me ha interesado en la medida que la gran Carla la trataba como a una hija.

– Si fuera usted tan amable de contarme todo lo que sepa, se lo agradecere.

– Hare algo mejor, le regalare mi libro sobre la Alessandrini. Usted se lo lee y si tiene alguna duda me llama.

– Me parece bien, pero ya que he venido a Roma, me gustaria no irme sin nada…

– Se va a ir usted con mi libro. ?Le parece poco?

– No, no, me parece estupendo, pero ?no podria contarme algo de la relacion entre Carla y Amelia?

– Le estoy diciendo que esta todo escrito en este libro. Mire, hay incluso algunas fotos de Carla con Amelia. ?Ve?, esta es en Buenos Aires, esta otra en Berlin, y estas en Paris, en Londres, en Milan… Y en el entierro de Carla, Amelia leyo un poema de despedida. Carla Alessandrini fue una mujer excepcional, ademas de la mas extraordinaria cantante de opera de todos los tiempos.

– ?Por que congenio con Amelia?

– Porque lo unico que Carla no habia tenido era un hijo. Lo sacrifico todo por su carrera, y cuando conocio a Amelia estaba en esa edad, pasados los cuarenta, en que las mujeres se preguntan que han hecho con su vida. Amelia hizo que aflorara en ella un fuerte sentimiento de proteccion; era la hija que habria podido tener, y la veia tan desvalida que, emocionalmente, la adopto. La protegio, la ayudo en distintos momentos de su vida, y nunca le pidio nada excepto lo que Amelia le daba, un inmenso carino, un afecto sincero. Carla le tendia siempre la mano cuando la veia a punto de naufragar. Se convirtio en un refugio seguro para Amelia, y Carla, que era una mujer generosa, nunca le hizo preguntas que no pudiera responderle. En el fondo no quena saber mas alla de lo que veia en la joven espanola.

– Y el marido de Carla, Vittorio Leonardi, ?que opinaba de esa relacion maternofilial?

– Vittorio era un caradura, buena persona pero un caradura muy guapo y simpatico ademas de listo. Era el manager de Carla, sabia cuidar de sus intereses, la mimaba hasta el infinito y la conocia muy bien. Sabia que en algunos asuntos era inutil oponerse a sus deseos. De manera que acepto con naturalidad a Amelia, de la misma forma que en otras ocasiones cerraba los ojos a las aventuras amorosas de su esposa. Vittorio tenia lo puesto cuando conocio a Carla y paso de ser un gacetillero que no llegaba a fin de mes a vivir rodeado de todos los lujos imaginables junto a una mujer a la que todos deseaban y adoraban. Paso del cero al infinito y nunca puso en juego su relacion con Carla; curiosamente el siempre le fue fiel.

– ?Y que opinaba Carla Alessandrini de Pierre Comte?

– Precisamente eso es lo que queria saber el profesor Soler cuando me telefoneo hace un par de anos; estaba preparando una reedicion de su libro sobre los espias sovieticos en Espana. Realmente me senti muy halagada de que una autoridad academica como Soler me pidiera mi opinion. Bueno, respondiendo a su pregunta, a Carla no le gustaba mucho Pierre Comte, y ayudo a Amelia cuando esta decidio romper con el. Creo que desconfiaba del frances, que por lo que he leido en los libros del profesor Soler, era nada menos que un espia sovietico. Desde luego Carla nunca lo supo, o al menos no hay ningun testimonio ni documento que nos haga pensar que lo sabia. En todo caso no simpatizaba con el, no porque fuera comunista, sino porque Amelia no era feliz; no se si sabra que Carla Alessandrini fue una mujer notable que ademas se mantuvo firme contra Mussolini y que no se recataba de despreciar a Hitler en publico. En una ocasion en que actuo en la opera de Berlin y Hitler quiso ir a felicitarla al camerino, Carla se nego a recibirle objetando un fuerte dolor de cabeza. Como comprendera, en aquel entonces nadie se atrevia a contrariar a Hitler por mucho que le doliera la cabeza. Lo que si sabia Carla es a que se dedicaria Amelia anos despues.

Y no porque esta se lo dijera, sino porque era una mujer inteligente.

– ?Y a que se dedico Amelia anos despues? -pregunte, mosqueado.

– ?Ah! Eso tendra que ir descubriendolo. El profesor Soler me ha dicho que tiene usted que ir paso a paso, que asi se lo han pedido a el. No se de que se trata, pero al parecer alguien quiere que sea usted el que junte el rompecabezas de la vida de Amelia Garayoa, que como ya le he dicho para mi tiene un interes relativo, puesto que el objeto de mis investigaciones ha sido Carla Alessandrini. Por cierto, ?le gusta la opera?

