traves de la Resistencia, de la ejecucion del coronel Jurgens y ya no tuvimos dudas de que Amelia Garayoa estaba dispuesta a volver a la accion. De manera que en Atenas contactamos con ella.
– Asi de facil.
– ?Quien ha dicho que fuera facil? -respondio, malhumorado, el mayor Hurley-. Joven, deberia ser menos impaciente y escuchar, porque yo no tengo tiempo que perder.
Me calle, temiendo haber torcido el buen humor del mayor, que se dispuso a iniciar su relato.
«El comandante Murray recibio un informe en el que se detallaba que Amelia Garayoa, que en aquellos momentos colaboraba con la Resistencia italiana, habia ejecutado en Roma a un coronel de las SS. Murray se sorprendio de la accion de Amelia, porque aunque la habian entrenado para matar en caso de ser necesario, no creia que fuera capaz de hacerlo. El aspecto fragil de Amelia resultaba enganoso.
Murray decidio volver a solicitar la colaboracion de la joven espanola. En Atenas podia ser muy util colaborando con la Resistencia y suministrando informes sobre la situacion de las tropas alemanas en las islas griegas.
El baron Von Schumann tomo dos habitaciones comunicadas en el hotel Gran Bretana. Para nadie era un secreto que la senorita Garayoa era su amante, pero Schumann era demasiado caballero para hacer una exhibicion grosera de su relacion. El hotel Gran Bretana esta situado en el corazon de Atenas, muy cerca de la Acropolis.
Amelia disfrutaba con la visita a las ruinas arqueologicas y lamentaba en silencio que la bandera nazi ondeara en la Acropolis.
Max von Schumann dedicaba su tiempo a visitar los distintos batallones comprobando el estado de los heridos y las necesidades medicas. Luego redactaba larguisimos informes que enviaba a Berlin sabiendo que muy pocas de sus demandas se verian satisfechas.
Lo que no sospechaba Amelia, ni tampoco ninguno de los altos oficiales que se alojaban en el Gran Bretana es que uno de los camareros que les atendia servilmente en el bar, era un agente britanico.
Su nombre en clave era «Dion». Aun hoy sigue clasificado su verdadero nombre.
Dion hablaba perfectamente ingles y aleman. Su padre era griego y trabajo para la embajada britanica. Alli conocio a una joven criada, la doncella personal de la mujer del embajador. Se enamoraron, se casaron y tuvieron un hijo. Cuando aquel embajador ingles fue cambiado de destino, la joven doncella se quedo con su marido en Atenas. Era una criada competente, de manera que encontro trabajo en casa de un historiador aleman que pasaba largas temporadas en Atenas. Debio de ser un buen hombre porque le permitia llevar a la casa al pequeno Dion, a quien en sus ratos libres se complacia ensenandole el aleman. Es asi como Dion llego a dominar unos idiomas tan necesarios para su profesion. Escuchaba las conversaciones que los huespedes mantenian ante el sin dar senal de entenderles. Y ellos hablaban con la confianza de que nadie sabia que decian.
Al poco de llegar Amelia y el baron, Dion envio en uno de sus informes una de las conversaciones que les escucho. -La guerra no va bien -le dijo Max a Amelia.
– ?Ganaran los aliados? -pregunto ella sin ocultar que ese era su deseo.
– ?No te das cuenta de lo que eso puede suponer?
– Si, el fin del III Reich.
– Los britanicos deberian empezar a preocuparse por los rusos. Nosotros somos sus aliados naturales contra Stalin. Tenemos que entendernos.
– ?Que cosas dices! Ya sabes lo que pienso de Stalin, pero en esta guerra… al final ha tomado el camino correcto enfrentandose a Alemania.
– Quiere extender el comunismo a toda Europa, ?es eso lo que quieres?
– Lo que no quiero es el III Reich, eso es lo que no quiero.
– Hay que pensar en el dia de manana. Hitler es solo una circunstancia, lograremos deshacernos de el.
– ?Cuando, Max? ?Cuando? Ni tu ni tus amigos os decidis a hacer algo para conseguirlo.
