– Ya, pero en vista de las circunstancias, insisto en que soy mas necesario en Espana.

– Usted es necesario alli donde Moscu decida. No estamos en este oficio para satisfaccion nuestra, si no por una idea grandiosa. Hay asuntos sobre los que no le corresponde pensar; usted tiene sus ordenes, obedezca, esa es la regla principal. ?Ah! Ya sabe que debe ponerse en contacto con la embajada sovietica, pero tomese su tiempo para hacerlo; todo tiene que resultar casual. No puede usted presentarse en la embajada ni llamar por telefono. No le dire como debe hacerlo, usted es un profesional y ya encontrara la manera.

– Con todo el respeto, camarada, no termino de entender la importancia de mi mision.

– Pues la tiene, camarada Comte, la tiene. Moscu necesita oidos en todas partes. Su mision es conseguir agentes que esten bien situados en los aledanos del poder, preferiblemente en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Personas cuyo trabajo sea seguro, funcionarios, que no dependan de las vicisitudes de la politica. En Buenos Aires trabajara con tranquilidad, puesto que las grandes potencias no lo consideran un terreno de juego para sus intereses. Sin embargo, al Ministerio de Exteriores argentino llegaran comunicaciones de sus embajadores en todo el mundo revelando pequenos secretos, conversaciones mantenidas con los altos dirigentes de los paises en que estan acreditados, analisis de la situacion. Todos esos informes seran un material importante para nuestro departamento. En este momento ni Estados Unidos, ni Francia, ni Gran Bretana, ni Alemania tienen ningun interes estrategico en la zona, de manera que no le sera dificil llevar adelante y con exito la mision. Las batallas no se libran solamente en el frente.

Durante los primeros dias Amelia disfruto de la travesia. Viajaban en un elegante camarote de primera clase y compartian las veladas con un pasaje formado por comerciantes, hombres de negocios, familias e incluso una diva del bel canto, Carla Alessandrini, que desde el comienzo del viaje se convirtio en el centro de atencion tanto de los pasajeros como de la tripulacion.

Fue en el tercer dia de navegacion cuando, durante un paseo por cubierta, Amelia entablo conversacion con Carla Alessandrini. La diva italiana era una mujer de unos cuarenta anos, rellenita pero sin llegar a estar gorda, alta, de cabello rubio y ojos de un azul intenso. Habia nacido en Milan, de padre milanes y madre alemana, a la que debia el haberse convertido en una gran estrella de la opera, porque fue ella la que contra viento y marea, es decir, imponiendose a la opinion del padre, no paro hasta lograr que su hija fuera abriendose paso y llegara a ser la diva que era entonces.

Carla Alessandrini viajaba con su representante y a la vez marido, Vittorio Leonardi, un perspicaz romano dedicado en exclusiva a rentabilizar la voz de su esposa.

Amelia y Carla estaban muy cerca la una de la otra, apoyadas en la barandilla, mirando la lejania y perdidas en sus pensamientos, cuando Vittorio, el marido de la diva, las saco de su ensimismamiento.

– ?Las dos mujeres mas bellas del barco estan aqui, solas y en silencio! ?No puede ser!

Carla se volvio sonriente hacia su marido y Amelia miro intrigada al despreocupado italiano.

– Mirando al mar una se siente tan insignificante… -dijo Carla.

– ?Insignificante tu? Imposible, querida, hasta el mar se ha rendido ante ti, llevamos tres dias navegando y no hemos visto ni una ola, parece que navegamos por un lago. ?No es verdad, senorita? -dijo, dirigiendose a Amelia.

– Si, realmente el mar esta tranquilo y es una suerte, asi no nos mareamos -respondio ella.

– Vittorio Leonardi para servirla, senorita…

– Amelia Garayoa.

– Mi esposa, la divina Carla Alessandrini -dijo para presentarla Vittorio-. ?Viaje por placer, para ver a la familia, por negocios?

– ?Vamos, Vittorio, no seas tan curioso! No le haga caso, senorita, mi marido es un poco indiscreto -intervino Carla.

– No se preocupe, no me molestan sus preguntas. Supongo que viajo para iniciar una nueva vida.

– ?Y como es eso? -continuo preguntando Vittorio sin ningun recato.

Amelia no supo que responder. Le daba verguenza decir que huia con su amante, y que en realidad no esperaba nada del porvenir.

