«Amelia y Pierre llevaban un par de dias en Madrid. El le pidio.1 un matrimonio amigo que se ocupara de Amelia y no la dejara sola. Por mas que ella se resistio a la compania del matrimonio, no tuvo mas remedio que ceder, pero al mismo tiempo se sentia tan agobiada por la falta de libertad y la desconfianza que Pierre manifestaba hacia ella, que comenzo a darle vueltas a la idea de abandonarlo. Pero Amelia en aquel entonces solo sentia confusion, y lo mismo decidia poner punto final a su relacion con Pierre que cambiaba de opinion al verlo aparecer sonriente con una rosa en la mano.
Llego un momento en que el se dio cuenta de que no podia retrasar por mas tiempo el encuentro de Amelia con su familia, que no podia seguir dandole largas. El diecisiete por la manana, en presencia de Pierre, Amelia telefoneo a Laura. La senorita Laura no estaba en casa; habia salido con sus hermanos, Melita y Jesus, y con su madre, dona Elena. Tampoco estaba don Armando. Amelia, angustiada, pregunto por mi. Queria ver a sus padres, pero no se atrevia a presentarse en su casa sin antes saber con que iba a encontrarse, sobre todo si iban a recibir a Pierre.
Yo me volvi loca de alegria cuando escuche su voz, y ella me pidio que me acercara a la pension La Carmela, donde estaba alojada. Llegue en menos de diez minutos, y no puede usted imaginar como corri hacia alli, porque la distancia no era grande.
Fue vernos y empezar a llorar de emocion. Estuvimos un buen rato abrazadas sin que Pierre lograra separarnos.
– ?Vamos, vamos, dejad de llorar! ?No teniais tantas ganas de veros? Pues en fin…
Amelia me pidio que le contara con detalle como estaban los suyos.
– Don Juan esta mejor, se ha recuperado bien del ataque al corazon; dona Teresa no le deja ni a sol ni a sombra. Tu madre se pego un buen susto, porque Don Juan estaba con ella cuando sufrio el desmayo. Menos mal que tuvo presencia de animo para llamar al chofer y que trasladara de inmediato a Don Juan al hospital. Eso le salvo la vida. Pero tu padre esta triste, no es el mismo desde que te has marchado. Dona Teresa ha envejecido de repente, pero no desfallece, ella es el soporte moral de la casa. Tu hermana Antonietta tambien lo ha pasado mal, ha estado semanas enteras sin dejar de llorar.
– ?Crees que si voy a casa mis padres me perdonaran?
– ?Pues claro! Les daras una gran alegria.
– ?Y que diran de Pierre?
– Pero ?va a ir contigo?
– Pues si, Pierre es… es… Bueno, es como si fuera mi marido.
– ?Pero no lo es!
– Ya lo se, pero da igual. En cuanto pueda me voy a divorciar para casarme con el, es solo cuestion de tiempo.
– Pero tus padres estan muy afectados por lo sucedido, ?no podrias ir tu sola a verles?
A Amelia le hubiera gustado hacerlo asi, pero Pierre no estaba dispuesto a dejarla encontrarse con su familia sin estar el presente. Temia perderla. En realidad, estaba a un paso de que asi fuera.
– ?Y mi hijo? ?Como esta Javier?
– Solo sabemos de el por Agueda. Don Santiago no quiere saber nada de tu familia. Les ha dicho que prefiere poner distancia y que en el futuro ya se vera si les permite ver al nino. Pero es un buen hombre, porque consiente que tus padres llamen a Agueda cuando el no esta para preguntar por el nino.
– ?Tu no has vuelto a ver a mi hijo?
– No, no me he atrevido. Pero puedes estar tranquila, Agueda se ocupa bien de el, quiere al nino como si fuera su propio hijo, ya lo sabes.
Amelia rompio a llorar, se sentia en deuda con Agueda por los cuidados que prestaba a su hijo, pero al mismo tiempo le dolia que estuviera haciendo el papel de madre de Javier.
– ?Pero es mi hijo! ?Es mio!
– Si, claro que es tu hijo, pero tu no estas.
Aquellas palabras fueron peor que si la hubiese abofeteado. Me miro con rabia y con dolor.
– ?Quiero a mi hijo! -grito.
Pierre la abrazo temiendo que se dejara llevar por la histeria, lo que no le convenia, dado que en La Carmela los tenian por un matrimonio.
