– Claro, claro, debes distraerte. ?Lo de Carla ha sido tan terrible!

Amelia penso en como Cecilia se referia al asesinato de Carla con el eufemismo de «lo de Carla». Sabia que Cecilia se habia sorprendido al saber que iria a la fiesta y que lo comentaria con todas sus amigas. Esperaba que llegara a oidos del coronel Jurgens y que este se presentara o se hiciera invitar por Guido Gallotti y su esposa.

Vittorio no se enfado con ella cuando le dijo que asistiria a la fiesta de Ano Nuevo.

– Ve y procura distraerte, no tiene sentido que te quedes aqui.

– Cuando… en fin… pronto comprenderas por que he ido.

– ?Por favor, Amelia, no hagas nada que te ponga en peligro! -respondio el, alertado por las palabras de la joven.

– No quiero que pienses que soy una frivola capaz de ir a una fiesta cuando acabamos de enterrar a Carla.

– Si en algo me aprecias, prometeme que no vas a hacer nada que te ponga en peligro. No lo soportaria, no pude impedir lo de Carla, no me hagas vivir con mas culpas de las que ya tengo.

Pasqualina la ayudo a arreglar uno de los trajes de fiesta de Carla. Era mas delgada de lo que lo habia sido la diva y no era tan alta como ella. La modista no tardo en amoldar a su figura un traje color negro. Al menos queria mantener el luto por su amiga.

El chofer de Vittorio la llevo a la casa de los Gallotti. Cecilia le susurro que el anuncio de su asistencia habia despertado mucha expectacion y que algunos oficiales habian pedido ser invitados a la fiesta. Amelia hizo como si no le importara.

Guido y Cecilia la presentaron a algunos amigos, aunque a Guido se le veia incomodo por la presencia de Amelia. Algunos invitados le preguntaban quien era la joven espanola y el evitaba explicar que les habia sido presentada por Carla.

– Has sido una insensata -le dijo al oido de su esposa-; ademas, me sorprende que estando de luto haya venido a una fiesta. Esa mujer no es de fiar, lo mismo que Carla.

– No seas ridiculo, ella es espanola, fascista como nosotros, y esta igual de sorprendida por la traicion de Carla. Si ha venido es para que todos lo sepan, lo que pasa es que no entiendes a las mujeres -se defendio Cecilia.

Pasada la medianoche, Ulrich Jurgens llego acompanado de varios oficiales de las SS. Hizo notar su presencia no solo llegando tarde sino tambien por las risotadas de sus acompanantes. Habian bebido y parecian euforicos.

No perdio el tiempo en cumplidos con los anfitriones y se dirigio de inmediato hacia donde estaba Amelia.

– La suponia llorando.

Ella le miro y se dio la vuelta, pero el no se lo permitio y le sujeto el brazo.

– ?Vamos, no volvamos a las andadas! Y guardese de darme una patada como la ultima vez. Responda, ?que hace aqui?

– No tengo por que darle explicaciones de lo que hago.

– ?Tan poco le ha durado el duelo por su amiga Carla Alessandrini? Ya veo que usted no pierde el tiempo.

– Dejeme en paz. -Esta vez logro soltarse y le dio la espalda.

– ?Por que se empena en enfrentarse a mi? Le iria mejor si no lo hiciera. Yo podria haber salvado a su amiga si se hubiera mostrado amable conmigo -dijo el, mientras la sujetaba de nuevo impidiendole marchar.

– ?Cree posible ser amable con una hiena? -respondio ella con altivez.

– ?Asi me ve? ?Como una hiena? Vaya, me habria gustado que hubiera hecho otra comparacion.

– Pues, mirese al espejo.

El la observo con dureza sin soltarle el brazo pero manteniendola a distancia. Y ella pudo leer en sus ojos que le aguardaba alguna sorpresa.

– Su amigo el baron deberia cuidar sus amistades.

