ultimo rincon. Recogio un par de horquillas con las que se habia sujetado la peluca, se puso unos guantes y con un panuelo limpio todo lo que habia tocado. Despues quito la funda de la almohada y se la metio en el bolso. Volvio a revisar toda la habitacion, hasta estar segura de que no dejaba nada que la pudiera delatar. Se volvio a colocar la peluca y sujeto la pistola con el liguero.

Espero una hora antes de decidirse a salir. Paso todo el tiempo mirando fijamente al cadaver de Ulrich Jurgens, diciendole en voz baja cuanto le habia odiado y como se sentia de satisfecha por haber hecho justicia. Le sorprendia no sentir remordimientos, no sabia si la acecharian mas tarde, pero en aquel momento lo unico que sentia era una gran satisfaccion.

Cuando salio de alli un oficial acompanado de una rubia entraban en una habitacion situada una puerta mas adelante. Ella no les miro y ellos tampoco parecieron prestarle demasiada atencion. Estaban bebidos y parecian contentos.

Aguardo impaciente el ascensor y no respiro hasta llegar a la calle.

Camino con paso tranquilo, diciendose que nadie podria relacionarla con aquel asesinato. Llego a casa de Vittorio cerca de la una y entro muy despacio, intentando no despertar ni a Vittorio ni a los criados.

Se metio en la cama y durmio de un tiron hasta bien entrada la manana siguiente. Fue el propio Vittorio quien la desperto; parecia muy alterado.

– Se ha cometido un asesinato en el Excelsior. Un oficial de las SS.

– ?Y a nosotros que mas nos da? -respondio ella con suficiente aplomo.

– Estan haciendo una gran redada por todo Roma. No sabes a cuanta gente han detenido. Hace un momento ha llamado Cecilia para preguntar por ti, queria comentar contigo la noticia.

– La llamare en cuanto me vista. Hoy habia quedado para ir a almorzar a su casa.

– Seria mejor que te quedaras aqui.

– No debes preocuparte tanto por mi. Cecilia me dijo que me enviaria su propio coche.

– Amelia, te digo que estan haciendo una redada y deteniendo a mucha gente, no es conveniente que salgas a la calle.

Pero Amelia insistio en que aquel suceso nada tenia que ver con ellos, de manera que llamo a Cecilia para confirmar que iria a almorzar con ella.

Cuando Amelia llego, Guido estaba a punto de salir.

– No es conveniente que salgais -les aconsejo-, estan buscando a una mujer morena, parece que ha sido quien ha matado al coronel Ulrich Jurgens.

– ?A Jurgens? -pregunto Amelia, sorprendida.

– Si, es el oficial de las SS que ha aparecido muerto. La policia cree que ha sido una prostituta, pero al parecer no le robaron nada, de manera que ?para que iba a matarle? Una pareja vio a una mujer morena salir de la habitacion de Jurgens a eso de las doce.

– ?Pero quien se va a atrever a asesinar a un oficial de las SS! -exclamo Amelia como si, ademas de asustada, estuviera sorprendida.

– Bueno, a lo mejor no ha sido una prostituta. Un amigo de Jurgens ha dado otra pista; al parecer, el coronel tenia una cita con una dama, alguien que no le tenia en mucha estima pero que aun asi estaba dispuesta a reunirse con el.

– ?Quien podria ser, entonces? -pregunto Cecilia con curiosidad.

– Dudo que el coronel Jurgens tuviera muchos amigos -sentencio Amelia.

– Tu le conocias, el dia de la fiesta de Ano Nuevo os vi hablando muy animadamente. Te dire que cuando os vi juntos pense que al coronel le gustabas.

– ?Que tonteria! Hablabamos de la marcha de la guerra, nada mas.

Guido las dejo hablando sobre quien podria ser la dama misteriosa, aunque el se inclinaba por la version de la policia: a Jurgens lo habia asesinado una prostituta. Quiza se habia mostrado violento con ella; aquel hombre resultaba temible, incluso a el le ponia nervioso.

