– El profesor Muinos es un erudito, estoy seguro de que lo encontrara interesante. Dona Laura coincide conmigo en que es imprescindible que hable con el. Me tome la molestia de llamarle anoche mismo, despues de hablar con ella y estara encantado de recibirle.
Pablo Soler me entrego una tarjeta con la direccion y el telefono de Francesca Venezziani en Roma y del profesor Muinos en Buenos Aires.
– Con la senora Venezziani aun no he hablado, pero no se preocupe, lo hare.
Mientras don Pablo me hablaba, yo dudaba en si atreverme o no a solicitarle una entrevista tal y como me habia propuesto el redactor jefe del periodico digital, y aunque temia que me despidiera con cajas destempladas, encontre el valor para decirselo.
– Me gustaria pedirle un favor, naturalmente no quiero que se sienta obligado…
– Joven, a estas alturas de la vida no me siento obligado por nada ni por nadie, asi que digame usted.
– Ya sabe que soy periodista, y… bueno, ?seria mucho atrevimiento que me concediera una entrevista para hablar sobre sus libros, sobre todo el que esta a punto de publicar?
– ?Ah, los periodistas! No me fio mucho de ustedes… y ademas no hago entrevistas.
– Lo entiendo, pero tenia que intentarlo -dije rindiendome, sin dar batalla.
– ?Tan importante es para usted conseguir una entrevista conmigo?
– Pues la verdad es que si, me marcaria un buen tanto ante mi jefe y me ayudaria a conservar mi precario empleo. Pero entiendo que no debo abusar de su amabilidad, y que usted me esta ayudando mucho con lo de mi bisabuela, que al fin y al cabo es la razon por la que estoy aqui.
– Hagame llegar un cuestionario y contestare a todo lo que me pregunte; procurare ser breve en las respuestas, pero el pacto es que ustedes no pondran ni una coma ni cortaran una linea por problemas de espacio. Si su jefe acepta el trato, en cuanto me entregue el cuestionario, lo respondere.
No sabia si darle dos besos ademas del apreton de manos, pero lo cierto es que siempre le agradecere aquella entrevista.
Cuando sali de la casa de don Pablo, llame a Pepe a la redaccion para explicarle que aquel accedia a la entrevista si no le poniamos ni quitabamos una coma. Le insisti en que se lo dijera al director, pues no estaba dispuesto a que me crearan un problema con Soler.
– Mira, Pepe, le conozco por cosas de familia y no puedo quedar mal con el. Sabes que no da entrevistas y que nos apuntaremos un buen tanto, pero o es como el quiere o prefiero no correr riesgos.
Pepe me paso con el director, quien me garantizo que aunque fuera un memorando no cortarian ni una palabra de la entrevista.
– Si de verdad la consigues, hablaremos de tu futuro aqui -me dijo a modo de gancho.
– Lo primero que tenemos que hablar es de cuanto me vas a pagar, porque no pensaras que lo vas a solventar con cien euros.
– No, hombre, no, si de verdad la consigues te pagare trescientos euros por la entrevista.
– Pues va a ser que no. En cualquier suplemento cultural o en un dominical me darian mas del doble por ella.
– ?Cuanto quieres?
– No la hago por menos de seiscientos euros.
– De acuerdo, mandala en cuanto la tengas.
Media hora despues le adjunte el cuestionario por correo electronico y me prometio que me devolveria las respuestas en breve.
Llame a tia Marta para decirle que iba a necesitar mas fondos, porque me iba a Roma y despues a Buenos Aires.
– ?Como que te vas a Roma y a Buenos Aires? Asi como quien coge el metro… Tendras que darme alguna explicacion.
– Porque tu abuela Amelia, es decir, mi bisabuela, tuvo una vida de lo mas movidita, y si quieres que te escriba la historia no tengo mas remedio que ir a donde me llevan las pistas. No creas que esta investigacion esta resultando un camino de rosas.
– No se si sera un camino de rosas, pero lo que si parece es un camino bastante caro.
– Oye, eres tu la que quiere saber que fue de tu abuela; como comprenderas, a mi me da lo mismo. Si quieres que lo deje, asi lo hare.
Tia Marta dudaba si mandarme a paseo, y yo cruce los dedos pidiendo que no lo hiciera, porque sinceramente no queria perderme la historia de Amelia Garayoa.
– De acuerdo, pero dime por que tienes que ir a Roma y a Buenos Aires.
– Porque en Roma tengo que ver a la mayor experta del mundo en opera y en Buenos Aires a un profesor que lo sabe todo sobre espias sovieticos y nazis.
– ?Pero que tonterias estas diciendo!
– Te digo que nuestra antepasada no se dedico a bordar, y que se vio envuelta en historias alucinantes.
– ?No seras tu el que se las esta inventando para tomarnos el pelo?
– Pues no, tia, no; te puedo asegurar que no tengo tanta imaginacion como para estar a la altura de las cosas que hizo tu abuela. ?Menuda senora!
Tia Marta acepto hacer un nuevo ingreso en mi cuenta despues de amenazarme con que me iba a enterar si estaba tomandole el pelo.
– Hablare con Leonora para decirle que no te voy a consentir ni una broma con este asunto.
– Haras bien en hablar con mi madre, porque ella quiere que deje esta investigacion; piensa que estoy perdiendo el tiempo.
Mi madre se preocupo cuando le dije que primero me iba a Roma y luego a Buenos Aires.
– Hijo, a mi todo esto me parece una tonteria. Dile a la tia Marta que se guarde su dinero, y busca un trabajo como es debido.
– ?No sientes curiosidad por saber que hizo tu abuela?
– ?Que quieres que te diga? Si… pero no a cambio de que tu pierdas oportunidades.
6
Llegue a Roma aquella misma noche y me instale en el hotel d'Inghilterra, en el corazon de la ciudad, a pocos pasos de la piazza de Spagna y de la embajada espanola ante el Vaticano.
El hotel era carisimo, pero Ruth me lo habia aconsejado. No se si mi amiga lo utilizaba muy a menudo ya que su compania de
Cuando a la manana siguiente telefonee a Francesca Venezziani, consegui una cita para verla esa misma tarde. El profesor Soler habia hablado con ella recomendandome.
Puestos a llevarme sorpresas, la verdad es que tuve una bien grande al ver a Francesca: guapisima, alta, morena, de unos treinta y cinco anos y vestida de Armani, o sea que el traje de chaqueta que llevaba valia una pasta. Me recibio en su casa, un precioso atico en via Frattini, a pocos metros de mi hotel.
– Asi que esta usted investigando la vida de Amelia Garayoa…
– Era mi bisabuela -respondi a modo de excusa.
– ?Que interesante! ?Y que quiere saber que desconozca habida cuenta de que fue su antepasada?
– Aunque le parezca extrano, en la familia no sabemos nada sobre ella, desaparecio un buen dia dejandolos a todos plantados, incluido a su hijo de pocos meses, mi abuelo.
– Yo solo le puedo hablar de Amelia Garayoa en relacion con Carla Alessandrini. En realidad, su bisabuela solo
