conducirte con prudencia.

Empezaba a molestarle que Max le insistiera tanto en lo de ser prudente. Aunque no se lo podia reprochar. El siempre la creia, jamas desconfiaba de ella pese a las evidencias.

Hasta que regreso el baron, Amelia dedico su tiempo a familiarizarse con la ciudad. Andaba sin descanso, perdiendose por las intrincadas calles de Atenas.

Una tarde, cuando regresaba de uno de sus paseos, el conserje la aviso de que el baron Von Schumann se encontraba en el bar del hotel con otros dos caballeros.

Amelia acudio de inmediato, le habia echado de menos. Max conversaba alegremente con su ayudante el comandante Hans Henke y con otro oficial al que ella no conocia. Llevaba el uniforme de la Marina.

– ?Ah, querida, por fin estas aqui! -Max no ocultaba su satisfaccion al verla-. Ya conoces a nuestro querido amigo el comandante Henke, pero permiteme que te presente al capitan de corbeta Karl Kleist.

El marino se cuadro ante ella y le beso la mano. Amelia no pudo por menos de reconocer que era un hombre muy atractivo.

– Tenia muchas ganas de conocerla, senorita Garayoa.

– El capitan Kleist nos ayudo mucho en Varsovia. Hizo lo imposible para… bueno, para que pudieramos sacarte de Pawiak -dijo Max con cierta incomodidad.

– ?Nada de recordar cosas desagradables! ?Estamos en Atenas! Disfrutemos del privilegio que supone contemplar el Partenon -interrumpio el capitan Kleist- y, por favor, llameme Karl, espero que seamos amigos.

– Muchas gracias -respondio Amelia, sonriendo.

Enseguida volvieron a enfrascarse en la conversacion que mantenian antes de la llegada de Amelia. Por lo que pudo colegir, el marino viajaba con cierta frecuencia a Sudamerica. En un momento determinado se refirio a un viaje reciente a Espana, concretamente a Bilbao, y ella no pudo dejar de mostrarse interesada.

– ?Conoce Espana?

– Si, conozco su pais y me gusta mucho. Su apellido es vasco, ?verdad?

– Si, mi padre era vasco.

– Tengo buenos amigos alli.

Amelia no pregunto nada mas. Sabia que la mejor manera de obtener informacion era escuchar, dejar que los hombres se explayaran olvidandose de su presencia. Pero Kleist era un profesional demasiado avezado para cometer errores y confiar en una extrana, por mucho que ella estuviera en deuda con el por haber ayudado al baron Von Schumann a sacarla de Pawiak.

Tuvo que esperar a estar a solas con Max, en la intimidad de la noche, para conocer de manera mas precisa las actividades del capitan Kleist.

– Es un buen soldado. No comparte lo que esta pasando, el… bueno, el siempre se ha mostrado leal al almirante Canaris y al capitan Oster.

– Pero, como todos, obedece ordenes, ?no es asi?

– Ya hemos discutido sobre eso en otras ocasiones -respondio el con gesto cansado.

Amelia rectifico. Lo que menos le interesaba en ese momento era una discusion con Max. Necesitaba informacion.

– Tienes razon, perdoname. ?Que es lo que hace exactamente el capitan Kleist?

– ?Vamos, Amelia,! ?No puedo creerme que no te hayas dado cuenta!

– ?Trabaja para el servicio secreto?

– Tiene como mision conseguir materias primas desde Sudamerica sin las cuales a Alemania le costaria mas librar esta guerra, platino, cinc, cobre, madera, mica…

– No sabia que Alemania necesitara cosas de Sudamerica, siempre pense que aquellos paises eran muy pobres.

– No, no son pobres, pero tienen la mala suerte de tener gobiernos corruptos. No creo que hayan salido ganando al haber dejado de ser colonias.

– Pues tendran muchas materias primas como dices, pero para Espana las colonias suponian un gran coste - dijo Amelia por decir algo.

– Pues son ricos, Amelia, muy ricos. Tienen cobre, petroleo, piedras preciosas, madera, cinc, quinina, antimonio, platino, mica, cuarzo, incluso higado.

