Charles Turner lo llamo al dia siguiente para ir a tomar una copa.

– Tu amiga espanola se cargo al coronel Ulrich Jurgens de las SS; al parecer, lo hizo en colaboracion con partisanos del Partido Comunista Italiano. Jurgens habia ordenado ahorcar a una amiga de Garayoa, a Carla Alessandrini, una diva del bel canto, Esta mujer colaboraba con los comunistas y con un sacerdote aleman de la Secretaria de Estado del Vaticano, que ayudaba a sacar judios de Roma. Por lo que he podido averiguar, tu amiga fue una agente muy eficaz. Lastima que ahora no este bien de la cabeza. Como bien sabes, vive con un ex oficial aleman, el hombre que durante la guerra le sirvio de coartada.

– Esta perfectamente de la cabeza, pero no quiere volver a saber nada de guerras ni de violencia. No es tan extrano, ha sufrido mucho.

Turner asintio con indiferencia, pero en realidad estaba deseando saber por que su colega norteamericano estaba tan interesado en lo que habia sucedido en Roma anos atras.

– Charles, tu sabes que tanto nosotros como vosotros, y desde luego los rusos, estamos interesados en los cientificos alemanes que trabajaban en proyectos de armas secretas. Algunos se han escapado, entre ellos un tal doctor Fritz Winkler, un nazi fanatico, con un hijo coronel en las SS, que fue el principal acusador de Amelia en Roma. Ese tal Jurgens al que Amelia ejecuto era amigo de Winkler, y este juro vengarse de ella; por eso, anos mas tarde, logro enviarla a Ravensbruck.

– Y tu andas en busca de ese Fritz Winkler.

– Si, pero se lo ha tragado la tierra, a el y a su hijo el coronel. No figura en ninguna de las listas de oficiales de las SS detenidos, ni tampoco en la de fallecidos. Ha desaparecido junto a su padre como tantos otros jefes nazis. Se me ocurrio preguntarle al baron Von Schumann si le conocia, y tanto Max como Amelia se pusieron lividos.

– Si supieran donde estan te lo dirian, al menos Amelia Garayoa lo haria, solo tiene razones para odiarle si el fue el causante de que la encerraran en el campo de Ravensbruck.

– Si, Amelia me lo diria, pero no lo sabe. He comprado alguna informacion, pero ya sabes que hoy en dia nos venden de todo y muchas veces intentan enganarnos, pero mi informante me asegura que los Winkier se marcharon el mismo dia en que Hitler se suicido. Mi informante asegura que huyeron a Egipto, donde se han refugiado algunos de sus amigos.

– Asi que te vas a El Cairo.

– Antes tengo que saber algo mas de los Winkier; no he encontrado ninguna fotografia, salvo una de Fritz Winkier saludando al Fuhrer. En cuanto a su hijo, el coronel, intento borrar su rastro en los archivos de las SS.

– Hubo muchas fugas antes de que terminara la guerra: a Siria, Egipto, Irak, Sudamerica… Tu hombre puede estar en cualquier sitio.

Hablaron durante un buen rato y cuando se iban a despedir Turner parecio dudar en si darle un consejo.

– Creo que tienes una manera de encontrar a Winkier.

– ?Ah, si? Pues dime como -respondio Albert con ironia.

– Ponle un cebo, un cebo ante el que no pueda resistirse.

– ?Un cebo? -Albert empezaba a vislumbrar lo que le iba a proponer Turner, y no queria oirlo.

– Si el coronel Winkier ha huido junto a su padre como parece, y si odia tanto a Amelia Garayoa como tambien parece, solo se hara visible si tiene la oportunidad de acabar con ella. Hay muchos alemanes viviendo en El Cairo, algunos con su propia identidad, otros con identidad falsa. A nadie le extranaria que el baron Von Schumann se uniera en El Cairo a esa corte de expatriados. Una vez que Winkier sepa de Garayoa la intentara matar; pero no improvisara, tendra que elaborar un plan, y para ello se hara visible; sera el momento de seguirle la pista y, a traves de el, llegar a su padre, a ese Fritz Winkier que es a quien tu buscas.

– ?Es un plan disparatado! -exclamo Albert.