– ?Por favor, Vittorio, no pongas en apuros a la senorita! Ven, vamos al camarote, se esta levantando viento y no quiero que me afecte a la garganta. Disculpe a mi marido senorita, y no crea que todos los italianos son tan expansivos como el.

La diva y su marido se alejaron de la cubierta, y Amelia pudo escuchar como Carla reganaba carinosamente a su esposo, que la miraba arrepentido.

Esa noche el capitan ofrecia un coctel de bienvenida a los pasajeros de primera y, para sorpresa de Pierre, Carla Alessandrini y su esposo Vittorio se acercaron a Amelia. Ella se los presento, y Pierre derrocho simpatia, consciente de que la pareja podia resultarle de utilidad. Charlaron despreocupadamente y a la hora de la cena Vittorio propuso que compartieran mesa.

A partir de ese dia se convirtieron en inseparables. Vittorio, que sobre todo era un bon vivant, simpatizo de inmediato con Pierre, que parecia compartir con el el gusto por las cosas buenas de la vida. Carla, que tenia un desarrollado sentido dramatico de la vida, se sintio impresionada por aquella historia de amor entre Amelia y Pierre, que les llevaba a huir a otra latitud para rehacer sus vidas.

La diva tenia previsto permanecer un mes en Buenos Aires, ya que debia actuar en el Teatro Colon interpretando Carmen, lo que sin duda favorecia los planes de Pierre, que pensaba que la pareja formada por Carla y Vittorio podria abrirles muchas puertas.

Llegaron a Buenos Aires en pleno invierno. Los ultimos dias de navegacion no habian sido agradables. Las olas barrian la cubierta, y la mayoria de los pasajeros tenian que permanecer en sus camarotes a causa del mareo. Curiosamente, al contrario que sus respectivas parejas, ni Carla ni Amelia parecian afectadas por el oleaje. Vittorio se lamentaba de su suerte y le aseguraba a Carla que estaba a punto de morir. Pierre se limitaba a quedarse en el camarote, sin apenas ingerir alimentos, pese a la insistencia de Amelia. Esa circunstancia hizo que las dos mujeres estrecharan aun mas los lazos de amistad, y asi para cuando llegaron a puerto, Amelia creia haber encontrado en Carla una segunda madre y esta a la hija que nunca habia tenido.»

– Bien, Guillermo, ?me permite que le llame por su nombre? Llegados aqui, lo mejor es que hable con la senora Venezziani y con el profesor Muinos -concluyo Pablo Soler.

– ?Y esos quienes son? -pregunte, decepcionado.

– Francesca Venezziani es la maxima autoridad en opera de todo el mundo. Ha escrito varios libros sobre este mundo y sus principales protagonistas. En una biografia sobre Carla Alessandrini, habla de Amelia Garayoa por su amistad con la diva. En el libro incluso hay varias fotografias de ambas juntas.

Debi de poner cara de tonto a causa de lo sorprendente de su revelacion.

– No se extrane, ya le he dicho que Francesca Venezziani es toda una autoridad en materia operistica. He hablado con ella en un par de ocasiones intentando saber si Carla llego a sospechar que Pierre Comte era un agente sovietico, pero no ha encontrado nada en las cartas de ella ni en los testimonios de quienes la conocieron. En todo caso, si yo fuera usted, iria a Roma para hablar con la senora Venezziani, y a continuacion viajaria a Buenos Aires para hacer otro tanto con el profesor Muinos.

– ?Y quien es Muinos?

– Por su apellido deducira que es de origen gallego. Don Andres Muinos es profesor emerito de la Universidad de Buenos Aires; coincidi con el en Princeton donde ensenaba historia del continente iberoamericano. Ha publicado varios libros, y entre ellos, dos muy destacados que son una referencia indispensable para quienes quieran profundizar en el exilio nazi en America Latina y otro sobre los espias sovieticos en la zona.

– ?Y cual es su ideologia?

– Veo que le preocupa sobremanera la ideologia de los demas…

– Es para saber con quien voy a hablar y depurar aquello que me cuente.

– Tiene usted muchos prejuicios, senor Albi.

– No, simplemente soy precavido; viviendo en este pais, sientes el peso de las ideologias. Aqui o eres de unos o eres de otros, o no tienes nada que hacer, y, claro, la historia no la cuentan igual desde todos los lados. Usted deberia saberlo mejor que nadie, porque ademas de historiador ha sido un testigo privilegiado de lo que sucedio en nuestra ultima guerra civil.

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