Se puso rigida, no entendia lo que queria decirle pero sonaba a amenaza.

– ?Vaya, no sabia que tambien se ocupaba de las amistades de los jefes de la 'Wehrmacht! -respondio Amelia, intentando imprimir desden en el tono de voz.

– Hay muchos traidores hoy en dia, incluso en el corazon de Alemania. Gente incapaz de comprender el sueno de nuestro Fuhrer. Muchos de los amigos del baron han sido detenidos por la Gestapo, ?no lo sabia? ?No se lo ha dicho? Creia que tenia mas confianza en usted.

No, Max no le habia dicho nada, seguramente para no asustarla, pero ?a quien se referiria? Tampoco el padre Muller le habia comentado nada. ?No lo sabria o simplemente no queria preocuparla?

– Guardese sus insidias y ?suelteme!, me da asco -respondio ella, sabiendo que cuanto mas le mostraba su desprecio, mas ansiaba el tenerla.

– Debe de ser duro que tus amigos sean traidores. Primero aquellos jovenes polacos, ?como se llamaba su amiga? ?Grazyna? Si, asi se llamaba, y tambien la pequena Ewa, ?las recuerda? Ahora Carla Alessandrini. ?Cuidado, a su alrededor hay demasiados traidores!

– ?Usted es capaz de las mayores infamias!

– Tuvo usted la oportunidad de salvar a su amiga Carla Alessandrini, pero la desaprovecho y ahora… bien, yo podria desviar la atencion de quienes sospechan del baron. Y, por cierto, ?de nada le servira correr para avisarle!

– ?Que es lo que quiere?

– Lo sabe bien. ?Hace falta que se lo diga? Si tanto le importa el baron, no tendra problemas en sacrificarse por el. ?O le abandonara a su suerte lo mismo que hizo con su amiga Carla?

– Usted me repugna -respondio ella, pero su tono de voz indicaba que se habia rendido.

– Le hare superar su repugnancia.

– ?Dejar» en paz al baron Von Schumann?

– Tiene mi palabra.

– ?Su palabra? No me vale de nada. Quiero un documento que exonere al baron de cualquier sospecha.

Se rio de ella mientras le retorcia el brazo.

– Tendra que aceptar mi palabra o prepararse para llorar al baron. No se haga de rogar mas y acompaneme.

Amelia bajo los ojos y parecio dudar. Luego le miro fijamente alzando el menton.

– No sera esta noche. Sera manana -respondio ella.

– De acuerdo. Que sea manana. Primero iremos a cenar.

– No, nada de preambulos, entre usted y yo son innecesarios. Digame donde y yo ire.

– Una mujer como usted es digna del Excelsior, ?le parece bien?

– ?El Excelsior?

– Es el hotel donde se alojaba el baron, lo conocera usted bien… -respondio el riendo.

– Esta bien. ?A que hora?

– A las nueve. Brindaremos con champan por nuestro negocio.

– Envieme recado de a que habitacion debo ir. Es mas, prefiero que me envie la llave para ir directamente a la habitacion. No pienso exhibirme con usted en el hotel.

La solto riendo y ella escapo con paso rapido buscando a Cecilia Gallotti para despedirse de ella. Ya habia conseguido su objetivo, o al menos el que se habia fijado para aquella noche. La parte mas dificil era la que tendria que superar al dia siguiente.

– ?Pero si la fiesta esta en lo mejor, no puedes irte! -exclamo Cecilia intentando persuadirla para que no se marchara.

– No me siento bien, no he debido venir, crei que me distraeria, pero no puedo dejar de pensar en Carla, lo siento y te agradezco tu amabilidad.

Cuando llego, Vittorio seguia despierto.

– No podia dormir, estaba preocupado por ti.

– No debes preocuparte, estoy bien.

– ?Te han tratado bien?

– A Guido le incomodaba tenerme alli, pero Cecilia se ha mostrado encantadora.

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