– ?Crees que no lo pienso? No duermo por las noches preguntandomelo. Ya no se que cuento contar a Friedrich para que se duerma mientras en voz baja me dice que tiene hambre.

– Entonces piensa en mi oferta. Vienes a El Cairo conmigo, te dejas ver; si Winkler esta alli, querra matarte y saldra de su escondrijo. Nosotros nos encargaremos de el, luego cogeremos a su padre, y asunto terminado.

– Asi de facil.

– Asi de facil.

– Max y Friedrich no pueden quedarse solos.

Albert reprimio una sonrisa. Veia que Amelia empezaba a no rechazar tan rotundamente la posibilidad de trabajar para el.

– Podemos buscar una mujer que se encargue de ellos, que cocine, que arregle la casa, que se haga cargo de Friedrich y de Max.

– No, Max no lo consentiria. No soportaria que una persona extrana le pusiera la mano encima. Solo permite que le ayude yo. Es imposible, Albert; por mucho que me hayas tentado con el dinero, es imposible. Ademas, le jure que nunca le volveria a mentir, y que no trabajaria para ningun servicio de inteligencia bajo ninguna circunstancia.

– Entonces, dejame que hable con el, se lo propondre, que decida el.

– No, por favor, no lo hagas, pensaria que hemos estado conspirando a sus espaldas. Las cosas no son faciles entre nosotros… nos queremos, pero no se si alguna vez me podra perdonar lo que le he hecho.

– Eres tu la que no te puedes perdonar, el ya lo ha hecho. ?Crees que te hubiera sacado de Ravensbruck si no te hubiera perdonado?

– Ojala tuvieras razon.

– Vete a vender tus servilleteros, yo ire a ver a Max, no le dire que hemos hablado.

– Si, si se lo diras, no quiero enganarle nunca mas.

– Ire a verle ahora mismo.

Max le escucho sin interrumpirle, pero Albert podia sentir la furia que se iba acumulando en aquel cuerpo mutilado.

– ?Te parece poca la contribucion de Amelia para que vosotros ganarais esta guerra? ?Aun quereis mas? ?Que pretendes, Albert? ?Recuperarla para ti? -Max no podia ocultar su rabia.

– No, no intento recuperar a Amelia. Tu sabes que ella nunca me quiso lo suficiente y no dudo en dejarme por ti. No te negare que me costo olvidarla, que durante semanas y meses sufri el dolor de su ausencia, pero lo logre, y ahora el amor que senti por ella es solo un lejano recuerdo, ni siquiera quedan brasas de aquel sentimiento.

Se quedaron en silencio midiendose el uno al otro. Albert sentia que la furia del baron se iba apaciguando lentamente y espero hasta que su respiracion se calmo.

– Pero hablemos de ti, Max. ?De verdad la quieres? ?Acaso le estas haciendo pagar lo que hizo? Tu eras un soldado y los soldados saben que pueden morir o que les puede pasar lo que a tite paso. La culpa no es de quien dispara la bala o coloca el explosivo, la culpa es de quien ha provocado la maldita guerra, de quien no va al frente pero envia los hombres a morir. No le hagas pagar a Amelia por la guerra, tu sabes que el culpable fue Hitler, y solo el, aunque puede que el resto del mundo debio de pararle los pies mucho antes, como pedias tu y aquellos amigos tuyos de la oposicion. No, Max, tu no estas en esa silla de ruedas porque Amelia fuera una agente britanica que colaboraba con la Resistencia griega; el culpable de que tu estes asi fue tu Fuhrer, Adolf Hitler, que espero que Dios no perdone por los crimenes que cometio.

Volvieron a quedarse en silencio. Max rumiando las palabras de Albert, y Albert sintiendo el dolor del aleman.

– Ire con ella, esa es la condicion. Friedrich y yo iremos con ella a El Cairo.

