– ?Caramba! Soler es uno de los historiadores mas prestigiosos, sus libros sobre la guerra civil son de lo mas serio y ecuanime de cuantos se han publicado. Es una autoridad en el mundo universitario norteamericano.

– Si, ya se que es todo un personaje. Veras, tenia la oportunidad de conocerle y… bueno, se me ha pasado lo de la critica de Orhan Pamuk, pero me he leido el libro y no tardo nada en escribir el articulo y enviartelo. Dejame que llegue al hotel, que voy de camino.

– Por esta vez vale… y, oye, ya que conoces a Pablo Soler, pidele una entrevista; seria un puntazo, porque no le gustan los periodistas y nunca concede entrevistas.

– Bueno, lo intentare, veremos que me dice.

– Si, intentalo, por lo menos al director se le pasara el cabreo que tiene contigo. Ah, y no tardes mas de media hora en enviarme el punetero articulo.

Al final tenia razon mi madre: estaba implicandome tanto en la historia de la bisabuela que me estaba alejando de mi propia realidad, que no era otra que un empleo del tres al cuarto en un periodico digital donde me pagaban a cien euros la pieza. Habia meses que no pasaba de los cuatrocientos euros, justo para comprar tabaco, el bonobus y poco mas. Si Pablo Soler se avenia a concederme una entrevista, lo mismo el director del periodico se terminaba convenciendo de que podia confiar en mi algo mas que para que hacer critica literaria. Las entrevistas las pagaban mejor. Claro que me daba apuro regresar a casa del profesor Soler para pedirle una entrevista; una cosa era que hubiera decidido hablarme de mi bisabuela y otra muy distinta querer hablar para la prensa. Pero lo intentaria. Mi economia no estaba para sutilezas, a pesar de que mientras durara la investigacion sobre Amelia Garayoa contaba con la subvencion de la tia Marta.

4

No me habia terminado de leer el libro de Pamuk, pero tenia suficiente oficio como para escribir una critica de alino, que es lo que hice. Telefonee a Pepe para preguntarle si habia recibido ya el articulo y asi quedarme tranquilo. Me insistio en que entrevistara al profesor Soler y me comprometi a intentarlo. Luego llame a mi madre.

– Pero, hijo, ?donde estas? Llevo toda la manana llamandote al movil y lo tenias apagado.

– Estoy en Barcelona, viendo a una persona que conocio a la bisabuela.

– ?A tu bisabuela? Pues sera un vejestorio, porque de vivir tu bisabuela tendria mas de noventa anos.

– Bueno, el era un nino cuando la conocio, aunque ahora tambien tiene sus anos.

– ?Y quien es?

– No te lo digo, madre, no voy a soltar prenda hasta que no termine la investigacion, pero si te dire que tu abuela, o sea mi bisabuela, tuvo una vida bastante agitada, os vais a sorprender.

– Tu tia Marta me ha llamado quejandose, dice que no le quieres informar de como va la investigacion y que no sabe si de verdad estas trabajando o dandote la gran vida a su costa.

– Tienes una hermana encantadora.

– ?Guillermo, que es tu tia y te quiere mucho!

– ?A mi? Supongo que habra hecho un cursillo de disimulo, porque nunca se le ha notado.

– Guillermo, no te pongas pesado.

– Vale, madre, no me metere mas de lo imprescindible con la tia Marta. Bueno, yo te llamo para saber como estas y si me invitas a cenar esta noche.

– Claro, hijo, estoy deseando verte.

– Pues a las diez me tendras como un clavo llamando a tu puerta.

Colgue el telefono y pense que mi madre tenia una paciencia infinita conmigo.

Despues llame a dona Laura; queria que me contara que habia pasado con Amelia en aquellos dias previos a la guerra civil o que me indicara quien podia darme esa informacion, porque estaba claro que yo no tenia otro hilo de donde tirar.

El ama de llaves dudo cuando le dije quien era y que deseaba hablar con dona Laura o con dona Melita. Me dejo al telefono y al cabo de unos minutos escuche la voz de dona Laura, que me parecio mas apagada que la vez anterior.

