.
– ?Si supiera cuanto me repugna su mera presencia!
– Su resistencia hacia mi la hace mas atractiva.
– ?Nunca, Jurgens! ?Nunca me tendra, aunque me volviera a torturar!
– Si usted hubiese sido mas complaciente, yo habria pasado por alto su pecadillo: ?ayudar a aquellos pobres desgraciados! ?Nunca entendere por que se unio a aquel grupo de polacos empenados en ayudar a los judios!
– No, claro que no puede entenderlo, esta fuera de su alcance poder entenderlo.
– ?Sabe?, no se por que, pero me siento tan atraido por usted… nunca me han gustado las mujeres tan delgadas. Es mas atractiva su amiga Carla Alessandrini, al menos tiene formas de mujer, usted sin embargo tiene un aspecto tan fragil…
– ?Es usted repugnante! ?Que le ha hecho a Carla?
– ?Ah! ?Su amiga es una traidora! Deberia tener cuidado de no tener tratos con traidores, ya sabe lo que les pasa cuando les alcanza la justicia del Reich.
El coronel Ulrich Jurgens la miro con dureza. Luego la agarro de la mano y se la apreto hasta hacerle dano.
– Si se resiste a mi, ya sabe las consecuencias. ?Por que no se evita problemas? Esta vez no sere tan benevolo como en Varsovia.
Amelia no pudo contenerse y le dio una patada en la espinilla intentando escapar. Pero no lo consiguio. Jurgens la sujeto con fuerza del brazo y se lo retorcio.
– Si se empena en declararme la guerra, ?asi sea! -respondio el con los ojos llenos de furia y una sonrisa maligna.
Al final consiguio soltarse y corrio en busca de Max.
– ?Que ha pasado? -pregunto el baron.
Amelia le conto la escena y las amenazas de Jurgens.
– ?Es un miserables, un canalla!
De regreso a casa Amelia no dejaba de temblar. Temia las amenazas de aquel sadico.
– Tranquilizate. Esta decidido, regresas a Espana. No quiero que permanezcas en Roma estando Jurgens aqui. Manana me encargare de buscarte un billete de avion para Madrid. Procura no salir de casa de Vittorio a no ser que yo vaya a buscarte, incluso seria mejor que no vieras ni siquiera al padre Muller.
– No quiero irme, no puedo dejar solo a Vittorio.
– Amelia, no permitire que te quedes en Roma, dentro de dos dias tengo que marcharme a visitar nuestras tropas; estare en el norte, y no quiero ni pensar de lo que seria capaz Jurgens.
Pero Amelia si sabia de lo que era capaz el coronel Jurgens, aunque no se lo dijo. No queria recordar los meses pasados en Pawiak, a pesar de que cada noche regresaban en forma de pesadillas.
Vittorio se mostro de acuerdo con el baron Von Schumann y pidio a Amelia que regresara a Espana.
– Querida, aqui no puedes hacer nada salvo acompanarme. Tienes una familia que te espera y dentro de unos dias es Navidad.
No hubo forma de convencerla, de manera que Max von Schumann se fue a Milan, temiendo lo que pudiera suceder en su ausencia.
9
Dos dias antes de Nochebuena, el padre Muller se presento de improviso en casa de Vittorio para ver a
