algunas cosas han cambiado en Espana y que gracias a las izquierdas las mujeres empiezan a tener un lugar destacado en todos los ordenes de la sociedad. ?Tambien es usted una revolucionaria? -pregunto Albert James con sorna.
– No se burle -acerto a decir Amelia, que suspiro aliviada al ver acercarse a Pierre.
– ?Que te estan contando estos dos sinverguenzas? -pregunto divertido senalando a Albert y ajean-. Por cierto, Albert, muy bueno el articulo del
– Si, eso creo. He pasado un mes viajando por Alemania, Austria e Italia y asi estan las cosas. Los judios son las principales victimas de Hitler, aunque algun dia lo sera el mundo entero.
– La cuestion no es luchar contra el nazismo porque persigue a los judios, sino porque es una lacra para la humanidad -respondio Pierre.
– Pero no se puede obviar lo que les sucede a los judios.
– Yo soy comunista y mi unico fin es la revolucion, librar a todos los hombres de la losa del capitalismo que les aplasta y explota sin permitirles ser libres. Y me es indiferente que sean judios o budistas. La religion es un cancer, sea cual sea. Deberias saberlo.
– Hasta para no creer en Dios se tiene una idea de Dios -afirmo Albert encogiendose de hombros.
– Si crees en Dios nunca seras un hombre libre, estaras dejando que tu vida la determine la supersticion.
– ?Y si solo soy comunista? ?Crees que sere mas libre? ?No tendre que estar pendiente de las directrices de Moscu? Al fin y al cabo, Moscu quiere salvar a los hombres del mal del capitalismo y muchos terminais convirtiendo el comunismo en una nueva religion. Vuestra fe es mas grande que la de nuestros padres recitando la Biblia. No se si te gustara tanto mi proximo reportaje sobre la Union Sovietica, donde espero viajar muy pronto. Ya sabes que el Ministerio de Cultura sovietico ha preparado un
– Por eso no le terminas de caer simpatico a nadie. -La respuesta de Pierre reflejaba cuanto le fastidiaba Albert.
– Nunca he creido que los periodistas tengamos que caer simpaticos, mas bien lo contrario.
– Puedes asegurar que lo consigues.
– ?Vamos, vamos, chicos! -les interrumpio Jean Deuville-, como os poneis por nada. No les hagas caso, Amelia, estos dos son asi, en cuanto se encuentran se ponen a discutir y no hay quien los pare. Llevan el germen del debate dentro de ellos. Pero hoy es tu cumpleanos, Pierre, de manera que vamos a celebrarlo. A eso hemos venido, ?o no?
Albert se despidio dejando a Pierre malhumorado y a Amelia sorprendida. Habia asistido a la discusion en silencio, sin atreverse a decir palabra. Los dos hombres parecian mantener un duelo que venia de antiguo.
– Es un pobre diablo, que no deja de ser un capitalista como la mayoria de los norteamericanos -sentencio Pierre.
– No seas injusto. Albert es un buen tipo, solamente que no se ha «caido del caballo» como san Pablo; pero la culpa es nuestra, no hemos sido capaces de convencerle para que se una a nuestra causa, aunque tampoco esta en contra. Pero si de alguien esta cerca es de nosotros, odia a los fascistas -respondio Jean Deuville.
– No me fio de el. Ademas, tiene un buen numero de amigos trotskistas.
– ?Y quien no conoce un trotskista en Paris? -justifico Jean Deuville-. No nos volvamos paranoicos.
– Vaya, ?como defiendes al norteamericano!
– Le defiendo de tu arbitrariedad. Los dos sois insoportables cuando quereis tener razon.
– ?No me compares con el!
Habia ferocidad en el tono de voz de Pierre, y Jean no respondio. Sabia que, de continuar hablando, terminarian discutiendo, y ya se habian enfrentado en las semanas anteriores a causa de Amelia, por la que ahora Jean sentia una sincera simpatia al darse cuenta de que era del todo inofensiva.
– Vamos, Amelia, no hay nada que no pueda arreglarse con una copa de champan -dijo Pierre cogiendo a Amelia del brazo y dirigiendose con ella hacia la mesa en la que estaba sentado el resto del grupo que les acompanaba.