Cuando Amelia llego a casa de Vittorio, se encontro al padre Mullen.

– No te esperaba, Rudolf- le dijo sonriendo.

– ?Sabes lo que ha ocurrido?

– Supongo que me vas a contar lo que sabe todo el mundo, que han matado al coronel Jurgens.

– Asi es… Amelia, perdona que te pregunte, pero…

Ella solto una carcajada que al padre Muller le sono a falsa puesto que la conocia demasiado bien.

– Rudolf, me alegro de que este muerto, en eso no te voy a enganar.

– He venido porque Marchetti me ha enviado un recado, quiere verte.

– ?A mi? ?Por que?

– Tu sabras de lo que hablasteis cuando os visteis.

– Le pregunte si podia colaborar con la Resistencia, si podia ocupar el lugar de Carla -mintio.

– Puede que haya decidido aceptar tu oferta. Quiere verte manana, en San Clemente. Ven poco antes de que cierren la iglesia.

– Alli estare. Pero no debes preocuparte por mi.

– ?Como no voy a preocuparme! He perdido ya demasiados amigos.

– Precisamente queria preguntarte por eso…

– Amelia, no te lo quise decir para no angustiarte. En realidad Max me pidio que no lo hiciera. Hace unos meses la Gestapo detuvo al profesor Schatzhauser. Estaba en la universidad, irrumpieron en su clase y se lo llevaron. No hemos vuelto a saber de el. Tambien han detenido al pastor Schmidt.

– ?Y los Kasten?

– No, ellos aun estan en Berlin, aunque la Gestapo debe de seguirles los pasos. Todo el mundo sabe que eran amigos del doctor Schatzhauser. Si yo volviera… posiblemente me detendrian.

– Debiste decirmelo.

– Entiendelo… Max no quiere que sufras.

La policia se presento en casa de Vittorio cuatro dias mas tarde coincidiendo con el regreso de Max von Schumann a Roma.

Obligaron a Amelia a acompanarles para una rueda de identificacion. Un oficial de las SS amigo del coronel Jurgens aseguraba que este iba a reunirse con la amante del baron.

Amelia protesto e incluso lloro, parecia asustada; y aunque Vittorio gritaba que la dejaran en paz, al final se la llevaron.

En la comisaria se encontro con aquella pareja que ocupaba una habitacion cercana a la de Jurgens. La miraron de arriba abajo pero enseguida aseguraron que ella no era la mujer con la que se habian cruzado la noche del asesinato.

– No, no es ella -aseguro el oficial-. Aquella era morena.

– Con reflejos caoba y los ojos negros, y esta los tiene claros -anadio su acompanante.

– Era mas alta -dijo el oficial-, y un poco mas gruesa.

La interrogaron por rutina sobre donde habia estado aquella noche. Y ella aseguro que se habia quedado en casa con Vittorio y que los criados lo podian corroborar. No nego conocer al coronel Jurgens, ni siquiera que sentia aversion hacia el. Sabia que ellos contaban con toda la informacion sobre lo sucedido en Varsovia, asi que era mejor decir toda la verdad, o mas bien casi toda.

Durante dos dias y dos noches la estuvieron interrogando sin que cayera en ninguna contradiccion. Al tercer dia, Max acudio a buscarla a la comisaria. Habia suplicado a su general que moviera todos los hilos para evitar que no la entregaran a las SS. El general solo habia puesto una condicion: que el informe de la policia descartara que ella fuera la asesina.

La policia tenia la descripcion hecha por la pareja de la habitacion de al lado, de manera que concluyeron que dificilmente Amelia podia ser la asesina. La dejaron en libertad. Max la estaba esperando.

– Nos vamos a Atenas -le dijo Max camino de la casa de Vittorio.

Amelia suspiro aliviada.»

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату