Me despedi de Edurne agradeciendole sinceramente cuanto me habia contado y asegurandole que esperaba no tener que volver a molestarla. La verdad es que yo mismo me sentia conmocionado por los acontecimientos que rodeaban a Amelia y me preguntaba que habria sucedido despues. Estaba claro que tenia que hablar de nuevo con Pablo Soler.

En el portal me encontre a Amelia Maria junto a su tia Melita. ?Vaya lio de Amelias!

– Ya me voy -dije antes de que torciera el gesto.

– Si, ya se que venia usted hoy.

– ?Y usted como esta? -le pregunte a la anciana, que andaba con extremada lentitud, acompanada ademas de por su sobrina nieta por una enfermera.

– Estoy en las ultimas, hijo, pero esperare hasta que lea su relato -me respondio sonriente-. Hoy parece que estoy un poco mejor, y los medicos dicen que no me encuentran nada; como si la edad no fuera una enfermedad, pero lo es, querido Guillermo, lo es. Lo peor es que te priva de los recuerdos.

– Vamos, tia, tienes que descansar. Acompane a mi tia al ascensor -le pidio a la enfermera.

Amelia Maria se quedo unos segundos en silencio viendo como su tia entraba en el ascensor apoyada en la enfermera.

– Bueno, Guillermo, ?como lleva su historia?

– Voy de sorpresa en sorpresa; mi bisabuela tuvo una vida bastante movidita.

– Si, eso creo, pero ?que mas?

– Pues nada en especial, que su tia Laura me esta ayudando mucho dandome un monton de pistas. ?Que le ha dicho el medico a dona Melita?

– Que esta bien; en general tiene buena salud, lo cual es un milagro dada su edad. Hace unos dias contrate a una enfermera para que este en casa y cuide de mis tias. No estoy tranquila dejandolas solas cuando voy a trabajar. Si pasa algo, la enfermera sabra como reaccionar.

– Ha hecho usted bien. Bueno, encantado de verla, tia.

– ?Como dice?

– Aunque le disguste somos parientes, y usted debe de ser algo asi como una tia lejanisima, ?no?

– ?Sabe, Guillermo? No me hace usted ninguna gracia.

– Ni yo lo pretendo, se lo aseguro.

Me encantaba fastidiarla porque me recordaba mucho a mi tia Marta.

Fui a casa de mi madre a comer las verduritas de las que sabia que no podia librarme, luego me pase por la redaccion del periodico a recoger mi exiguo cheque y, de alli, fui directo al aeropuerto. A la manana siguiente volveria a recibirme Pablo Soler. Al buen hombre le gustaba madrugar, porque la cita era otra vez a las ocho de la manana.

5

Charlotte me abrio la puerta y me acompano hasta el despacho de su marido.

– Ahora mismo hago cafe -nos dijo en tono maternal.

Unos minutos despues, la doncella entraba portando una bandeja con una cafetera, una jarra de leche y un plato con tostadas. Don Pablo sirvio cafe para los dos, pero no hizo ademan de coger una tostada, de manera que me abstuve, aunque la verdad es que me hubiera apetecido comerme una bien untada con mantequilla y mermelada.

– Y bien, ?que le ha contado dona Laura? -me pregunto.

– No he podido verla, esta un poco pachucha, pero he hablado con Edurne, ya sabe usted quien es.

– La buena de Edurne, claro que si. Dona Laura le tiene un inmenso afecto. Por cierto, anoche hable con ella y me aseguro que se encontraba mejor. En cuanto a Edurne… ella fue un testigo excepcional de lo que sucedio. Lola le tenia mucho aprecio, mucho mas que a Amelia; la reconocia como una igual, como una trabajadora. Lola solia decir que los Garayoa hacian caridad y por eso trataban bien a Edurne, pero, claro, ella defendia la justicia social.

– Bueno, tenia razon -respondi.

– Si, en eso si, aunque Lola era bastante arbitraria en sus juicios.