– No he ido en mi vida a ver ninguna, y si le soy sincero, no tengo ni un CD de opera.

– ?Una pena! Usted se lo pierde.

– ?Y como es que a usted le interesa tanto?

– Queria ser cantante, me imaginaba como una nueva Carla Alessandrini, pero… la verdad es que no tengo ni la voz ni el talento de ella ni de ninguna de las grandes. Me costo aceptarlo, pero decidi que si no podia ser la mejor entonces era preferible dejarlo. Estudie musicologia al tiempo que iba a clases de canto, y actue como parte del coro en tres o cuatro obras, por las que pase sin pena ni gloria. Mi tesis se centro en la figura de Alessandrini, investigando aspectos poco conocidos de su vida. El profesor que dirigio mi doctorado tiene relaciones con el mundo editorial, y estaba convencido de que mi tesis podia convertirse en un libro interesante. Y asi fue. Ahora me dedico a escribir libros sobre musica, pero sobre todo de opera, y colaboro en periodicos de medio mundo. He logrado ser alguien, que es de lo que se trataba. Bueno, ya lo sabe casi todo de mi, cuenteme ahora algo sobre usted.

– Soy periodista, sin trabajo a causa de los avatares de la politica. No se como seran las cosas en Italia, pero en mi pais si quieres escribir sobre politica o estas con la derecha, o estas con la izquierda o eres nacionalista de algo, o de lo contrario estas en el paro. Yo estoy en el ultimo caso.

– ?No es usted de nada?

– Si, me considero de izquierdas, pero tengo la mania de pensar por libre, y de no repetir las consignas de nadie, lo que me convierte en un individuo poco de fiar.

– No se crea que en Italia es muy distinto… Yo de usted me dedicaria a escribir de otras cosas que no fueran de politica.

– En eso estoy, lo malo es que ya me he creado fama de discolo y ni siquiera se fian de mi para escribir resenas culturales.

– Pues si que lo tiene usted mal.

– Si, la verdad es que si.

Francesca se apiado de mi y me invito a quedarme a cenar para seguir hablando de Carla y Amelia.

– Ellas se conocieron en una travesia hacia Buenos Aires. Digame, ?que paso cuando llegaron alli?

– Puede imaginarse el revuelo que se organizo en el puerto cuando el barco atraco. Decenas de periodistas esperaban impacientes a Carla Alessandrini. Ella nunca defraudaba a sus seguidores, de manera que bajo del barco envuelta en un abrigo de martas cibelinas agarrada del brazo de su marido, el guapisimo Vittorio. Se instalaron en una suite en el hotel Plaza, y durante los cuatro dias siguientes se dedico a participar en los ensayos, conceder entrevistas y acudir a algunos actos sociales. El embajador de Italia ofrecio un coctel en su honor al que acudieron todas las personas relevantes de la ciudad, asi como miembros del cuerpo diplomatico de otros paises, y por cierto, por indicacion de Carla, Amelia y Pierre tambien fueron invitados. Ya le he dicho que Carla no simpatizaba con el regimen de Mussolini, pero cuando viajaba al extranjero solia aceptar el homenaje que se le tributaba en todas las embajadas de Italia. Permitame insistirle en que ha de leer mi libro. Creo que el profesor Soler le ha recomendado que vaya a Buenos Aires para hablar con el profesor Muinos y, en mi opinion, entre lo que le cuente Muinos y lo que lea en mi libro, podra escribir su propio relato.

Acepte la propuesta de Francesca.

Mi madre me desperto a las ocho de la manana sacandome de un sueno profundo.

– ?Pero mama que no son horas…! -proteste.

– Es que no puedo dormir pensando en ti. Mira, hijo, creo que debes terminar con esa tonteria de investigar el pasado de la abuela. Por muy interesante que resulte, lo que no puede ser es que estes perdiendo tu carrera.

– ?Que carrera, madre?

– ?Vamos, no seas cabezota! Eres muy orgulloso y crees que los demas tienen que llamar a tu puerta, pero las cosas no funcionan asi, de manera que no te queda mas remedio que ir a llamar a la puerta de las empresas para encontrar trabajo.

– ?Son las ocho, estoy en Roma, me he acostado tarde y te he explicado mil veces que me duelen los nudillos de tanto llamar a la puerta de las empresas!

– Pero hijo…

– Mira madre, ya hablaremos, ya te llamare luego.

Colgue el telefono malhumorado. Mi madre no me daba ni un respiro a cuenta del trabajo. Decidi irme ese mismo dia a Buenos Aires, alli al menos me llamaria menos dado el coste de las llamadas transoceanicas.

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