– ?No es verdad! Tu sabes que no es verdad. Pero no podemos dar un paso sin contar con el apoyo de ciertos generales o de lo contrario provocariamos un desastre mayor.
– Y algunos de esos generales tienen miedo a comprometerse, y otros en cambio son nazis fanaticos; y mientras tanto, tu te preocupas por lo que en el futuro pueda hacer Stalin. ?Sabes lo que te digo? Que con lo poco que me gusta Stalin ahora mismo, le considero una bendicion.
– ?No digas eso, Amelia! No lo digas, por favor.
Una tarde, mientras aguardaba en el bar la llegada del baron Von Schumann, Dion se acerco a ella y solicito atenderla.
– Un amigo suyo de Londres querria que fuera usted a visitar la catedral.
Amelia se puso nerviosa, pero enseguida se contuvo.
– ?Como dice? No se de que me habla.
– Confie en mi. Le traigo noticias del comandante Murray.
Al oir aquel nombre, Amelia se tranquilizo.
– ?Cuando debo ir? -pregunto al camarero.
– Manana, a eso de las once.
– Usted…
– Ya hemos hablado bastante.
Al dia siguiente, fue a visitar la catedral ortodoxa de Atenas. Caminaba despacio, observando a su alrededor. Los griegos se mostraban huranos con los ocupantes, y donde quiera que mirara solo veia caras hostiles.
Muchos oficiales habian sido alojados en casas de atenienses que se habian visto obligados a convertirse en anfitriones de sus ocupantes.
Estaba contemplando los iconos de la catedral cuando sintio tras ella el aliento de un hombre.
– Buenos dias, ?le interesan nuestros iconos? -dijo alguien en ingles.
Se volvio y se encontro a un pope, un hombre alto, con barba negra y ojos brillantes, y el largo cabello recogido en una coleta.
– Buenos dias. Si, me sorprenden y me gustan, son muy distintos de las pinturas religiosas catolicas.
– Este es san Nicolas -dijo, senalando una de las imagenes-. Lo encontrara en todas nuestras iglesias. Y ese es un icono de san Jorge; pero fijese en aquel, el de la Virgen y el nino, es una joya.
Apenas habia gente en la catedral, salvo unas cuantas mujeres que se santiguaban antes de encender una vela y colocarla en una de las plataformas colocadas debajo de los iconos.
– Ademas del arte, ?esta interesada en la Justicia y en la Verdad? -le pregunto el pope con voz ronca.
Amelia procuro disimular la sorpresa que le habia provocado la pregunta.
– Desde luego -respondio.
– Entonces, puede que tengamos amigos comunes.
– No lo se -musito ella.
– Acompaneme y hablaremos.
Le siguio y salieron de la catedral. Hacia frio, pero el pope no parecia sentirlo. Amelia se estremecio.
– Colaboramos con amigos suyos de Londres, y sus amigos me preguntan si esta interesada en volver a trabajar. El comandante Murray la felicita por lo de Roma.
– ?Lo de Roma? -Amelia se sobresalto.
– Es el mensaje que le tenia que dar, no se mas.
– ?Quien es usted?
– Llameme Yorgos. No nos gusta tener a los alemanes aqui. Los griegos siempre hemos luchado contra quienes nos han invadido. Preguntele a Jerjes o a Dario por nosotros.
– ?Como dice?
El pope rio por haberla sorprendido.
– Derrotamos a los persas cuando eran un gran imperio. ?Conoce lo que sucedio en las Termopilas? Un pequeno ejercito al frente de un rey espartano, Leonidas, planto cara a un ejercito inmenso de persas. El rey persa mando recado a Leonidas para que se rindiera, pero gracias a la negativa del espartano y a que aguanto aquella embestida, los griegos pudieron derrotarlo despues en Salamina. No sobrevivio ningun espartano. Si nosotros no hubieramos ganado en Maraton o sin el sacrificio de las Termopilas, hoy iria usted envuelta en un velo negro y rezaria mirando a la Meca.
