he actuado bien, se que no he actuado bien -repitio.

– ?A que viene eso, Amelia? Ya lo hemos hablado en otras ocasiones. Tu misma me dijiste que en Espana hay un refran que dice que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. Se que no es facil romper con la familia, ?crees que no lo entiendo? Tu te llevas mal con mi madre, pero es mi madre y yo la quiero, sin embargo creo que debemos darnos la oportunidad de empezar una nueva vida, y lo mismo que tu has dejado a tu familia, yo deje a la mia, como tambien abandone mi negocio, mi porvenir.

– ?Pero tu no tienes ningun hijo!

– No, no tengo ningun hijo, pero aspiro a poder tenerlo el dia que nuestra relacion sea firme y definitiva. Nada me daria mas alegria. Es la unica pena que tengo, que no puedas llevar a Javier contigo, al menos por ahora, pero no descartemos que podamos tenerle con nosotros en el futuro.

– ?Eso jamas sucedera! Santiago no lo consentira, ni siquiera permite que mis padres vean al nino.

– ?Y como es eso? ?Has hablado con tus padres?

Amelia enrojecio. Sin darse cuenta se habia puesto en evidencia, aunque despues penso que seguramente dona Anita se lo terminaria diciendo.

– He hablado con mi tia Elena. Habia llamado a mi prima Laura pero no estaba, y mi tia se puso al telefono.

– Eso esta bien, no debes perder el contacto con tu familia. Se que estaras mas tranquila si sabes de ellos - afirmo Pierre disimulando que pensaba todo lo contrario-. Dime que te ha dicho tu tia.

– Sabe que Javier esta bien a traves de Agueda, el ama de cria. Santiago no quiere tener tratos con mi familia y no les permite ver al nino. Mi padre se puso enfermo cuando me marche, el corazon… por mi culpa… ha podido morirse.

– ?Eso si que no te lo consiento! No voy a permitir que te culpes de una enfermedad de tu padre. Se racional, nadie se enferma del corazon por un disgusto; si a tu padre le ha dado un ataque, la causa no has sido tu. En cuanto a que tu marido no les permita ver a tu hijo, me parece una crueldad, no habla bien de el, ni me parece justo castigar a los abuelos sin ver al nieto. No, Amelia, tu marido no esta haciendo las cosas bien.

Las palabras de Pierre aumentaron la llantina de Amelia, que intentaba justificar a su marido.

– El es muy bueno y no es injusto, solo que ver a mis padres le recuerda a mi, y tiene razones para querer olvidarme. ?Me he portado tan mal con el! ?Santiago no merecia lo que le he hecho!

Aquella noche Pierre la paso consolando a Amelia, intentando paliar la herida abierta en su conciencia.

El dia siguiente era 13 de julio, una fecha que resultaria clave en la historia de Espana: aquel dia fue asesinado Jose Calvo Sotelo, lider de la derecha monarquica.

Pierre decidio ir a Madrid, aunque no tenia ordenes especificas de hacerlo; aquel acontecimiento era suficientemente grave como para ir a la capital y tomar contacto con algunos camaradas que puntualmente le pasaban informaciones precisas sobre el gobierno Azana. Aunque en Madrid habia agentes dependientes de la «rezidentura», ahora era Pierre quien queria evaluar la situacion y enviar un informe preciso a Moscu.

Amelia recibio con alegria la noticia de que viajarian a Madrid. Pierre la engano diciendole que habia tomado esa decision en vista de la pena que ella sentia. La realidad es que no se atrevia a dejarla al cuidado de dona Anita, y Lola y Amelia se mostraban distantes la una con la otra, algo que en su momento tendria que averiguar por que.

El viaje en tren se les hizo interminable. Cuando por fin llegaron a Madrid, encontraron la capital sumida en todo tipo de rumores. Pierre decidio instalarse en una pension llamada La Carmela situada en la calle Calderon de la Barca, cerca de las Cortes. Los duenos de La Carmela mantenian la pension limpia, y cuidaban mucho de quienes eran sus huespedes. Se enorgullecian de contar entre sus clientes incluso con algun diputado. Solo disponia de cuatro habitaciones y tuvieron suerte de que en aquel momento una de ellas estuviera vacia.

– Ayer se marcho don Jose, ya sabe, el viajante de comercio de Valencia que nos visita una vez al mes. Creo que ha coincidido con el en alguna ocasion -dijo la duena, dona Carmela.

