– Hare lo que Amelia quiera, pero debo decirle, senorita, que tampoco fue facil para mi familia aceptar mi relacion con una mujer casada, y pese a lo mucho que quiero a mi madre, le he impuesto esta situacion, dejandole claro que si tengo que elegir entre Amelia y ella, no tengo dudas: mi eleccion es Amelia.
Tras escuchar, Amelia se sintio en la obligacion de ponerse de su parte.
– Si no quereis que venga conmigo, yo tampoco ire -respondio ella llorando.
– ?Pero, Amelia, tienes que entenderlo! Tu padre ha sufrido un ataque al corazon, si te presentas con Pierre, no se lo que puede pasarle. Desde luego, a tu madre le puede dar algo… Es mejor ir poco a poco, primero que te vean a ti y despues, entre las dos, los convencemos para que reciban a Pierre. No puedes pedir a tus padres que, de buenas a primeras, acepten a otro hombre que no es tu marido; ya sabes que tu padre aprecia mucho a Santiago…
Pierre abrazo a Amelia mientras le acariciaba el cabello.
– ?Saldremos adelante! -le dijo con voz apasionada-. No te preocupes, todo se arreglara, pero tenemos que demostrarles a todos que nuestro amor es de verdad.
Amelia se deshizo del abrazo y se seco las lagrimas con el panuelo de Pierre.
– Diles a tus padres que no ire a ningun sitio sin el. Mi deseo es divorciarme de Santiago y convertirme en la esposa de Pierre. Si buenamente podeis ayudarme para que mis padres me reciban, sere la mujer mas feliz del mundo; de lo contrario me doy por satisfecha con haber podido abrazarte. Confio en que puedas convencerlos, pero si no es asi… al menos prometeme que nunca me olvidaras y que haras lo imposible para que algun dia me perdonen. Ahora te pido que regreses a casa con Edurne y que pongas todo tu empeno en lo que te he pedido.
Se abrazaron de nuevo entre lagrimas, y la senorita Laura le prometio que intentaria convencer a sus padres.
– Al menos espero que papa nos ayude; a lo mejor es mas comprensivo que mi madre. Ni ella ni tu madre estan a favor del divorcio, pero si saben que teneis intencion de casaros, a lo mejor ceden un poco.
Quien nos iba a decir que cuando regresaramos a casa nos encontrariamos a don Armando en un estado de gran agitacion por culpa de las noticias que llegaban desde el norte de Africa, donde se decia que un grupo de militares se habia sublevado.
En aquellas primeras horas, las noticias eran confusas y se hablaba de que podia haber una rebelion militar encabezada por los generales Mola, Queipo de Llano, Sanjurjo y Franco.
– Papa, tengo que hablar contigo -le pidio Laura a don Armando.
– Hija, ahora no puedo, me voy a acercar a las Cortes, he quedado con un diputado del que soy abogado; quiero saber que esta pasando.
– Amelia esta en Madrid.
– ?Amelia? ?Tu prima?
– Si, Armando, si, tu sobrina esta aqui, y Laura se ha escapado a verla. Te lo iba a decir pero no me ha dado tiempo, como estas tan agitado por lo de la sublevacion… -anadio dona Elena.
La novedad desasosego definitivamente a don Armando. De todos los dias posibles, aquel era el mas inadecuado para hacer frente a un drama familiar. El pais hacia aguas y la familia tenia que prestar atencion a la situacion de Amelia.
– Hay que avisar a sus padres. Arreglate, Elena, nos tenemos que acercar a la casa de mi hermano. ?Donde esta esa loca? -pregunto a su hija.
– En la pension La Carmela, y esta con Pierre.
– ?Con ese desgraciado! No importa, iremos a por ella. ?Dios mio! ?Tenia que aparecer precisamente hoy!
– ?Por Dios, papa, lo importante es que la prima esta aqui! -le reprocho Melita, su hija mayor.
– Lo importante es que no sabemos si se esta produciendo un golpe de Estado, y, como podeis imaginar, eso tendria consecuencias terribles. Bien, hagamos lo que tenemos que hacer, vamos a buscarla.
– No, papa, no podemos hacerlo salvo que esteis dispuestos a aceptar a Pierre -declaro Laura.
– ?Aceptar a ese sinverguenza? ?Jamas!