– ?Higado? No te entiendo…

– Precisamente le estaba pidiendo a Kleist que hiciera lo imposible por mandarnos mas. ?Nunca te lo he contado? Con extractos de higado fabricamos un tonico, un vigorizante especial para las tropas de choque y los submarinistas. Quiza deberia de traerte un frasco para ti.

– ?Que asco! No me gustaria nada beber tonico de higado.

– Sin embargo es un vigorizante muy efectivo, ?ojala pudieramos disponer de los suficientes extractos de higado para fabricar el tonico para todo el Ejercito! Te aseguro que es muy eficaz para combatir el cansancio y dar fuerzas a los hombres.

– ?Y el platino? ?Para que quereis el platino? No puedo imaginar que en tiempos de guerra os preocupeis de suministrar platino a los joyeros. ?Quien tiene dinero para comprar joyas ahora?

– El platino sirve para algo mas que para hacer sortijas o collares -respondio Max riendo-. Se utiliza para fabricar acido nitrico, para realizar calefactores, fabricacion de fibras, vidrios opticos… No voy a aburrirte con una leccion de quimica sobre las propiedades del platino. Karl Kleist nos ha contado algo muy gracioso sobre el contrabando de platino. Algunos marineros que trabajan para nosotros en los mercantes espanoles fabrican flejes, que son unas tiras de metal con las que refuerzan los cofres de madera, muebles y baules. Pero en vez de metal utilizan platino, que despues pintan de negro para disimularlo; de manera que cuando el barco pasa la inspeccion britanica en Trinidad, nadie se da cuenta de que esos herrajes en realidad son de platino.

– ?Que ingeniosos son mis compatriotas!

– Si, si que lo son.

– Y el capitan Kleist se dedica a organizar todo ese contrabando.

– Exacto, pero Kleist tambien ejerce como un afortunado hombre de negocios. Ha montado empresas en Sudamerica para garantizar el envio de estos suministros. Es un hombre muy valioso, muchas vidas dependen de el.

De repente Max se quedo en silencio y se planto delante de Amelia, mirandola con cierta turbacion.

– ?Que pasa, Max? ?Por que me miras asi?

– Quiero que… te pido que no me mientas…

– ?Mentirte? ?Por que habria de hacerlo? No se que quieres decir…

– ?Sigues teniendo contacto con… con… los britanicos?

– ?Por Dios, Max! Sabes que mi contacto con los britanicos se debia a mi relacion con Albert James, y lo unico que hice fue trasladarles las inquietudes del grupo del que formabas parte antes de la guerra. Y por si quieres saberlo, no he vuelto a ver a Albert James.

– Tenias buena relacion con lord Paul, y el es un hombre clave en el Almirantazgo.

– Me sorprendes, Max. Un hombre inteligente como tu deberia saber que la confianza de lord Paul en mi estaba basada en mi relacion con Albert. En todo caso tu desconfianza me ofende.

Amelia se dio la vuelta esperando haberse mostrado convincente. Le costaba mentir a Max von Schumann porque estaba enamorada de el, y si actuaba a sus espaldas era por su convencimiento de que Max anhelaba lo mismo que ella, el fin de la guerra, la derrota del III Reich y una Europa nueva en la que los aliados derrocarian a Franco y en Espana volveria a instaurarse la Republica. Se dijo que le enganaba por su bien, como si de un nino se tratara. Max se atenia con rigidez a su codigo de honor, y por mas que despreciara a Hitler, jamas haria nada que pudiera suponer una herida para Alemania. Ella no pensaba como el: traicionaria mil veces aquella Espana de Franco si con ello pudiera acabar con el dictador. Era su manera de entender la lealtad a su pais y a las ideas que habian llevado a su padre al paredon.

– Lo siento, Amelia, no he querido ofenderte.

– Nunca he trabajado para los britanicos, Max, nunca. Fui una simple recadera, aprovechando mi relacion con Albert para ayudaros a ti y a tus amigos en los meses previos a la guerra. Incluso tu fuiste a Inglaterra a

Вы читаете Dime quien soy
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату