– Me sorprendio que viniera al entierro de Carla. Siempre la tuve por una idiota -afirmo Vittorio.

– A mi tambien me sorprendio. Quiza la juzgamos con dureza y en el fondo no es mala persona.

– Ahora quiero que me digas la verdad. ?Por que has ido a esa fiesta? Se lo mucho que querias a Carla y que no tienes animos para divertirte.

– No, no los tengo, pero debo hacer algo que no te puedo decir. Confia en mi.

En la soledad de su habitacion se puso a llorar. La amenaza del coronel Jurgens contra Max habia sido clara, no podia llevar a enganos: las SS sospechaban del baron. Tambien sabia que hiciera lo que hiciese, Jurgens no cumpliria su palabra. Si Max estaba en peligro debia decirselo cuanto antes.

Apenas durmio repasando el plan para matar a Jurgens. Se levanto muy pronto para telefonear a Max antes de que partiera a visitar los hospitales de campana. Sabia que las comunicaciones estaban interceptadas, pero preferia avisarle.

– Max, anoche estuve en casa de Guido y Cecilia Gallotti, hubo alguien que me dijo que algunos de tus amigos habian tenido problemas en Alemania.

– No debes preocuparte, ya te lo contare en cuanto regrese a Roma.

– Ten cuidado -le advirtio ella.

– Nos veremos en unos dias -respondio el.

Paso el dia con Vittorio, intentando animarle y contando las horas que faltaban para que llegara la noche. A las ocho le dijo que estaba cansada y se retiraba a dormir.

Amelia se habia puesto el camison y bostezaba mientras la criada le abria la cama.

– Esta usted cansada, senorita. No me extrana, estos dias son dificiles para todos, ha sido terrible lo que le ha sucedido a la senora Carla -dijo la mujer.

– Si, estoy cansada. ?Ojala pueda dormir de un tiron!

Bebio el vaso de leche que la mujer le habia colocado en la mesilla mientras la veia salir. Luego, cuando la puerta se cerro, se quito el camison y comenzo a vestirse. Habia elegido una blusa vaporosa de color blanco y una falda negra. Una vez vestida, sujeto la pequena pistola en el liguero. Tenia que procurar no andar como un pato por la incomodidad de llevarla ahi, pero era el unico lugar donde nadie sospecharia en caso de que la pararan en la calle o en el mismo hotel.

Ulrich Jurgens le habia enviado una nota a primera hora de la tarde que iba acompanada de una llave que parecia ser la copia de la que utilizaban los huespedes del Excelsior. Seguramente habria amenazado al director del hotel para que le entregara aquella copia de la llave de la habitacion 307, que era donde la esperaria.

Cuando termino de vestirse y estuvo segura de que la pistola estaba bien sujeta, se sento y se hizo un mono. Luego se coloco una peluca de Carla, de las que la diva utilizaba en sus representaciones. Era una peluca de cabello de color negro con reflejos caoba. Le estaba grande pero llevaba dos dias preparandola para ajustaria a su cabeza, y, aunque con mucha dificultad, lo habia logrado. No parecia de ella. El cabello negro le daba un aspecto distinto, parecia mas mayor, y si no fuera por los reflejos caoba, podria haber pasado mas inadvertida. Pero esa nunca habia sido la pretension de Carla, de manera que tenia que conformarse con la menos llamativa de sus pelucas. La melena lisa le caia a ambos lados de la cara y el flequillo le tapaba la frente. Aun asi, se cubrio la cabeza con un panuelo que anudo al cuello. A continuacion se puso un abrigo negro que habia encontrado en un armario del cuarto de invitados. Era un abrigo pasado de moda que le estaba un poco ancho.

No se despidio de Vittorio y salio evitando a los criados. Eran cerca de las nueve y aquella noche el portero no estaba, puesto que era el primer dia de 1944, festivo a pesar de la guerra. Nadie la vio salir. En las calles se confundio con la gente y se tranquilizo al comprobar que nadie parecia fijarse en ella. Camino despacio para no llamar la atencion.

El vestibulo del Excelsior estaba repleto de oficiales y jefes de la Wehrmacht y de las SS. Se dirigio al ascensor con paso rapido, cuando de pronto un capitan le corto el paso.

– ?Adonde va usted, bella senorita? ?Tiene algun compromiso para esta noche?

Amelia no le contesto y entro en el ascensor temiendo que la siguiera. Apreto el boton de la cuarta planta por si alguien mas se habia fijado en ella. Una vez en la cuarta planta, descendio por las escaleras temiendo encontrarse a algun huesped o a las camareras del turno de noche. Pero la suerte parecia estar con ella. Abrio la puerta de la habitacion 307 y se sobresalto al encontrarla a oscuras. Sintio que se le aceleraba el corazon cuando de repente una mano se poso sobre su espalda y la hizo girar bruscamente.

– Has venido -susurro con tono de voz lascivo el coronel Jurgens.

Habia bebido. Amelia lo noto por el tono pastoso de la voz y porque olia a alcohol. Se volvio hacia el venciendo la repugnancia que le provocaban su presencia y su olor. No pudo esquivar su abrazo, ni que la besara. La apretaba con fuerza, y despues del beso le mordio los labios hasta hacerlos sangrar.

– Debes querer mucho al baron para haber venido.

– Hemos hecho un trato -respondio ella.

El aflojo el abrazo y se rio.

– Tu problema, querida, es que estas acostumbrada a tratar con hombres como el baron. Pero te aseguro que no te desagradara la experiencia que viviras esta noche. Quitate el abrigo.

Ella obedecio. Sus ojos comenzaban a acostumbrarse a la oscuridad y pudo verle el rostro. Se le antojo mas brutal que nunca mientras la manoseaba.

– No has querido que te tratara como una dama invitandote a cenar, de manera que te tratare como lo que eres. ?Que es eso?

Jurgens la empujo contra la pared al comprobar que el cabello de Amelia no era el de siempre.

– Me he vestido para ti, para estar a la altura de lo que esperabas -respondio ella.

El fue a encender la luz pero ella se apreto contra su cuerpo y le beso. Mientras Jurgens la continuaba manoseando intentando arrancarle la blusa, Amelia deslizo una de sus manos entre las piernas y le acaricio, lo que parecio excitarle como a un perro en celo. Con la mano que le quedaba libre aprovecho para buscar la pistola que llevaba escondida.

– ?Quieres que te posea ya? ?Te estas preparando tu sola? -dijo el soltando una carcajada al observar que la mujer tenia una mano debajo de la falda. Amelia le sonrio y le pidio que la besara. Iba a hacerlo, pero no le dio tiempo. Fue un segundo lo que tardo en darse cuenta del frio canon de la pistola que se apretaba contra su vientre y del dolor agudo que le desgarro las entranas. Cayo al suelo arrastrando a Amelia, apretando su cuerpo como si quisiera llevarsela con el.

Amelia consiguio zafarse y busco un interruptor de la luz. Cuando lo encendio, vio a Jurgens tendido sobre la alfombra con una mueca de sorpresa dibujada en el rostro. Se sujetaba las entranas pero aun no habia muerto.

– Te matare -alcanzo a decir con un hilo de voz.

Ella se asusto pensando que aun tendria fuerzas para cumplir su amenaza y busco con que rematarle, porque temia disparar de nuevo. Aunque el sonido seco del primer disparo podia confundirse con el descorche de una botella de champan, no podria justificar el segundo en caso de que alguna camarera se presentara alli preguntando si pasaba algo. Se acerco a la cama y cogio la almohada, luego se arrodillo junto a el viendo como se le escapaba la vida, y le tapo la cabeza apretandole con todas sus fuerzas para impedirle respirar. Durante unos minutos que le parecieron eternos, el forcejeo en vano intentando quitarse aquella mordaza. Despues todo esfuerzo ceso. Cuando Amelia estuvo segura de que habia muerto, levanto la almohada y contemplo el rostro de Jurgens. Paso una mano cerca de su boca para comprobar si aun respiraba. Pero estaba muerto. Entonces escucho unos golpes secos en la puerta. Se puso en pie y se acerco para preguntar desde detras de la puerta. Era la camarera.

– ?Esta todo bien? -pregunto-. Un huesped ha llamado diciendo que ha escuchado un ruido fuerte -dijo la mujer.

Amelia forzo una carcajada.

– Se nota que ese huesped no es aficionado al champan, ?verdad, carino? -dijo mirando al cadaver de Jurgens.

– Lo siento, senora, no queria molestarles.

– Pues lo ha hecho, lo ha hecho, y hay situaciones que no deben interrumpirse -y volvio a reir.

Escucho los pasos de la camarera alejandose de la puerta de la habitacion. Luego reviso la estancia hasta el

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