– Las cosas no le resultaron faciles -la excuse.

– No, realmente no. Pero vamos a lo nuestro.

Le explique cuanto me habia contado Edurne, y el me escucho atento, e incluso tomo algunas notas, para mi sorpresa. Luego, despues de apurar el ultimo sorbo de cafe, Pablo Soler retomo el relato donde lo habia dejado tras nuestro primer encuentro.

«Pierre tomo la decision de regresar a Barcelona, donde queria establecer contacto con uno de sus informantes para inmediatamente despues ir a Francia y una vez alli reunirse con Igor Krisov. La sublevacion militar podia poner en jaque al gobierno de la Republica. Teniendo en cuenta que Pierre era un agente que se movia por todas partes, pero que tenia contactos valiosos en Espana, no sabia si sus jefes de Moscu podian tomar la decision de suspender el proyectado viaje a Sudamerica. El barco salia a finales de julio y Pierre llego a Barcelona el 19, cuando la ciudad estaba viviendo el primer dia de lo que acabaria siendo la guerra civil.

Recuerdo como si fuera hoy la noche que Lola y Josep me llevaron a casa de dona Anita, donde estaban reunidas varias personas, algunos de ellos lideres comunistas de agrupaciones y gremios, periodistas y dirigentes sindicales, en total alrededor de una veintena de personas.

Amelia me abrazo con carino. Me llamo la atencion su palidez y sus ojos enrojecidos. Dona Anita le recriminaba que hubiera adelgazado tanto en tan pocos dias. Josep comenzo a resumir la situacion.

– La gente esta preocupada porque teme que aqui tambien se subleve el Ejercito. Parece que la rebelion esta triunfando en Galicia, en Castilla la Vieja, en Navarra, en Aragon, en algunas ciudades andaluzas y en Asturias; y tambien se dice que en Baleares y Cananas. Pero son noticias sin confirmar, hay demasiada confusion. Y todo apunta a que la aviacion se mantiene fiel a la Republica.

– Y Companys ?que hace? -quiso saber Pierre.

La respuesta se la dio Marcial Lluch, un periodista simpatizante del PSUC que ademas era amigo de Pierre.

– Intenta ganarse a los militares, esta hablando con ellos, pero por lo que se, no sabe si fiarse de todos los que le aseguran que se mantendran leales a la legalidad de la Republica.

– ?Y nosotros que estamos haciendo? -pregunto Pierre a Josep.

– Nuestra gente fue a las sedes pidiendo instrucciones. No es que tengamos mucho con lo que defendernos pero algo tenemos. Los de la CNT estan mejor organizados y no parecen tener problemas de armamento. Pero que te lo cuente Lola, ella ha sido testigo de alguna de las refriegas.

Pierre miro con interes a Lola. La veia dura como el pedernal, la clase de comunista que necesitaba la revolucion. Ella no dudaba.

Lola trago saliva antes de comenzar a hablar. Preferia la accion a los discursos.

– De madrugada salio una compania de militares de los cuarteles de Pedralbes, y se organizo una buena en la plaza de la Universidad. Afortunadamente los guardias de asalto les hicieron frente con ayuda de los milicianos, pero no pudimos evitar que tomaran la Telefonica, el Circulo del Ejercito y la Armada, y hasta el hotel Colon. Los milicianos estabamos pesimamente armados.

– ?Y tu estuviste alli? -pregunto Pierre asombrado.

– Sali a la calle con un grupo de camaradas.

– El general Llanos de la Encomienda se ha mostrado contrario a la sublevacion -afirmo Marcial Lluch.

– Ya, pero no tiene ninguna autoridad sobre los que se han rebelado -apostillo dona Anita.

– Pero su actitud es un aviso para los tibios -insistio el periodista-. Lo mejor es que a mediodia se ha desalojado a los militares rebeldes del edificio central de la Universidad; tambien se les ha echado de la plaza de Cataluna, y se ha vuelto a tomar la Telefonica.

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