Pierre fue organizando con cautela el viaje que Moscu le habia ordenado a Sudamerica. La primera parada seria Buenos Aires, donde el Partido Comunista local parecia contar con gran predicamento entre los sectores culturales de la capital argentina. Desde el punto de vista estrategico, la zona no era vital para los intereses sovieticos, pero el jefe del INO queria tener ojos y oidos en todas partes. Durante su entrenamiento en Moscu, los instructores del INO le habian insistido a Pierre acerca de la importancia de saber escuchar y recoger todo tipo de informaciones por insustanciales que pudieran parecer; en ocasiones, informaciones clave se recogian a miles de kilometros del lugar donde se iban a producir determinados hechos. Tambien le habian recalcado la importancia de contar con agentes que se movieran por las esferas de influencia del pais en que tuviera que operar. De nada les servian militantes entusiastas cuya actividad laboral transcurriera lejos de los centros de poder.
Moscu ya contaba con un «residente» en Buenos Aires, pero carecian de agentes bien situados capaces de trasladar informacion de interes.
Amelia no queria marcharse de Paris, y le insistia a Pierre que esperaran un poco mas, que aun no se hacia a la idea de estar tan lejos de su hijo. No es que tuviera en mente regresar a Espana, pero le parecia que si se iba a Buenos Aires, la distancia le resultaria insoportable.
Con mucho tiento y paciencia, Pierre la intentaba convencer de que era mejor iniciar una nueva vida en algun lugar donde nadie les conociera.
– Necesitamos saber si realmente lo nuestro merece la pena. Quiero que estemos solos, sin nadie que nos conozca, solo tu y yo. Estoy convencido de que nada ni nadie lograra separarnos, pero debemos poner a prueba nuestro amor, sin interferencias, sin familia, sin amigos.
Ella le pedia tiempo, tiempo para hacerse a la idea de que lo mejor era emprender una nueva vida al otro lado del oceano. Pierre no queria obligarla, temiendo que ella, angustiada, decidiera regresar a Espana.
En ocasiones le desesperaba la actitud de Amelia, porque en cuestion de segundos pasaba de la euforia al abatimiento. Con frecuencia la encontraba llorando, lamentandose de ser tan mala madre y de haber abandonado a su hijo. En otros momentos parecia alegre y feliz, le animaba a salir para divertirse un rato perdiendose como enamorados en cualquier rincon de Paris.
Su madre, Olga, tampoco le facilitaba las cosas, convencida como estaba que perdia a su hijo por culpa de la espanola.
– ?Vas a echar por la borda tu vida por esa mujer! ?Y no se lo merece! ?Que haremos con la libreria si no regresas? Tu padre esta sufriendo aunque no te lo diga -le reprochaba a su hijo.
La realidad es que Guy Comte aceptaba resignadamente la decision de Pierre de irse a vivir a Sudamerica. Tenia una fe ciega en su hijo, y estaba convencido de que si Pierre habia tomado esa decision, era la mejor. No obstante, en su fuero interno se preguntaba como era posible que su hijo sacrificara tanto por una mujer como Amelia, a la que encontraba bella pero insipida.
El 4 de junio de 1936, Leon Blum se convierte en presidente del gobierno del Frente Popular en Francia. Para entonces, don Manuel Azana ya ha asumido la presidencia de la Republica Espanola en una votacion en la que la derecha se abstuvo. Indalecio Prieto no pudo hacerse con el gobierno por el veto del sector largocaballerista del PSOE.
Amelia seguia con inquietud las noticias que publicaban los periodicos franceses sobre Espana, y sabia que la situacion continuaba aun mas revuelta que cuando se marcho.
Los amigos de Pierre aseguraban que en Espana podia suceder cualquier cosa, habida cuenta de que las fuerzas extremas de la derecha no cejaban en su politica de pistolerismo y provocacion.
Pierre habia previsto salir hacia Buenos Aires para finales del mes de julio. Lo harian en un camarote de primera de un lujoso barco que partia de Le Havre.