– Papa, Amelia dice que solo vendra aqui o ira a casa de sus padres si es con Pierre, de lo contrario…
– Pero ?como se atreve a plantear tamano desatino? No vamos a recibir a ese hombre, no, yo no pienso abrirle las puertas de mi casa -intervino dona Elena.
– Explicate, Laura -exigio don Armando muy serio.
– O les recibimos a los dos o Amelia no vendra ni a esta casa ni a la de sus padres; lo ha dejado muy claro. Papa, te suplico que aceptemos a Pierre, de lo contrario perderemos a Amelia para siempre. Edurne me ha dicho que el piensa llevarsela a Buenos Aires. Yo creo que si vamos a por ella y fingimos que lo aceptamos a el, podremos convencerla para que se quede; de lo contrario la perderemos para siempre.
Don Armando se sentia superado por los acontecimientos, tanto politicos como familiares.
– Hija, despues de lo que ha hecho, Amelia no puede poner condiciones. Las puertas de esta casa siempre estaran abiertas para ella, y no dudo de que mi hermano dira lo mismo si su hija llama a su puerta. Pero ella no puede exigir que aceptemos a un hombre que ha traido tanta desgracia a la familia. Y yo no me atrevo a ir a casa de tu tio y darle un disgusto poniendole en la disyuntiva de que si quiere ver a Amelia tiene que ser junto a ese Pierre. Seria una crueldad con el.
– Lo se, papa. He intentado razonar con Amelia, pero no ha sido posible. Es… es como si hubiera perdido su voluntad. Se deja llevar por Pierre.
– ?Que vamos a hacer? -quiso saber dona Elena.
– Edurne volvera a esa pension y le explicara a Amelia que debe venir aqui sin ese hombre. Luego la acompanaremos a casa de sus padres -sentencio don Armando.
– ?Y si se niega? -Laura hablaba con un hilo de voz.
– Nos pondra en una situacion muy dificil. Tendre que ir a ver a mi hermano y explicarle lo que sucede, y temo que le voy a dar un disgusto que tendra consecuencias para su salud.
– Papa, ?por que no vas tu a hablar con Amelia? -suplico Laura.
– ?Yo? No, no, hija, me parece del todo inconveniente ver a ese hombre, que solo se merece que se le rete a duelo por lo que ha hecho.
Tal como me indicaron, regrese a la pension La Carmela, pero no encontre ni a Amelia ni a Pierre. La duena me informo de que habian salido con cierta precipitacion porque un joven se habia acercado a la pension a dar recado a Pierre de que se estaba produciendo una rebelion militar en el norte de Africa. La duena me dijo que estaba asustada por la noticia de la rebelion, pero aun asi no tuvo empacho en preguntarme que pasaba entre Pierre y Amelia, y por que ella no dejaba de llorar. No le respondi, solo le pregunte si sabia adonde habian ido o cuando volverian, pero no me supo dar razon, de manera que regrese a casa.
Aquella noche Amelia telefoneo a Laura. Don Armando y dona Elena habian ido a casa de don Juan y todavia no habian regresado. Laura intento convencer a su prima de que viera a su familia sin la presencia de Pierre, pero fue inutil. Amelia le anuncio que al dia siguiente por la tarde regresaba a Barcelona y de alli se marcharia a Francia. No sabia si algun dia volverian a verse.»
Edurne se quedo callada, con la mirada perdida, como cuando hablamos en la anterior ocasion. Parecia como si aquellos recuerdos le golpearan el alma y no supiera como dominarlos.
– ?Eso es todo? -pregunte yo.
– Si, eso es todo. Amelia se marcho. Dona Teresa fue a buscarla al dia siguiente a La Carmela acompanada de Antonietta, pero la joven ya se habia marchado. No fue una decision facil para dona Teresa presentarse alli, en una pension, buscando a su hija, pero habia decidido que tenia que arrancar a Amelia de las garras de Pierre: el amor a su hija era mas fuerte que las convenciones sociales y familiares. No se lo dijo a Don Juan, simplemente tomo la decision y le pidio a Antonietta que la acompanara, pero llegaron demasiado tarde. Lloro mucho culpandose de no haber actuado con mas premura, yendo de buena manana o incluso la noche anterior.
Supongo que Pierre penso que era mejor irse antes de que su familia decidiera presentarse para llevarsela.