Albert no supo que decir. De repente Max habia aceptado que Amelia sirviera de anzuelo para encontrar a Fritz Winkler a traves de su hijo, pero ponia una condicion que dificilmente aceptarian sus jefes de la OSS, aunque no se atrevio a contrariarle.

– Hablare con mi gente; si aceptan tu condicion, te lo dire.

– Si no la aceptan, no habra trato. Ire con Amelia donde quiera que vaya. Y si vamos a El Cairo vosotros nos proporcionareis una casa y un colegio para Friedrich mientras estemos alli. En cuanto al dinero, hablalo con Amelia.

Justo en aquel momento llego Amelia con gesto contrariado, pues apenas habia logrado unas monedas por los servilleteros, y con ellas habia comprado media barra de pan.

Miro a los dos hombres esperando a que le dijeran algo, notaba la tension entre ambos.

– Max te explicara. Ahora me voy, puede que regrese mas tarde, o si no manana. ?Eso es todo lo que has conseguido? -dijo senalando la media barra de pan.

– Esto es todo, si -respondio ella, conteniendo la rabia.

Cuando Albert salio, Max le pidio a Amelia que se sentara a su lado. Hablaron mucho tiempo y ella lloro al reconocer que necesitaban desesperadamente dinero, que Friedrich le suplicaba que le diera algo de comer, pero que solo lo hacia cuando su padre no podia escucharle, para asi no entristecerle.

– Si acepta mis condiciones, iremos a El Cairo; se que no sere de gran ayuda, pero al menos estare tranquilo si estoy cerca de ti. Winkler es un asesino, y si puede, te matara.

– Solo iremos si tu quieres; nunca, nunca mas hare nada a tus espaldas y nunca me separare de ti.

El le acaricio el cabello, le reconfortaba su presencia. Eran dos perdedores que no tenian mas futuro que estar el uno junto al otro.

Max estaba muy agradecido a Amelia por como cuidaba de Friedrich.

El pequeno nunca hablaba de su madre, como si el hecho de nombrarla le provocara un dolor insoportable, y buscaba en Amelia el afecto materno que necesitaba. Ella, por su parte, cuidaba de aquel nino como no habia podido hacer con su propio hijo, y era a Friedrich a quien velaba cuando tenia fiebre, al que ensenaba a leer y escribir, al que banaba y vestia, y para quien reservaba los escasos alimentos que conseguia.

Amelia y el nino se querian, y aquel afecto nada tenia que ver con Max: era fruto de la necesidad, de la ausencia de Ludovica, la madre perdida, y la del hijo abandonado, Javier.

Albert expuso el plan al jefe de la oficina de la OSS en Berlin, quien decidio aceptar en vista de que era la unica opcion viable a su alcance para poder encontrar a Fritz Winkler.

– Pero habla con nuestros primos los britanicos, al fin y al cabo la chica era suya, no quiero que el Almirantazgo vaya con el cuento a Donovan de que les quitamos los agentes.

– Amelia ya no trabaja para los britanicos, hara esto porque necesita desesperadamente el dinero. Y no te preocupes por nuestros primos, el plan es de Charles Turner, es a el a quien se le ha ocurrido.

– Entonces dile que hacemos nuestro su plan y que informe a Londres. Ahora me toca a mi convencer a Nueva York de que desembolsen el dinero que te has comprometido a pagar a Amelia Garayoa. Menos mal que en El Cairo es todo mas barato, tendre que llamar a nuestra gente para que busquen un lugar donde puedan vivir Amelia, ese hombre y su hijo.

Cuando tres dias mas tarde Albert se presento en casa de Max, ya estaba montado todo el dispositivo de El Cairo.

13

Friedrich parecia contento de dejar Berlin, incluso Max se mostro animado; solo Amelia parecia indiferente.

Albert viajo con ellos hasta El Cairo y les ayudo a instalarse en un apartamento en la cornisa del Nilo. La vivienda, amplia y soleada, estaba situada en un edificio de tres alturas. Los vecinos habian sido investigados por la

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