– Calmate, Amelia, nadie pone en duda que Javier es tu hijo, v lo recuperaremos, ya lo veras, pero todo a su debido tiempo. En Buenos Aires pondremos en marcha los tramites de tu divorcio, y luego vendras a por Javier.
– ?Te vas a Buenos Aires? -pregunte.
– ?No lo se! ?No quiero ir a ninguna parte!
A Pierre se le notaba harto de la situacion, y creo que a punto estuvo de decirme que me llevara a Amelia.
– No tienes que venir si no quieres. En realidad, yo he propuesto que nos marchemos para iniciar una vida nueva, lejos de nuestro pasado, pero si no me quieres…
– ?Si, si te quiero! ?Pero creo que me voy a volver loca!
– Lo mejor es que se marche, Edurne, ya sabe donde estamos. Digaselo a los tios de Amelia, y si lo consideran oportuno iremos a su casa o a la de los padres de Amelia. Quiero pedirles humildemente perdon a don Juan y dona Teresa por el dano ocasionado, y que sepan que quiero mas que a mi vida a Amelia y solo aspiro a hacerla feliz.
Regrese a casa vivamente impresionada. Yo admiraba a Pierre desde el momento en que lo habia visto en casa de Lola. Era tan convincente, parecia tan seguro… Y no dudaba que estaba perdidamente enamorado de Amelia. Aunque me daba cuenta que ella no era feliz, que estaba arrepentida del paso dado, que si hubiera podido volver atras, lo habria hecho sin dudar. Pero yo no sabia como ayudarla, me sentia tan perdida como ella.
Dona Elena y sus hijas no llegaron hasta mediodia, y en cuanto les explique que Amelia estaba en Madrid, que parecia muy desgraciada y que queria verlos, la senorita Laura no lo dudo un momento.
– ?Ahora mismo vamos a por ella!
– ?Pero, hija, no podemos presentarnos en esa pension donde esta con ese hombre!
– ?Y por que no? ?No comprendes que ella no se atreve a venir aqui?
– Aqui es bienvenida, pero sin ese hombre. Eso es lo que Edurne le tiene que decir. Queremos verla y la acompanaremos a casa de sus padres, pero tendra que venir sola. Seria una verguenza que se presentara con ese hombre. Tu tio Juan se moriria del disgusto. Amelia tiene que comprenderlo.
– ?Pero, mama, no seas asi! -protesto la senorita Laura.
– ?No voy a recibir a ese hombre en mi casa! ?Jamas! Es un sinverguenza, se ha aprovechado de la inocencia de Amelia, y no quiero tratos con gentuza como el.
– ?Mama, Amelia se enamoro de Pierre!
– Vaya, ahora nos dices que se fue por amor y no para hacer la revolucion… Santiago tenia toda la razon.
– Pero, mama…
– Basta, se hara lo que yo digo. Edurne, vete a ver a Amelia y dile que la esperamos. En cuanto a ese hombre, debe entender que una familia decente no lo puede recibir. Tu padre esta al llegar y estara de acuerdo conmigo.
Volvi corriendo a la pension La Carmela sin darme cuenta de que la senorita Laura me seguia a corta distancia. Habia decidido desobedecer a su madre para encontrarse con Amelia; pues temia que esta rechazara verlos si no iba acompanada de Pierre. Cuando estaba a punto de entrar en el portal me alcanzo. Juntas subimos a la pension, situada en el primer piso. Amelia y Pierre estaban almorzando en el pequeno comedor. Aun hoy recuerdo que la duena de la pension les habia servido huevos fritos con pimientos.
Si Amelia habia llorado al verme, cuando se encontro con la senorita Laura, las lagrimas le fluyeron a borbotones. Las dos primas se fundieron en un abrazo interminable.
Pierre estaba incomodo por la situacion, puesto que dona Carmela no perdia la ocasion de entrar en el comedor para enterarse de todo lo que alli sucedia. Propuso que nos fueramos a la calle, a algun sitio donde pudieramos hablar sin testigos. Nos llevo a un cafe de la plaza de Santa Ana, y alli nos acomodamos los cuatro.
– Amelia, tienes que venir a casa, mama llamara a tus padres y te acompanaremos, pero debes venir sola. Tiene usted que comprender que no es bienvenido en estos momentos, quiza mas adelante… -dijo Laura.
Amelia parecia dispuesta a dejarse convencer por su prima, pero la reaccion de Pierre se lo impidio.