– No me encuentro bien, he tenido una bajada de azucar -me explico en apenas un murmullo.

– No quiero molestarla, pero el profesor Soler me ha dicho que Amelia estuvo en Madrid dos o tres dias antes de que estallara la guerra civil y que su intencion era ponerse en contacto con su familia. El profesor me ha indicado que usted podria contarme que paso en aquellos dias, antes de continuar el con su relato. Pero si se encuentra mal… en fin, puedo esperar o usted podria indicame con quien debo hablar del asunto.

Dona Laura me insistio en que no se encontraba muy bien y en que el medico le habia recomendado guardar cama. En cuanto a dona Melita, tampoco estaba bien, de manera que lo mejor era que hablara con Edurne.

– En realidad fue a Edurne a quien Amelia vio aquellos dias.

Conmigo apenas estuvo una hora. Venga usted manana por la manana, pero procure no cansar mucho a Edurne, es muy mayor, y para ella recordar supone un gran esfuerzo.

– Le prometo que intentare abreviar al maximo la conversacion.

Me daba cuenta de que mis «fuentes» eran personas ancianas, que se encontraban en el ultimo cuarto de hora de su vida. O trabajaba con cierta celeridad o podia encontrarme con que cualquiera de ellas desapareciera de la noche a la manana. Tome la decision de concentrarme en la investigacion y quitarme horas de sueno para no perder mi precario empleo en el periodico digital.

Cuando llegue al aeropuerto, en el puente aereo a Madrid solo quedaban billetes en business. Dude si debia esperar al siguiente avion, pero decidi que mi tia Marta no se iba a arruinar por pagar un poco mas por un billete.

Al llegar subi a un taxi. Iba camino de casa cuando el zumbido del movil me saco de mi ensimismamiento.

– Guillermo, guapo, ?donde te metes? Llevas mas de quince dias sin llamarme.

– Hola, Ruth, acabo de aterrizar en Madrid, llego de Barcelona.

– Te llamaba por si te apetecia venirte a cenar a casa, tengo un foie gras estupendo que compre ayer en Paris.

No vacile ni un instante. Llamaria a mi madre para disculparme: una velada con Ruth se me antojaba mas emocionante, sobre todo si empezabamos a mirarnos a los ojos a traves del foie. Ruth era azafata de una compania de bajo coste, y solia encargarse del vuelo de Paris, de manera que estaba seguro de que al foie le acompanaria un estupendo vino de Borgona. Asi que se prometia una noche la mar de feliz.

Mi madre refunfuno, pero no se enfado. La verdad es que cuando me dijo el menu que me habia preparado, me reafirme en mi decision de cenar con Ruth. Mi madre estaba convencida de que me alimentaba fatal, asi que cada vez que almorzaba o cenaba con ella se empenaba en que comiera verdura de primer plato y un pescado a la plancha sin pizca de sal de segundo.

La noche resulto ser memorable. No me habia dado cuenta de lo mucho que echaba de menos a Ruth hasta que estuve con ella. La verdad sea dicha, ella tenia una paciencia infinita conmigo y no me presionaba para que nos casaramos. Me dejaba ir a mi aire, no se si porque me tenia como chico-objeto para de vez en cuando o porque realmente intuia que yo no estaba maduro para comprometerme. En todo caso era la relacion ideal.

Llegue a las once de la manana a casa de las Garayoa. El ama de llaves me informo de que dona Laura seguia en cama y dona Melita estaba en el medico, haciendose unas pruebas. La habia llevado su sobrina nieta, Amelia Maria.

Edurne me esperaba sentada en la biblioteca. No se alegro de verme.

– ?No ha tenido suficiente con todo lo que le conte?

– Le prometo no molestarla mucho, pero es que me gustaria saber que paso cuando Amelia vino con Pierre a Madrid. Me parece que fue en torno al catorce o quince de julio del treinta y seis. Dona Laura me ha dicho que usted la vio.

– Si, la vi -respondio Edurne con un hilo de voz-. Como olvidar aquello…

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