– Si, creo que si -respondio Pierre sin muchas ganas de charla.

– No sabia que estaba usted casado -pregunto dona Carmela, curiosa.

– Pues ya ve usted… -contesto Pierre sin decir ni que si ni que no.

A Pierre le preocupaba que hacer con Amelia durante su estancia en Madrid. No podia llevarla a todas partes, tenia que reunirse con agentes, mantener conversaciones confidenciales, lo cual seria imposible con Amelia presente. Pero si la dejaba sola estaba seguro de que ella terminaria cediendo a su impulso de ver a su familia sin que pudiera prever las consecuencias. De manera que decidio tomar la iniciativa, ser el quien facilitara el encuentro, y estar presente.»

– Quiza usted deberia hablar con dona Laura. Ella mejor que yo le podra decir que paso durante aquellos dias en Madrid. Luego vuelva y continuaremos hablando -concluyo Pablo Soler sonriendome satisfecho.

Pablo Soler me sonreia satisfecho. Llevaba mas de cuatro horas hablando y yo no habia abierto la boca. Yo no salia de mi asombro: mi bisabuela se habia fugado con un frances agente de la inteligencia sovietica y habia ingresado en el Partido Comunista de Francia. Parecia increible lo que ocurria con las mosquitas muertas, en cuanto te descuidas te encuentras con una Mata Hari en ciernes.

– ?Volvio usted a ver a Amelia?

– Si, claro que si, en cuanto regresaron a Barcelona. Pero ademas ya le dije que uno de mis mejores libros trata sobre los agentes sovieticos en aquellos dias, y Pierre era uno de ellos. De manera que tuve que investigar a fondo que fue de el. Era un hombre muy interesante, un fanatico, aunque no lo pareciera. Creo que deberia leer mi libro, seguramente le sera de mucha utilidad.

– ?Habla de mi bisabuela?

– No, no hablo de ella.

Don Pablo se levanto y saco de un estante un libro bastante voluminoso. Le agradeci el regalo y le asegure que volveria a llamarle.

– Si, hagalo, estos dias no tengo tanto que hacer, acabo de mandar un libro a la imprenta, asi que estoy medio de vacaciones.

Me acompanaba hacia la puerta cuando nos salio al paso su esposa.

– ?No se queda a almorzar con nosotros? -pregunto sonriendo.

– Ah, Charlotte, no te he presentado al senor Albi.

– Encantado de conocerla, senora. Soy Guillermo Albi.

– Senor Albi, tengo que darle las gracias por haber tenido entretenido a mi marido; cuando no escribe no sabe que hacer con el tiempo, y como acaba de terminar un libro no tiene mas remedio que darse un respiro. Asi que es usted bienvenido.

– Muchas gracias, espero no darles la lata muy a menudo, aunque don Pablo me ha dado permiso para volver a visitarles en breve.

Aunque con mas anos, era evidente que Charlotte era la misma mujer del cuadro que me habia llamado la atencion. Parecia norteamericana, aunque hablaba un espanol fluido, con un suave deje sureno. Pense que era muy simpatica la esposa de don Pablo, y ademas, a la vista del cuadro, debio de ser muy hermosa, aun quedaban en ella vestigios de su antigua belleza.

Me fui al hotel para llamar tranquilamente a dona Laura. Empezaba a divertirme la tarea encomendada por mi tia Marta. Iba de sorpresa en sorpresa, y yo mismo me imaginaba la escena cuando en las proximas Navidades mi familia leyera la historia de la bisabuela. Mi tia Marta, tan de derechas, iba a sufrir un soponcio al enterarse de que su abuela habia sido amante de un agente sovietico.

Conecte el movil camino del hotel. Tenia un mensaje urgente del jefe de Cultura del periodico digital en el que colaboraba. Le llame de inmediato.

– Guillermo, ?donde te metes? Tenias que habernos entregado ayer la critica del libro de Pamuk. Menuda faena nos has hecho, porque tenemos publicidad de la editorial y esta manana han llamado para preguntar que pasaba.

– Lo siento, Pepe, me he despistado, ahora mismo te la mando, dame una hora.

– ?Una hora? Oye, que esto es un periodico digital, y tengo que meter la critica ya. ?Donde narices estas?

– En Barcelona, he venido a conocer a un historiador, a Pablo Soler.

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