– No, no lo es; es un buen plan y tu mismo lo pondrias en practica si no estuvieras implicado sentimentalmente. En nuestro oficio solo hay una manera de sobrevivir y hacer bien el trabajo, y, como sabes, consiste en despojarnos de sentimentalismos personales. El consejo es gratis, pero la copa la pagas tu. La OSS tiene mas fondos que la Inteligencia Britanica.

Albert sabia que Charles Turner tenia razon. Era el unico plan viable para encontrar a Fritz Winkler, pero para llevarlo a cabo tendria que contar con el consentimiento de Amelia; ella por nada del mundo se separaria de Max, y este no estaria dispuesto a permitir que ella se fuera; tanto el como Friedrich dependian de la atormentada espanola.

Pese a sus dudas, Albert expuso la estrategia de Turner a sus jefes y les pidio carta blanca para utilizar cualquier medio que fuera necesario para convencer a Amelia.

Luego decidio que lo mejor era hablar con ella a solas, de manera que una manana se encamino hacia la casa de Max y espero hasta que la vio salir.

– ?Que haces aqui? -pregunto ella sorprendida de verlo.

– Te invito a un buen desayuno, necesito hablar contigo.

Fueron a un cafe y, pese a la negativa de Amelia, el pidio un desayuno opiparo. La obligo a comer. En Berlin escaseaba todo, y mucho mas para quienes apenas tenian nada, como era el caso de la familia que formaban Max, Amelia y Friedrich.

Albert le conto que en realidad trabajaba para la OSS, que el periodismo era ahora una tapadera y que tenia la mision de encontrar a Fritz Winkler. Ella le escucho en silencio, y solo fruncio el ceno, sorprendida, cuando el le confeso que era un agente, pero no dijo nada. Albert le expuso el plan de Turner y aguardo a que ella hablara.

– De manera que al final… en fin, lo entiendo, si yo me converti en una espia, por que no ibas a hacerlo tu.

– Mi pais entro en la guerra y ya no podia ser un mero observador.

– Hiciste bien, me alegro de que dieras el paso.

– ?Me ayudaras?

– No, no lo hare. Yo ya he terminado con todo eso, ya he tenido bastante, ?no crees?

– Dime solo si hay algo por lo que lo harias.

– No hay nada en el mundo por lo que yo pueda abandonar a Max, ni siquiera lo haria por mi propio hijo. ?Te vale con esta respuesta?

– De manera que solo lo harias por Max.

Amelia iba a responder pero se callo. Albert tenia razon, ella haria cualquier cosa por Max, pero buscar a un cientifico nazi nada tenia que ver con ellos.

– Amelia, Max y tu malvivis. El lo ha perdido todo y tu no tienes nada. Friedrich carece de lo mas esencial. Ha perdido a su madre, su padre es un invalido y hay dias que se acuesta solo con un te en el estomago.

– Lo mismo les sucede a otros muchos miles de ninos alemanes -respondio ella, malhumorada.

– Te pagaremos bien, lo suficiente para que podais vivir con desahogo al menos durante un tiempo. No te pido que lo hagas en nombre de ninguna idea, ni para salvar el mundo, te ofrezco un trabajo con el que ayudar a Max y a Friedrich, nada mas.

– Asi que me ofreces dinero… ?Vaya! ?Yo nunca he hecho nada por dinero!

– Lo se, pero ya has vivido lo suficiente como para saber que el dinero es necesario. Tu lo necesitas ahora. ?Que haras cuando termines de vender lo poco que le queda a Max? Apenas os queda nada que vender, ?una lampara, los colchones en los que dormis, la ropa que llevas puesta? Ensename lo que llevas para vender hoy en el mercado negro.

Amelia saco del bolso media docena de servilleteros plateados.

– No son de plata -afirmo el.

– No, no lo son, pero son bonitos, supongo que algo me daran.

– Y cuando ya no quede nada, ?que haras? Ni siquiera… -se callo temiendo lo que iba a decir.

– Ni siquiera puedo prostituirme puesto que me han mutilado, ?y quien querria pagar por una mujer mutilada? ?Ibas a decir eso, Albert?

– Lo siento, Amelia, no queria ofenderte.

– Y no lo has hecho. Muchas mujeres se prostituyen en Berlin para poder dar de comer a sus familias. ?Por que iba a ser yo la excepcion? Solo que yo no tengo un cuerpo que ofrecer, porque Winkler se encargo de que me lo destrozaran.

– Entonces responde: ?con que daras de comer a Max y a Friedrich?

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